¿Nacionalismo o estrategia política?
Miguel Leal Cruz
La defensa de lo propio, de lo más cercano y
sus problemas (dentro de lo universal), el afecto por nuestra peculiar forma de
ser, por nuestros ancestros rememorando penas y alegrías, el vario patrimonio
cultural heredado por nuestro nexo y protagonismo como puerta histórica hacia
América que fuimos, se le llama nacionalismo (no sólo en Canarias sino en
territorios con características humanas propias en cualquier tiempo y lugar). Sólo
se ha de leer la historia de las naciones (con o sin soberanía) que conforman
la ONU hasta hoy y lo entenderá cualquiera.
Sin embargo, existen canarios
inmersos en esta definición que por estas fechas de fuerte convulsión electoral
acusan al nacionalismo reivindicativo o cultural, representado por CC-PNC, con
la excusa o pretexto de perseguir fines diferentes a los que representa el
socialismo canario o la derecha económica. Por tanto vamos a sustituir el
referido término (tan antiguo como las sociedades humanas desde su origen)
por el de estrategia política que suena mejor y así poder justificar
plenamente que lo que se dilucida el domingo [27-05-2007] es de lo más normal
y del más puro sentido común... (acerto
muy conocido, ahora).
¿Por qué se hace uso de dicha
estrategia como fin necesario para esta tierra atlántica y en beneficio de los que en ella habitan? A todos. Elemental querido Watson. Ya se ha dicho que cualquier enfoque doctrinario
que parta de diversas posiciones, unas las llamadas centralistas, otras
centristas, regionalistas o nacionalistas, nos conducirán inevitablemente a
una referencia común que (salvo ciertas observaciones intransigentes) constituyen
un hecho cierto y cuantificable para ser aplicado a nuestro territorio:
Canarias es diferente.
Este carácter le viene dado
por la historia, la geografía, la economía, la cultura y el derecho. Territorio
este que como sociedad es consecuencia del hecho histórico de la expansión
colonial de los siglos XV y XVI sobre pueblos sometidos pero no exterminados y en
consecuencia aculturados hasta
relativamente hoy.
El factor geográfico se
aprecia desde su misma obviedad en cuanto proximidad al continente africano y su
conformación en islas que influye considerablemente en el comportamiento
humano (de algunos) y social produciendo el insularismo.
El hecho económico específico
está claramente determinado tanto en su particular comercio exterior con América (y con Cádiz), como en la implantación
de franquicias en 1852 (Puertos Francos) ampliadas en 1870, confirmadas en 1900
y en los últimos acuerdos con la Unión Europea, que a su vez proporcionan el
factor jurídico diferencial de España, consecuencia de todos los anteriores
ahora ampliados.
A estas especificidades
económico fiscales, hay que añadir el factor insular frente al peninsular o
continental, conformado en la creación de la Ley de Cabildos Insulares de
1912, que merman la toma de conciencia regionalista o nacionalista, aspecto que
se agrava con la división provincial de Canarias por Decreto en 1927.
Desde el siglo XIX Canarias depende exclusivamente de la dinámica
sociopolítica de las decisiones que toma el gobierno desde Madrid, situación
que se complica por los conocidos conflictos (burgueses) entre las dos islas
centrales, constituidas en bloques de poder político y económico. Todo este lamentable
proceder ajeno al canario mayoritario y menos pudiente (subordinado al poder
caciquil) conduce a un insularismo insolidario para
alejarse en aquellos momentos de cualquier alternativa de autonomismo y menos aún
nacionalista. El origen aparece en el acuñado como pleito insular que
surge a propósito de la Guerra de Independencia contra la invasión francesa
(1808-1813) que crea en la Laguna la Junta Suprema de Canarias, suscitando el
recelo cabildicio de Gran Canaria. En la Constitución
liberal de Cádiz se pretende que la capital de la provincia de Canarias fuera
Santa Cruz de Tenerife, lo que agrava aún más aquel litigio inicial. Se
convertirá en auténtico conflicto insular al confirmarse en Cortes de 1823 la capitalidad
en Santa Cruz. En 1852, para superar el problema, se divide a Canarias en dos
distritos económicos y administrativos (dictamen de Bravo Murillo), base para
la división provincial que tendrá lugar bajo la dictadura de Primo de Rivera
en 1927. ¿Esto lo conocen los votantes, ahora?
De ahí hacia acá pleito y más
pleito con grave perjuicio para los canario hasta el punto que los gobiernos
del Estado español lo ha potenciado siempre (hasta ahora mismo) para ahogar
cualquier planteamiento reivindicativo del tipo que sea, incluso económico o de
infraestructuras... ¿o no? No obstante en la plena consolidación democrática de
España (tras vejatoria dictadura de 40 años), bajo el lema El derecho a
construir Canarias por nosotros mismos, en Bajamar de La Laguna, se consolidaría
el resurgir del auténtico nacionalismo que esta región uítraperisférica necesita.
(O sea el avance de dicha estrategia política como ya se ha visto desde 1993
cuando es defenestrado Jerónimo Saavedra).
Entre los meses de mayo y
junio de 1982 tuvo lugar el Congreso Constituyente del renovado Partido Nacionalista
Canario, basado en los principios ideológicos de aquel que se fundaría en La
Habana (Cuba) el 30 de enero de 1924 por auténticos canarios poseedores de
suprema dignidad. Formó parte de las AIC con relevantes figuras que nadie puede
obviar: Victoriano Ríos, Bernardo Cabrera, Juan Pedro Dávila... y más tarde
Díaz Llanos Guigou o el propio García Ramos...,
partido histórico hoy felizmente reintegrado en CC y en cuyo proyecto electoral
participa como único nacionalismo actualmente viable necesario para estas Islas,
que así superan su nefasta historia pasada. Esto sí que es de sentido común...
con el de todos los canarios y afincados, claro.