El negocio de la guerra*

Sabino Cuadra Lasarte *

Pasadas las navidades, las melodías celestiales de los villancicos ceden su lugar al ritmo monocorde de los tambores de guerra. A la búsqueda de su Maligno de turno (ayer Bin Laden, hoy Sadam Husein), Bush, como Herodes en su día, planifica una nueva matanza de inocentes. La de ahora, que dura ya más de diez años, ha dejado en Irak un reguero de muerte de más de un millón de personas, niños y niñas en su mayoría.

Pero Bush-Herodes quiere más. Mil veces se ha señalado, acertadamente, que la razón principal de la guerra contra Irak no es sino la de garantizar por parte de EEUU el acceso, control y explotación de sus reservas de petróleo. Sin embargo, esta no es la única razón a considerar. También cuentan, y mucho, los intereses de la industria armamentística yanqui.

Alguien tan libre de sospecha como el general Eisenhower, vencedor en la II Guerra y posteriormente presidente de EEUU, advirtió de lo siguiente: «Tres millones y medio de personas participan directamente en las instituciones defensivas de EEUU. Nuestros gastos anuales en seguridad militar superan los ingresos netos totales de las empresas de EEUU. La combinación de una inmensa estructura militar y una gran industria armamentística es una experiencia nueva. Su influencia global-económica, política e incluso espiritual se hace notar en todas las ciudades, en todas las cámaras legislativas y en todos los órganos del gobierno federal. No podemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro las libertades ni los procesos democráticos».

Quizás fue un discurso para la galería, quizás no. En cualquier caso, es indiscutible que quien esto dijo sabía de qué hablaba. A pesar de ello, no parece que los consejos de Eisenhower hayan sido tomados en consideración por sus predecesores. Mucho menos aún por Bush, quien está incrementando fuertemente el peso de todo ese conglomerado. En 2002, el presupuesto de defensa de EEUU ha sido de 339.000 millones de dólares, y para 2007 será de 451.000 millones (un 30% más). Un gasto mayor que todo el presupuesto militar de Rusia, China, Alemania, India y Francia juntas. Además, con la aprobación del proyecto «guerra de las galaxias» y el despliegue de misiles por todo el mundo, este gasto crecerá mucho más. Cuentan para ello con bases militares ubicadas en 100 de los 187 países que forman hoy parte de la ONU.

El complejo militar-industrial estadounidense tiene sus propios intereses. Su producción militar es, aproximadamente, la cuarta parte del producto nacional bruto de EEUU. Es decir, su economía se asienta en gran medida en la producción de armas; o lo que es lo mismo, en la creación de guerras. Las armas que matan en el Sur se fabrican en el Norte; o sea, los países pobres ponen los muertos y los ricos se llevan los beneficios. Lo corrobora la Bolsa de New York, que suele acompañar con una fuerte subida de valores el inicio de las guerras en las que participa EEUU. Sin guerras en las que participar ni armas para vender, la economía yanqui se iría a pique en pocas semanas.

Desde sus propios orígenes, la esencia misma de ese país ha estado ligada a la guerra y al expolio. Guerra de exterminio contra la población india, única propietaria legítima de aquellas tierras. Guerra de conquista contra México, al que arrebató la mayor parte de sus territorios. Guerras e invasiones por toda América Central y del Sur, ahogando en sangre regímenes progresistas y apoyando todo tipo de dictaduras. Guerras «anticomunistas» (Corea, Vietnam), «humanitarias» (Balcanes), «preventivas» (Irak): guerras, guerras, guerras...

Y en todas ellas tanto monta, monta tanto, la defensa de los intereses de las grandes multinacionales yanquis ha ido cogida de la mano de la necesidad de alimentar ese monstruo que, desde sus orígenes, anida en el corazón de los EEUU: su industria armamentística, su cultura belicista.

La agresión sobre Irak es una de las más gratuitas que uno recuerda. Los intereses en juego son mezquinos, las razones aducidas para atacar rezuman falsedad por todos lados, la prepotencia yanqui no tiene límites, la desvergüenza internacional (ONU...) clama al cielo. Todo ello viene además precedido de un bloqueo que, como ya se ha dicho, ha producido más de un millón de muertos por enfermedades derivadas de la malnutrición resultante, falta de medicamentos, debilitamiento de las redes sanitarias...

La guerra está llamando ya a nuestras puertas. La fría calavera de la muerte masca chicle americano mientras espera impaciente el pistoletazo de salida. Se ponen a punto los últimos modelos de misiles, ansiosos por superar la prueba del algodón de una guerra de verdad. De su capacidad y eficacia destructiva dependen importantes pedidos comerciales. La ONU, guardián de la paz mundial, prosigue con su paripé mientras termina de deshojar la margarita de su complicidad: ¡es tan difícil decidirse entre mirar para otro lado o dar cobertura a la agresión! En un sentido similar, la Unión Europea y Rusia, a la espera de saber cuál es la parte del botín petrolero que vaya a corresponderles en el reparto, dudan con respecto al tamaño del apoyo a dar.

Hace tan sólo seis meses, cuando la UE celebró sus cumbres en el Estado español, cientos de miles de personas nos movilizamos «en contra de la Europa del capital y la guerra». Bastantes más lo hicieron meses después en Florencia en el I Foro Social Europeo. Hacer frente a esta guerra, frenarla, pararla o combatirla si llega a darse, es tarea de todos y todas. No solamente por razones pacifistas y antimilitaristas. Se trata de entender que lo que está en juego es también el inicio de una degradación en cadena de lo que debe ser el sometimiento de los estados y los gobiernos al imperio de la ley y de respeto de los derechos humanos y libertades democráticas, que ya lo dijo Eisenhower. En este sentido, a nadie se le oculta que la política de Aznar (ilegalizaciones, reformas penales) y los despóticos autos de Garzón se asientan en buena medida en este clima de impunidad existente a nivel internacional.

No hay excusas para no sacar de nuestro tiempo una, tres, diez... las horas que hagan falta, para manifestarnos contra la guerra y expresar nuestra protesta en la calle, en nuestros centros de trabajo... Sólo nosotros y nosotras podemos hacerlo. La guerra no la pararán nuestros gobernantes. Ellos están interesados en que esta vergüenza llegue a hacerse realidad. Así de claro.

* [PERO LA GUERRA NO SE PARÓ A PESAR DE LA FIRME Y CONTUNDENTE OPOSICIÓN DE MILES, MILLONES DE CIUDADANXS DE TODO EL PLANETA QUE SALIMOS A LA CALLE A MOSTRAR NUESTRA DISCONFORMIDAD Y NUESTRA INDIGNACIÓN POR LA INVASIÓN DE UN PAÍS A TODAS LUCES INMORAL, ILEGAL E INJUSTA..¿POR QUÉ NO HICIERON CASO A LOS MILLONES DE VOCES QUE SE OPONÍAN A ESTA MASACRE, A ESTE GENOCIDIO? ESTA CLARO QUE NO SÓLO NO NOS HACEN NI PUÑETERO CASO, SINO QUE INCLUSO NOS TRATAN COMO SI FUERAMOS UN PELIGRO A ERRADICAR POR TENER VOZ PROPIA Y NEGARNOS A ACEPTAR EL PENSAMIENTO ÚNICO QUE QUIEREN IMPONER A ESTE PLANETA GLOBALIZADO.

Aviso para navegantes: cada vez somos más y ellos menos.

Artevirgo. La Aldea. Canarias. Sábado 29 de abril de 2006.

* Sabino Cuadra Lasarte es abogado