La neurobiología y el lenguaje
Juan Jesús Ayala
Aparece en escena el filósofo, John Searle,
y nos habla del retroceso de la filosofía y el avance de la
neurobiología. Y que el transmisor de este avance no es otro que el lenguaje. El filósofo en el Congreso Internacional de Ontología de San Sebastián se hace, una vez más, la pregunta ¿qué es el lenguaje? Y ahí en ese devaneo intelectual-epistemológico se instaura la investigación lingüística de hoy en pro de revisar viejas concepciones anteriores.
Searle considera el habla como una forma de conducta gobernada por reglas. La comunicación lingüística comporta actos lingüísticos, de ahí que el lenguaje es de suma
importancia porque es el que determina el pensamiento. "Dime cómo hablas, lo que dices y te diré quién eres".
El lenguaje es parte importante de
la naturaleza humana en su plenitud y está
determinado en el genoma humano que
hace que en el curso del desarrollo
embrionario y de nuestra primera
infancia se forme en nuestro cerebro
una programación para hablar, preparada
para aprender sin esfuerzo ninguno la
primera lengua que oigamos a nuestro
alrededor.
Pero si consideramos al lenguaje como una ayuda fundamental para solucionar nuestros problemas, como algunos apuntan, debemos
ser cautos con él y saber defendernos de las trampas que nos tiende. Y aunque el lenguaje es el cemento de nuestra vida social, el hilo conductor de nuestra biografía personal y contribuye a la formación del definitivo estrato de la naturaleza humana también puede ser el que fabrique derrumbes y
desapariciones del último eslabón
filogenético.
Y la pregunta que se puede hacer y que se la hacen
al filósofo es si al ritmo que avanza la tecnología cabe la posibilidad que los humanos terminemos siendo prisioneros de los ordenadores. La posibilidad sería que los ordenadores acabaran teniendo conciencia, cosa harto difícil de suponer pero si en
el pasado fue la física la que marcó la diferencia, si tenemos que considerar que hoy estamos de lleno inmersos en el campo de la neurobiología que es la que determinará, al fin, que se va hacer con el ser humano. Y, sobre todo, cuando nos metamos de lleno en lo intrínseco de su funcionamiento una vez que las neuronas se depositen en las manos de los científicos y se juegue con ellas con el capricho que se quiera.
Pero el filósofo da esperanzas y aunque se ponga en lisa una pugna entre la conciencia artificial y la cerebral no se sabe y será muy difícil como se podrá obtener esta última, de ahí que la batalla, se puede intuir, se
decantará por el cerebro del humano, con todas
las posibilidades que tiene y que aun no han sido del todo exploradas.
El lenguaje funciona también como el nexo entre la ciencia y la filosofía como constructora de conceptos y facilita las civilizaciones y, además, de crearlas es fundamental para las relaciones humanas. Estamos cansados de oír y leer que palabras dichas de manera desafortunada o silencios intencionados
hayan sido los que han propiciado desastres
y guerras. La palabra incita a que los humanos se constituyan en grupo que caminan hacia un mismo objetivo
y si es así es porque el lenguaje de ese grupo se ha hecho universal o por el contrario puede suceder
que no se logre que la gente se entienda y
que continúen instalados en una torre
de Babel permanente. De ahí la
importancia del lenguaje en la
construcción del pensamiento y aun si se quiere hasta de las ideologías.
No cabe duda, según el filósofo, que en la neurobiología está el futuro y, sobre todo, en aquello que gira alrededor del comportamiento por lo que se dirá, y sin temor alguno, que el éxito del ser como humano se deberá al lenguaje el que está sufriendo variaciones a marchas
forzadas y hará que la naturaleza humana se
incline por un lado o por otro, por
el de la verdad y la consecuencia o
por el de la trampa y de la
inconsecuencia. Los congresos
internacionales sobre el pensamiento que solo preocupan a una minoría
sirven para que andando el tiempo, los que
están ajenos a estas batallas intelectuales
y pendientes del ajetreo de la vida
cotidiana obtengan el beneficio de las palabras, de las nuevas palabras que introducidas en el
cerebro lleguen a fabricar personalidades
no tan ajenas a sí mismas. Puesto que
solo con saber donde está la trampa
y el cartón, donde el mercachifle
de la palabra o la honestidad
arremolinada a un lenguaje directo y sano es mas que suficiente.