Entrevista
a W., funcionario del gobierno de Estados Unidos (*)
El
narcotráfico como arma de dominación
Marcelo
Colussi y Ramón Martínez
"El
narcotráfico es un arma de dominación” que nos permite golpear donde
necesitemos hacerlo"
W., 54 años, funcionario del Departamento de Estado de
Estados Unidos. Asesor para
Traducción directa del inglés por los autores.
Pregunta: ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos
insiste tanto con el problema de las drogas ilegales, o mejor aún, en el
combate contra el tráfico de esas drogas?
Respuesta de W.: Porque esa es una verdadera prioridad
para nuestros intereses estratégicos, tantos los actuales como los de un futuro
a medio plazo. No es cualquier tema: le aseguro que es un tema de alta
prioridad. En eso se juega buena parte de nuestro proyecto como nación.
Pregunta: ¿Pero por qué es tan importante?
Respuesta de W.: Pues porque eso nos brinda una
posibilidad perfecta para actuar. El tema, en sí mismo, es ya de por sí muy
sensible. Casi me atrevería a decir que es más bien "sensiblero". Lo
es ya en forma natural, y por supuesto lo será mucho más si lo sabemos
manipular convenientemente. Y por cierto, de esto no me caben dudas: lo hemos
sabido manipular. Desde hace ya muchos años, yo diría que como unos treinta, lo
hemos instalado, tanto en nuestro país como en todo el mundo, como un problema
importante. Es cierto que a nadie le gusta convivir con un drogadicto. Es lo
mismo que un alcohólico: son personajes un poco irritantes, molestos. Si a eso
se le suma una buena campaña para satanizarlos, se pueden conseguir resultados
fabulosos. Con la droga lo hemos logrado, por supuesto que sí. Buena parte de
la gente está tocada por este tema, con una mezcla de sentimientos: asustada,
espantada, preocupada. A nadie le gustaría tener un hijo drogadicto, ¿verdad?
Un drogadicto produce cierto escozor, digámoslo así. Por tanto, todo el mundo
se cuida en esto. Hay un sentimiento de temor y al mismo tiempo de rechazo.
Bueno, eso nos sirve.
Pregunta: ¿Les sirve? No está claro; ¿en qué sentido
sirve? ¿A quién y para qué sirve?
Respuesta de W.: Bueno, hablemos claramente. En el
mundo hay mucha gente que consume drogas ilegales. ¡Muchos! En los países
ricos: nosotros y Europa, hay millones de gente que consume. Al menos una vez
en su vida es probable que casi un tercio de toda la población mundial en
alguna ocasión haya probado alguna droga ilegal. La marihuana, ya lo sabemos,
es lo más fácil, lo más habitual. Es sencillo conseguirla, no es tan dañina,
hasta da cierta categoría. En ciertos ambientes, que no son pocos, es casi una
obligación fumarse de tanto en tanto un cigarrito de marihuana. Y el éxtasis ya
se ha popularizado bastante también. Las drogas más fuertes, la cocaína y la
heroína, eso ya es palabra mayor. Pero, seamos francos: se consumen mucho
también. Pero, miren, les voy a decir algo: todo esto lo tenemos bajo control.
Sabemos con bastante precisión cuántos drogadictos podemos permitirnos, hasta
dónde tensar la cuerda. Un puñadito -porque, en definitiva, eso son- nos es funcional. Si se nos fuera de las manos y todo
el mundo se volviera consumidor compulsivo, ahí sí que tendríamos un problema.
Pero eso no sucede. Nuestros muchachos saben bien cuánto distribuir. Necesitamos
unos cuantos que queden pegados, para asustar con eso. Hoy día cualquiera sabe
lo que es un drogadicto y lo que eso significa. Pero necesitamos muchísimo más
que se le haya perdido el miedo a las drogas y que todos quieran permitirse
algún consumo por ahí. Es como tomarse un trago: no todo el mundo es alcohólico
crónico, pero sí todo el mundo se echa su cerveza o su whisky.
A los fabricantes de alcohol eso les viene muy bien. Bueno, con la droga pasa
otro tanto: da dinero, mi amigo. ¡Da mucho dinero! Pero además -eso es lo que
más me interesa a mí como funcionario público, visto que no soy un magnate
banquero- lo más importante es que permite desarrollar nuestros planes de
control social global.
Pregunta: ¿En qué sentido es un plan de control
social?
