¿NACIONALISTA O AUTONOMISTA-REGIONALISTA?

 

Ramón Moreno

 

¡Es que no es lo mismo! ¡Naturalmente! Por ello, terminaba mi artículo anterior, “Relevo en el Paraíso” [1], con el gran interrogante: ¿cómo se puede compatibilizar el fundamentalista “nacionalismo español“ del PP, con el supuesto “nacionalismo canario” de CC ?

 

La pregunta, no es, obviamente, una cuestión baladí. Máxime, cuando un significativo diario tinerfeño, que ahora editorializa sobre una “sui géneris” soberanía  para Canarias; decía el pasado día 13, que el flamante presidente del Gobierno autonómico (que no autónomo, insisto), Paulino Rivero, “era el máximo exponente del nacionalismo canario”. Dogma de Fe”, que no se sostiene, por mucho que se “pontifique” sobre el particular.

 

Y a pesar de que ya me he pronunciado hasta la saciedad sobre este tema (ver lo último publicado:”¿Qué es del nacionalismo canario?, I, II, y III, no puedo permitir bajo ningún concepto, que se siga engañando a nuestro pueblo, haciendo “ comulgar con ruedas de molino”. Y que sean los propios medios de comunicación canarios, quienes sigan “certificando” el pseudo nacionalismo de Coalición Canaria  (pese al “añadido” de las siglas históricas del PNC), dando pábulo e insistiendo en ello, confundiendo gravemente y a propósito, a la mayoría de los canarios.

 

Es del todo punto inadmisible y, por tanto, reprobable, que la prensa de Canarias, lejos de informar imparcial y verazmente a sus lectores, siga informando creando opinión; contraviniendo sistemáticamente, el principio ético y deontológico, de que “la información está reñida con la opinión”. ¡Es la abyecta y perniciosa “opinión publicada”, que sustituye subrepticiamente a la denostada e ignorada “opinión pública”. ¿Qué ha sido del “cuarto poder”, atribuido a la prensa libre que defendía a ultranza a los ciudadanos, y se oponía frontalmente a los excesos y arbitrariedades de los tres poderes tradicionales que propugnara Montesquieu, Ejecutivo, Legislativo y Judicial?

 

Cuando  ese  periódico señala que el señor Rivero (y por extensión CC/PNC), “profesa” una “confesión nacionalista”, ¿a qué clase de “nacionalismo” se refiere?. ¡Porque ese, precisamente, es el nudo gordiano de la cuestión! ¡Aquí ya no caben más eufemismos, ni giros lingüísticos, ni subterfugios dialécticos, ni constitucionalismos impuestos! ¡O se es nacionalista, que viene de Nación (no de “nacionalidad”); o se es -legítimamente-, autonomista, regionalista, o peces de colores! ¡Al pan pan y al vino vino (por supuesto, canario, con denominación de origen).

 

Reitero, que el engañoso y fraudulento término, “nacionalidad”, acuñado por los “padrastros de la Patria”, en la Constitución española de 1987, para “acomodar” en el texto constitucional, a los llamados “nacionalismos históricos”; es, en si mismo, una aberración jurídica del concepto de nacionalismo. Una perversión semántica del vocablo, y un deleznable propósito de desvirtuar la naturaleza y la propia esencia del  nacionalismo. Que, repito, viene de Nación, como “tabaquería viene de tabaco” (como dijera el extinto compatriota, Juán Valiente Marrero, q.e.p.d.); y su concepción, es consustancial con independentismo. O sea, un nacionalista, en este caso, de la Nación Canaria, aspira, como objetivo supremo, a que nuestro Archipiélago sea un Estado libre y soberano. ¡Así declaro y diáfano! ¡Todo lo demás, se diga lo que se diga, es puro folklorismo!

 

¿Que “boutade” es esa de “nacionalismo constitucional”, o “nacionalismo no excluyente”? Es una monumental falacia, la virtual dicotomía de “nacionalismo independentista”, lo que es una obviedad; y “nacionalismo no independentista”, lo que es una colonialista pretensión de la metrópoli, España.

 

El verdadero, el auténtico, el identitario Nacionalismo Canario -del que están  a años luz, el señor Rivero, sus correligionarios de CC, el mismo descafeinado PNC, y la pléyade de “patriotillas” que pululan por toda nuestra  geografía- viene de la Nación Canaria; y hunde sus  profundas raíces en la enorme dimensión antropológica de éste, como fuerza natural y motriz que está presente en los comportamientos humanos, cuando mujeres y hombres se identifican con su tierra, sus gentes, sus costumbres y su historia; componentes inequívocos e indisociables, de las señas de identidad de un pueblo. Una especie de simbiosis natural, que ha estado presente en los procesos emancipadores de todos  los pueblos del mundo; y que en Canarias cobra especial relieve y significación, por cuanto existe un evidente y anacrónico hecho colonial, ¡que un nacionalista no puede soslayar!

 

Habida cuenta, de nuestra decimonónica condición de “territorio nacional español” en el continente africano; entelequia político-jurídica, absolutamente inconcebible en pleno siglo XXI, y que la legalidad internacional no ampara hoy en día.

 

Por consiguiente, en pura ortodoxia nacionalista, aplicada a la praxis política, el nacionalismo canario pasa, necesaria e indefectiblemente, por el reconocimiento expreso y explícito, sin tapujos, ni eufemismos al uso, del hecho colonial canario; como principio inexcusable de toda acción política, que persiga, como objetivo irrenunciable, el ejercicio del derecho inalienable e imprescriptible del pueblo canario a la libre autodeterminación, y a disponer de los recursos naturales de nuestro territorio (petróleo y/o gas incluidos).

 

Ello requeriría, previamente, la negociación con España del inaplazable calendario de  descolonización de nuestra tierra;  al que hay que poner ya ¡manos a la obra. Esa sería, sin duda alguna, la “Hoja de Ruta” que necesita Canarias.

 

¿Si no, de que soberanía estamos hablando, señor editorialista?

 

rmorenocastilla@hotmail.com

 

Canarias, julio de 2007

 

[1] Relevo en "El Paraíso"