NORMALIDAD
Teodoro Santana
Nos parece fuera de lo normal que la gente atraque un banco. En cambio nos parece normalísimo que los bancos atraquen continuamente a la gente, a base de comisiones abusivas, intereses usureros o hipotecas leoninas.
Llama la atención que se legalice el matrimonio entre homosexuales, pero no que se permita la adopción a parejas católicas.
Pasamos con absoluta indiferencia ante el hecho de que tengamos los salarios más bajos del Estado y la jornada laboral más larga, mientras un puñado de capitostes se han enriquecido tanto que Canarias es hoy, por Producto Interior Bruto, una comunidad de las más ricas de la Unión Europea.
Ni nos llama la atención que los europeos, sean nórdicos rubios o españoles trigueños, sean la inmensa mayoría de los inmigrantes en Canarias. En cambio, se habla de alarma social cuando los inmigrantes son negros, magrebíes o pobres.
Cuando Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos denuncia la tortura en el mundo, nos decimos "cómo está la cosa por ahí, qué barbaridad". Ni nos fijamos en los casos de tortura en el Estado español. Para qué.
La inmensa mayoría de la humanidad no tiene agua corriente, ni luz eléctrica, ni comida suficiente, ni escuelas, ni medicinas, ni hospitales. Y, sin embargo, nos extrañamos cuando se lanzan a las calles en Bolivia con cartuchos de dinamita en la mano. O agarran un arma en cualquier parte del mundo, que de perdidos al río.
Vemos a nuestros políticos repartiendo exenciones fiscales a los poderosos, como la RIC. O dando subvenciones a troche y moche a un puñado de ricachones. O desayunando, almorzando y cenando a costa del erario público. O dilapidando el presupuesto en fastos y autobombo. Todo nos parece normal.
Tenemos un sistema electoral bárbaro, en el que las minorías son laminadas en beneficio de los intereses caciquiles en cada isla. Normalidad, vamos.
El petróleo canario se lo van a llevar calentito las multinacionales. Normal, o sea.
El que cuenta todas estas cosas? Un radical, vamos. Que no nos vacíe el coco, chacho. Normalidad, y no hagan olas.