Respuesta de W.: Me explico. Las poblaciones, lo
sabemos, deben estar vigiladas, controladas. Se necesita ejercer un poder
continuo, porque la gente no se puede autogobernar. Todas esas ideas de poder
popular, de autogobierno, etc., etc., ya sabemos que son puras quimeras. La
experiencia ha demostrado fehacientemente que los regímenes comunistas que
tuvieron lugar el siglo pasado fracasaron todos. La gente no sabe ni puede
gobernarse por sí misma. Es ahí donde entramos nosotros. ¿Para qué están los
gobiernos si no? Nosotros, el gobierno de los Estados Unidos de América, la
primera potencia del mundo, con la economía más fuerte del mundo, el primer
poder militar del mundo, tenemos la obligación de velar por el orden
planetario. Y para eso es que implementamos distintas medidas. No importa que
lo que se diga sea cierto o no: mentiras piadosas, podríamos llamarlas. Es como
con los niños: ellos creen en Santa Klaus. Sería
cruel quitarles esa ilusión. Si ellos creen en esa historia, si eso les sirve
para crecer, para estar felices, ¿por qué habríamos de quitárselo? Quiero
decir: los que mandan, los padres en este caso, siempre necesitan una cuota de.. ¿cómo decirlo?, de mentira
piadosa para llevar a los hijos por el buen camino. Lo mismo sucede, salvando
las distancias, con los grandes poderes: hay que saber ingeniárselas para
controlar positivamente a las grandes masas. Los emperadores de la antigüedad
lo hacían con el látigo. Hoy somos más civilizados, y para eso tenemos todo un
arsenal de recursos técnicos infinitamente más sofisticados. Entre esas cosas,
hoy tenemos los medios de comunicación. Y gracias a ellos, entonces, podemos
desarrollar esto del narcotráfico. Con eso controlamos. Con-tro-la-mos. ¿Está claro? Las poblaciones deben ser controladas,
llevadas de la mano. Hay que decirles por dónde ir. Pero el arte consiste en
hacerlo sin que la misma población lo sepa, sin que se dé cuenta que está
siendo conducida. Un francés, Paul Valery, dijo algo
muy inteligente: "la política es el arte de evitar que la gente tome parte
en los asuntos que le conciernen". Es como con los niñitos. Se creen lo de
Santa Klaus, y hasta quedan contentos con eso. Y
cuando lo descubren ya de más grandes, no se enojan por haber sido engañados;
porque en realidad, no fueron engañados. Al contrario, reconocen que eran una
necesidad, hasta agradecen. La gente, entonces, necesita ser guiada.
Pregunta: Usted habló de "control social",
que no es lo mismo que "guiar". ¿Podría explicarnos un poco más
detalladamente esto? ¿Por qué hay que "controlar" a la gente?
Respuesta de W.: Porque la gente sola está demostrado
que no sabe comportarse. En cualquier país sucede lo mismo: si un día, por el
motivo que sea, no hay policía, comienzan los desmanes, los saqueos. Si un día
se descomponen los semáforos, las ciudades se vuelven un caos. Alguien tiene
que guiar, ordenar, conducir. Eso es el control social. Para eso trabajo yo y
mi agencia. Desde hace años yo vengo haciendo ese trabajo: me encargo de evitar
estallidos sociales, de mantener a la gente bajo control. Y esto de las drogas
nos viene como anillo al dedo. Como le decía hace un instante, hay empresarios
que hacen muchísimo dinero con esto. Como se dijo alguna vez: "si es bueno
para
Pregunta: Pero el consumo de drogas, ¿es realmente un
peligro, o no? Usted decía que lo tenían bajo control.
¿Por qué dice ahora que los narcotraficantes
constituyen un peligro, son el enemigo?
Respuesta de W.: Tienen razón, creo que no fui lo
suficientemente claro. Me explico mejor: hemos montado, fundamentalmente a
través de los medios masivos de comunicación, y Hollywood
nos fue fantástico para esto, un cierto temor a las drogas. Pero con eso, al
mismo tiempo, las hemos colocado como una realidad de estos tiempos. Nos guste
o no, todos tenemos que vérnosla con las drogas. Así logramos que sea un
producto más a consumir. Es decir, primer objetivo cumplido: una mercadería más
que da dólares, como cualquier producto que se mercadea y se impone, sean
televisores, carros, zapatos o leche malteada. Pero con eso se anuda el segundo
objetivo, que es lo que hemos logrado imponer pacientemente gracias a un
acabado trabajo de goteo. Es decir: hacer ver las drogas como el producto de
unas mafias tenebrosas que nos meten un virus venenoso. ¿No sé si me logro
hacer entender? Las drogas son una porquería, pero si se consumen: tanto mejor.
