La ’revolución’ de las neurociencias cambia la visión del mundo

Los especialistas reiteran que la realidad es sólo una ficción creada por cada ser humano

Maite González (EFE)

Madrid
La revolución de las neurociencias aún está pendiente y cambiará la visión que tenemos del mundo y de nosotros mismos, de forma que las respuestas al debate acerca del yo, la conciencia, la libertad, el lenguaje y los sueños están ahora en la ciencia. El conocimiento del cerebro y sobre qué es lo que lleva al ser humano a tener emociones, al pensamiento o a padecer enfermedades psiquiátricas o neurológicas, dónde se producen y cómo abordarlas, son algunas de las preguntas a las que la neurociencia puede dar una respuesta. Los estudiosos de este apasionante cambio dicen que puede trastocar muchas convicciones y que el abordaje de las enfermedades mentales ya ha dado un giro fundamental, al comprobarse que se deben sobre todo a trastornos neuroquímicos.

El catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco J. Rubia, especialista en Fisiología del Sistema Nervioso, quiere dar a conocer algunas de las cuestiones que a su juicio van a revolucionar la visión del mundo en su último libro, titulado Qué sabes de tu cerebro, en el que divulga muchas de las nuevas respuestas sobre la vida. Con 60 preguntas y respuestas, este catedrático da forma en el libro a los problemas, dudas y demostraciones de esta nueva ciencia que estudia el cerebro y que, a pesar de las numerosas lagunas que todavía existen sobre cómo se gestan las funciones superiores del ser humano, acaba con la idea de Descartes de la separación entre mente y cuerpo como dos entidades diferentes.

El profesor Rubia dice que la realidad que nos construimos del mundo exterior es una elaboración del cerebro, que todo es una ficción creada por el ser humano y que los colores no existen, ni el frío, ni la música, ni la libertad. Una de las características del ser humano es su capacidad para engañarse y para pensar que es el centro del universo, a pesar de que el hombre es producto quizás de la casualidad y de situaciones tan aleatorias como que un meteorito destruyera el mundo de los dinosaurios y facilitara el acceso a los mamíferos y después al dominio humano sobre el planeta. Pero no debemos olvidar que ni la Tierra es el centro del universo, como descubrió Copérnico, ni el hombre es el centro de la creación, sino el resultado de un proceso evolutivo, como explicó Darwin. Además, el mundo del inconsciente, que ya antes de Freud fue intuido por médicos alemanes, es responsable de que sólo seamos conscientes de un 2% de nuestra conducta exterior. El control de la memoria y de lo que almacenamos es vital y la base de nuestra identidad, pero no podemos decidir sobre ella, ni sabemos por qué hay acontecimientos y datos que se nos quedan grabados y otros los olvidamos, y por eso Rubia dice que la mayoría de las impresiones que tenemos son engañosas y están influidas por nuestros recuerdos.

Fuente: Diario de Avisos