El neoimperialismo USA (y IV)

Ramón Moreno

La conquista a ultranza de segmentos de mercado en los sectores estratégicos de la economía mundial, sigue formando parte de las prioridades nacionales de Estados Unidos (con un déficit tradicional en materia de comercio exterior). Y las mejores armas ideológicas de que dispone esa diplomacia del negocio USA para promover las exportaciones, son los programas audiovisuales -cine y televisión-, que además nos muestran el idílico sueño americano, que en ocasiones es una auténtica pesadilla.

En todos estos años, la balanza comercial del audiovisual europeo se ha ido degradando progresivamente hasta alcanzar cotas escandalosas de colonización cultural, significando además pérdidas multimillonarias.

La misma supremacía se da en los campos aeronáutico (pese al empuje del modelo Airbus), informático, las redes temáticas (Internet) o del oro negro, el petróleo. Por no hablar del potencial colosal de los fondos de pensiones norteamericanos, que constituyen la principal fuerza de choque de los mercados financieros. Ninguna otra potencia puede rivalizar en este momento con EEUU u oponerse a sus ofensivas económicas.

¿Es esta una razón para imponer su ley al mundo? Cuando ya emergen en el horizonte geopolítico los mastodontes del futuro -China, India, Unión Europea-, ¿puede proseguir Estados Unidos, sin riesgo de un gran conflicto a medio plazo, sus arrogantes pretensiones imperiales? ¿Ignora acaso, que pronto o tarde, todo imperio perecerá?

Pero esa es solo una parte de la película. El caso más paradigmático -y a la vez mas ignominioso- de la política exterior estadounidense, donde se ha transgredido el Derecho Internacional, vulnerando los Derechos Humanos y causado numerosos estragos con los consabidos daños colaterales, lo constituye la ilegítima e ilegal invasión de Irak, de la que ahora se cumplen tres años. Recuérdese que la Comisión Internacional de juristas, órgano consultivo de Naciones Unidas con sede en Ginebra ya alertaba desde el 18 de marzo de 2003 contra un ataque unilateral a Irak sin mandato en la ONU. "Un ataque así sería ilícito y constituirá una guerra de agresión", afirmaba esta Comisión, como antes lo habían hecho asociaciones de juristas británicos, franceses, belgas o españoles.

"No hay ningún fundamento jurídico posible para una intervención de esa naturaleza", declaraba la citada Comisión. "En ausencia de una autorización del Consejo de Seguridad, ningún Estado puede recurrir a la fuerza contra otro, salvo en caso de legítima defensa, como respuesta a un ataque armado".

Y si la Administración Bush evocó la legítima defensa para atacar Irak, sólo lo hizo dirigiéndose a la opinión pública interna, en un intento de vincular los atentados del 11-S con el régimen de Bagdad (lo que no se ha podido probar), pero nunca ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por otra parte, la legítima defensa supone la existencia de una agresión armada previa, que Irak no perpetró. Y el Derecho Internacional no admite la noción de legítima defensa preventiva.

George W. Bush explicó también la invasión de Irak por la necesidad de cambiar el régimen de ese país y de expulsar del poder a Sadam Hussein.

Pero por muy loables que hayan sido esos argumentos no justifican, según la Carta de Naciones Unidas, una decisión unilateral de recurrir a la fuerza. En cuanto al pretexto invocado por Washington de instaurar una democracia en Irak, tampoco puede considerarse como una justificación de la invasión.

Conviene resaltar, que ya desde el siglo XVII el jurista Grotius, fundador del derecho de gentes, es su célebre libro De jure belli ac pacis, afirmaba que "querer gobernar a los otros contra su voluntad bajo pretexto de que es un bien para ellos constituía el argumento más frecuente de las guerras injustas".

Tras el derrocamiento de la odiosa dictadura, Washington procedió a instaurar en Irak la democracia ejemplar prometida, cuya irradiación impulsada por el Imperio, acarrearía la caída de todos los regímenes dictatoriales de la región. Incluidos los de Arabia Saudí y Egipto, según el ex director de la CÍA y allegado al presidente Bush,'James Woolsey (International Herald Tribune, París, 8-4-2003).

¿Era creíble esa promesa? Evidentemente, y a tenor de lo que está sucediendo en la antigua Mesopotámica, no. Mientras, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld se apresuraba a precisar que "Washington se negaría a reconocer un régimen islámico en Irak aunque sea el deseo de la mayoría de los iraquíes y reflejara el resultado de las urnas". Es una vieja lección de la historia: el Imperio impone su ley al vencido. Pero también hay otra: quien vive del Imperio, morirá también por él.

¿Qué movió, por tanto, a Samuel Huntington a proponer "un nacionalismo robusto que uniera a todos los conservadores norteamericanos"? La riqueza y el poderío de Norteamérica están en su apogeo. Pero en el más amplio sentido, la identidad estadounidense está amenazada por un multiculturalismo que la subvierte desde abajo y por un cosmopolitismo que la erosiona desde arriba.

El patriotismo es una noción superada por la gran parte de las élites estadounidenses. Y aunque es posible que en el futuro EEUU se vea seriamente amenazado en el exterior por China, Rusia, el Islam o una coalición de países hostiles, las principales amenazas contra la unidad, la cultura y el poderío norteamericano vienen de más cerca.

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