La negación del Holocausto
Juan Jesús Ayala
Hace días fue condenado a tres años de prisión el historiador británico David Irving por haber violado una ley austríaca de Prohibición de Apología del Nazismo. Esta ley que se ha esgrimido para imputarlo de un delito que data de 1947 lo que nos parece una aberración no sólo histórica sino esperpéntica y que gira a que no se puede negar la evidencia, en este caso el Holocausto del pueblo judío propiciado por los nazis. Después del tiempo transcurrido, la verdad, huele a chamusquina que se ponga en vigor esta ley con toda contundencia y ejemplaridad para condenar a alguien, en este caso al historiador citado.
¿A qué viene esto? ¿Qué se pretende en estos momentos en que se habla de viñetas y mofas sobre la figura de Mahoma y de las muertes ocasionadas por este motivo? ¿Detrás se esconderá algo más que una simple reprimenda? Y más sospechoso se hace aun cuando las opiniones de Irving fueron vertidas en Austria hace 17 años. Retroceder en la historia para condenar y asumir un fenómeno sociológico que se considera superado en su veracidad es de una torpeza alarmante o cuando no de una intencionalidad política perfectamente calculada.
Son interrogantes que quedan ahí para la reflexión; por mi parte me inclino en reseñar que, efectivamente, lo que prima en airear este acontecimiento es una intencionalidad política perfectamente calculada. O sea, sacar de contexto el conflicto que enfrenta también desde años al pueblo árabe y al pueblo judío. Un conflicto entre religiones junto a apetencias territoriales que condiciona que palestinos e israelitas caminen por senderos paralelos, sin lograr un punto de encuentro.
Y este conflicto se alienta desde un parte y otra. Desde Occidente donde los EEUU no deja de ejercer su influencia en el pueblo judío al que apoya descaradamente haciendo caso omiso a las resoluciones de Naciones Unidas de 1947 para el reparto territorial dado que Israel es la plataforma de guerra precisa para defender sus intereses en Oriente Medio y más allá puesto que fue considerado importante como poder militar consolidado cuando en la guerra de los Seis días derroto a los árabes en las arenas del Sinaí. La banca judía, la intelectualidad judía en un muy alto porcentaje está conviviendo en los EEUU, desde esa fecha apostaron decididamente por asentar y reafirmar ante los árabes el estado de Israel.
¿Y qué tiene esto que ver con el Holocausto? El Holocausto hay que situarlo ante la opinión mundial como un referente de lo que no debería hacerse nunca más con ningún pueblo de la tierra. Hay que trasmitir a la conciencia mundial el sufrimiento de un pueblo y que ahora pretende sobrevivir ante los ataques de los terroristas palestinos de Hamas. Y además, hay que mirar para otro lado ya que las muertes de diez millones de personas producidas en el Congo Belga en el periodo de 1897 a 1911 no tenían importancia y lo mejor para ellas era el silencio histórico como así se hizo; lo mismo con los desaparecidos en Camboya o en Guatemala, o en Timor. Esos holocaustos son menores. Sólo tiene que prevaler uno sobre los demás: el del pueblo judío; que dicho sea de paso con los palestinos están perfeccionando lo que Hitler hizo con ellos.
Y por otra parte está, concretamente Irán que se ha alineado con los ultra conservadores europeos y el islamismo antisionista, de ahí que el presidente iraní Mahmud Almadineyad haya manifestado que considera la verdad sobre el holocausto un puro mito. Están convencidos que el holocausto es una invención y poco más.
Pues en esas estamos. Jugando con los muertos y con la historia. Unos por su lado y otros por el suyo. Y en el centro las políticas desviacionistas también de unos y otros. Irán quiere enemistarse con los EEUU porque los aprieta cuestionando su programa nuclear. Y los EEUU a través de Israel quiere meter baza para que sea justificativo todo lo que este pueblo le hace al palestino. Y así de esa manera salvar lo que no tiene salvación alguna en la historia.
Pero ni los EEUU ni Israel pueden presentarse ante la opinión mundial con la cara lavada porque en estos momentos son países que violentan leyes internacionales con el máximo desparpajo y mortifican descaradamente la convivencia de pueblos por lo que les viene muy bien sacar del baúl de la historia cuestiones viejas para entusiasmar y desviar la opinión haciendo que se mire para otro lado cuando la realidad nos dice, y no se cansa de hacerlo, que algo huele a podrido y no solo en Dinamarca.