Bienvenido el consumo. Con las drogas nunca va a haber estallidos sociales, que
es de lo que yo me tengo que ocupar. Ojalá no sean nuestros hijos las que las
consumen, claro. Pero alguno las va a comprar. Lo importante, al menos en lo
que a mi trabajo concierne, es conectar el campo de las drogas con el delito,
con el crimen. Se trata de hacer ver que tras las drogas ilegales -que seguirán
siendo ilegales, por supuesto, porque si no, se nos termina el negocio- las
drogas ilegales, entonces, deben presentarse como la consecuencia de unos
delincuentes peligrosísimos que se constituyen en un peligro social y contra el
que nosotros, como gobiernos, como padres de familia, como buenos ciudadanos,
estamos obligados a actuar. ¿Quién podría oponerse a eso? La coartada es
perfecta: si mi hijo se vuelve drogadicto, la culpa la tienen estos mafiosos
del demonio de Colombia, o de México, o de Afganistán, que nos mandan estos
venenos. Conclusión: hay que actuar contra esos delincuentes internacionales. Y
actuar con fuerza, con mucha fuerza. Hay que montar una gran campaña para
mostrar que esos criminales andan sueltos y representan un monumental peligro
para la civilización, así como antes lo fueron los rusos, o los chinos de Mao. ¿Me entiende? La gente se termina creyendo cualquier
cosa, y si se trata de temas sensibles como la seguridad de los hijos, está
dispuesta a aceptar lo que sea. Pablo Escobar dijo alguna vez: "no soy de
Medellín, Medellín es mío". Quizá él mismo se lo creyó, y hasta llegó a
ser cierto en parte. Estos mafiosos tienen, sin dudas, una considerable cuota
de poder. Pero nosotros, el verdadero poder del planeta, necesitamos unos
cuantos Pablo Escobar por allí, unos cuantos Arnoldo Noriega, para montar
nuestros planes. Seguro que estos tipos son unos hijos de puta. Pero, como dijo
Roosevelt refiriéndose a Somoza
en Nicaragua, "son 'nuestros' hijos de puta". Podemos militarizar el
mundo completo para apresar a esos monstruosos delincuentes. ¿Para qué
invadimos Panamá en 1989? Para extraditar a este peligro andante, este hijo de
puta de Noriega. ¿Me entienden? ¿Qué nos posibilita un hijo de puta como
Escobar en Colombia? Muy fácil: el Plan Colombia. Es decir: hemos logrado hacer
creer que estos malandrines, tal como ustedes me lo preguntan, son el enemigo.
¡Entiéndanlo, muchachos! Ese es el montaje. El peligro sigue estando en la
gente, en las masas, en esos niñitos que son los pueblos y que no pueden andar
si no es con el apoyo nuestro, de los predestinados. Mi trabajo consiste en
eso: en tener tranquilitos, maniatados, bien ordenaditos a los millones de
personas que andan por ahí. ¿Quieren que se los diga de otra manera? Mi trabajo
y el de mi equipo, desde esta oficina gubernamental que dirijo, consiste en
mantener bien controlada a la gente. Por eso usamos el argumento del
narcotráfico.
Pregunta: ¿No le parece un poco cínico todo esto? ¿No
es, en efecto, una monstruosidad inventar todo esto para controlar a la gente?
Respuesta de W.: Miren, si venimos con esos pruritos
de moralidad, no entendemos nada. ¿Para qué creen que están los gobiernos?
¿Para gobernar para el bien de todos? ¡No seamos ingenuos, muchachos! Me
permito citar palabras de ese comunista que fue Lenin, el cabecilla de la
revolución bolchevique. ¡No vayan a creer que soy comunista!, por favor. Pero
creo que vale la pena citarlo, porque realmente da en el clavo. El decía, en un
libro de 1917, escrito un tiempito antes de la revolución comunista, un libro
que se llama "El Estado y la revolución" que "el Estado es el
producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase".
Brillante concepto. El Estado, la maquinaria estatal está para defender a una
clase. Que luego se haga creer que es para todos, que vela por el bien público,
etc., etc., ese es nuestro trabajo, los que inventamos estos programas para
tener tranquilita a la gente. Los gobiernos -y mucho más que nadie el gobierno
de los Estados Unidos de América, el país más poderoso de la historia- los
gobiernos están para administrar. y para defender a
los poderosos. ¿Para quién creen que trabajo yo: para las compañías
multinacionales o para los sindicatos? ¿Para
Pregunta: ¿Pero no le remuerde la conciencia hacer
esto?
Respuesta de W.: ¿Remorderme la conciencia? Y. ¿por
qué? Si para hacer todo esto me pagan. Y les aseguro
que no me pagan nada mal. Este es mi trabajo, y más bien me siento orgulloso de
él.
Pregunta: ¿Y qué diría si su hijo sale drogadicto?
Respuesta de W.: Ah. sería
triste, ¿no? El que se hace consumidor crónico se jodió, es muy difícil salir
de eso. Tengo dos hijos adolescentes, un varón y una mujer, y siempre les digo
que no consuman, que sean responsables. Creo que lo mejor es hablar mucho con
ellos. Soy un buen cristiano.
_________
(*) Esta entrevista es una docu-ficción
que representa el pensamiento político de la estrategia global del gobierno
estadounidense. Por ser justamente una ficción, no se le realizó concretamente
a ninguna persona en especial sino que se armó a partir de elementos
reconstruidos, documentos y declaraciones varias. Pero muestra a cabalidad los
mecanismos del poder con que se mueve