EL CENTINELA

NOMENCLATURA ECLESIÁSTICA Y MONÁRQUICA EN CANARIAS

Por Jose Almeida

Como se suele decir en plan de algo que resulta excesivo, desatinado, para cualquier persona con un mínimo de urbanidad o sentido común, a estas alturas del siglo XXI: ĦĦSi don Benito Pérez Gáldos levantara la cabeza!!

Sí señores, así es, y así decimos much@s canari@s de que si don Benito levantara la cabeza y viera la enorme, la desmedida fiebre que les ha entrado a algunos y a algunas por la nomenclatura eclesial y monárquica, seguro que se lamentaría dolorosamente y, tal vez, diría que para nada sirvieron tantos y tantos insomnios a la tenue luz de un candil para denunciar a esa España esperpéntica, oscurantista, de cetro y sotana, que tan bien retrató en sus ensayos, artículos, dramas o novelas.

En estos Atlánticos Peñascos Africanos que son las Islas Canarias -aunque todavía haya gente en España que cree que estamos situados geográficamente debajo de las Islas Baleares- y, concretamente, en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y en el Cabildo grancanario, después de que están gobernados por el pepé les ha dado por bautizar a las grandes obras arquitectónicas que realizan con el erario público con nombres como Juan Pablo II -este nombre lo ha decidido, al parecer, la Luzardo (Josefa) para un gran parque que está en construcción con un presupuesto que ronda los 3 millones de euros- Reina Sofía, Juan Carlos I, Príncipe de Asturias, Infanta Elena. Sacando cuentas creo que sólo faltan Floirán de Todos Los Santos y la señora Leticia y su descendencia. Pero tiempo habrá y todo se andará.

La verdad, no sé de quién es la potestad de nominal las obras públicas arquitectónicas que se realizan en la ciudad de Las Palmas y en la isla de Gran Canaria, pero sea de quien fuere pienso que habría que consultar a la ciudadanía para obras de gran envergadura y que quedarán ahí para el resto de, por lo menos, nuestros días que ya van siendo menos.

Para los que todavía profesamos nuestros firmes principios republicanos, de izquierda y anticlericales -ilusos e ingenuos que somos y a estas alturas de nuestras vidas ya no hay dios que nos cambie- nos queda el consuelo de saber que hay mucha gente que piensa y siente como tú, y que además, por lo menos, lo puedes expresar aunque sepas que de estas Instituciones no puedes esperar nada, antes al contrario, si pueden te boicotean cualquier proyecto cultural que tengas previsto realizar y sean necesarios algunos permisos o espacios para llevarlos a cabo y que dependan directamente de ellas.

Así es y así será mientras estos impresentables peperos sigan siendo votados por una parte considerable de la población.

Oiga, para que vean ustedes cómo son las cosas. Cuando ya había terminado de escribir estas reflexiones periodísticas me entero -los lazos del diablo también son inescrutables- de que el alcalde de Telde, un tal Valido que o es del pepé o está muy cercano a su ideario político, anunció la idea de sustituir el nombre de la Casa de la Cultura por el de Teatro Municipal Juan Ramón Jiménez. Pues eso, que si ya eran pocos, parió abuela. Y el debate que dicen no ha hecho nada más que empezar.

En primer lugar me llega la información de que amplios sectores intelectuales no están para nada de acuerdo con ese cambio repentino de denominación y que, en todo caso, proponen que se mantenga el actual nombre o que se sustituya por alguna figura señera de las letras canarias. La tesis del tal Valido es que el nombre de Juan Ramón Jiménez dará proyección cultural al inmueble.

Yo, y no es ninguna broma, lo llamaría Teatro Municipal Justo Jorge Padrón.

P.D. Otro día trataré de otras nomenlaturas no menos indignantes como la militar o la de los conquistadores castellanos.

Artevirgo/La Aldea/Canarias a Lunes 23 de mayo de 2005.