EL NEOIMPERIALISMO USA (III)
Ramón Moreno
La propuesta de Samuel Huntington –conocido por sus tesis sobre el "choque de civilizaciones"- en su artículo "Robust Nationalism", "The National Interest", New York, 1999, parece coincidir con la fuente inspiradora de toda la política de la Administración Bush, la "Santísima Trinidad": Dios, la Nación y el Ejercito.
No es casual ni anecdótica la apelación hecha por Huntington, proponiendo "un nacionalismo robusto que uniría a la mayoría de los conservadores, que diferenciaría claramente la política exterior conservadora de la liberal y que hablaría al corazón de la gran masa del pueblo estadounidense". Tal recomendación, no deja de tener poderosas razones, si tenemos en cuenta que el nacionalismo cumple funciones similares a la religión, y su "magia consiste en transformar el azar en destino" (Benedict Anderson), "Imagined Communities", Verso, Londres, 1993)
La vinculación entre nacionalismo y religión en Estados Unidos (y en otros países de la Tierra) siempre se ha manifestado en el carácter teológico del discurso político nacional, fundamentalmente en la idea de un providencial destino manifiesto. Hoy en día, los discursos nacionalistas y religiosos se han fusionado explícitamente.
Esas "profundas convicciones" religiosas se han convertido en todo un programa de Gobierno de George W. Bush, destinado a luchar contra la amenaza de desintegración interna, y se articula a partir de una misteriosa unión entre Dios, la Nación y el Ejército. El "credo conservador" se apoya en esa trinidad, la que le da sentido. Es la antítesis del liberalismo y el cosmopolitismo, representados incluso por las elites de negocios transnacionalizadas, que rechazan algunos de sus componentes, cuando no los tres.
La presencia de Dios es patente: el conservadurismo tiene sus raíces en la religión, contrariamente al liberalismo (los términos liberalismo y liberal engloban a los progresistas, los pacifistas y una cierta idea de libre-cambio universal). Y es cierto que algunos liberales son religiosos, pero en general son laicos, ateos o agnósticos. Es posible que algunos conservadores siguiendo a Hume, compartan ese punto de vista. Sin embargo, aunque los conservadores pueden ser practicantes o no, pertenecer o no a una Iglesia, resulta difícil ser conservador sin ser religioso.
En general los conservadores creen en Dios, y dado que los norteamericanos son en su inmensa mayoría cristianos, con una minoría judía, de dimensiones modestas pero importante, el Dios del conservadurismo estadounidense es el Dios del Nuevo y del Antiguo Testamento. Actualmente, en EE.UU., el compromiso religioso y el conservadurismo van de la mano en la lucha contra el laicismo, el relativismo y el liberalismo.
Por otra parte, y considerando la naturaleza del mundo, los conservadores profesan la mas grande lealtad por su país, por sus valores, su cultura y sus instituciones. Contrariamente a la mayoría de los liberales, consideran que las instituciones internacionales solo son buenas en la medida en que contribuyan a reforzar el bienestar de la nación americana, y no por si mismas.
Los liberales tienen la tendencia a cuestionar la legitimidad del Estado-nación, esperando, como dijo Strobe Talbott, que llegue el tiempo en que "la nación tal como la conocemos, sea algo superado; y todos los países reconocerán una autoridad mundial única". En la misma línea, Richard Sennet denuncia "el flagelo de una identidad nacional compartida".
"Los sentimientos anti-nacionales –afirma Samuel Huntington- no son privativos de los intelectuales liberales: también existen en las elites de los negocios". Lamentándose de que solo una compañía reaccionara favorablemente a la carta enviada por Ralph Nader a los dirigentes empresarios instándoles a manifestar su apoyo "al país que los crió, formó, subvenciono y defendió", recitando el Juramento de fidelidad en las asambleas anuales de accionistas.
Respecto de la guerra donde, obviamente, esta involucrado el Ejército, bajo el mando supremo del "Comandante en Jefe", Presidente George W. Bush, el conservadurismo considera los conflictos, incluso los violentos, como inherentes a la condición humana; mientras que los liberales tienden a creer que el fin de un determinado conflicto actual significa el fin de todos los conflictos, lo que explica la euforia a la que se abandonaron en 1918, 1945 y 1989.
Los conservadores saben que el fin de un conflicto crea las bases de un nuevo conflicto, y piensan como Robin Fox, que "las guerras no son una enfermedad que hay que curar, sino que son parte de la condición humana normal. Vienen de lo que somos y no de tal o cual circunstancia debida a lo que hacemos algunas veces ("la historia"). Las guerras, como la religión o la prostitución, son respuestas fundamentales a los temores y a las esperanzas fundamentales del hombre".
Toda esta "filosofía" esta detrás de las "razones" esgrimidas por la Administración Republicana para iniciar las "guerras preventivas", o la invasión unilateral e ilegal de Estados soberanos (caso de Irak), y configuran la política exterior USA plagada de mentiras, maldades y estragos.
rmorenocastilla@hotmail.com
Canarias, marzo de 2006