Notas sobre la bandera del Ateneo lagunero
en su primer centenario
Antonio Cubillo Ferreira *
H
ace unos días, con motivo de cumplirse los 100 años del Ateneo de La Laguna, del cual soy socio, tuve la sorpresa de ver en el balcón de dicha entidad dos astas de banderas donde flotaba la de la metrópoli y esa otra de los autonomistas, donde aparecen dos perros, uno a cada lado de un escudo, que nada significa, lamiendo una corona monárquica y encima la palabra océano. Es una lástima, porque el Ateneo tiene su historia y un pasado no conformista, que un tiempo fue orgullo de mi ciudad natal.Yo pensaba, erróneamente, que los actuales directivos de este famoso centro cultural, con motivo del primer centenario, iban a poner en el asta única de la sociedad, la que fue bandera del Ateneo en los años que siguieron a la fundación del mismo, que era una bandera con siete estrellas blancas sobre fondo azul marino, en la posición de las Islas Canarias, ya que el Ateneo se consideraba una sociedad del archipiélago.
Para conocer el origen de esta particular enseña del Ateneo, tenemos que remontarnos a sus antecedentes en la Isla de Tenerife en 1907 y el malestar que existió en este año contra la metrópoli debido a sus continuos abusos e incluso tenemos que hacer mención en estas notas, del pueblo tinerfeño de Tegueste, donde se encuentra la Hacienda de Los Laureles. En efecto, la Hacienda de Los Laureles alberga en sus inmediaciones el viejo palacio edificado por el Barón de Chausseriaut, ciudadano francés nacido en Troye (Francia) y afincado en Tenerife. Prueba de ello es el escudo heráldico que está aún en una de las paredes del citado palacio. Este francés, que fue cónsul de Francia y de Rusia en Canarias en el siglo XIX, sólo tuvo hijas, por lo que la Hacienda de Los Laureles y su hermosa mansión es conocida en el pueblo no por su nombre, sino como finca y casa de los "Tacoronte", apellido de los últimos propietarios herederos de la estirpe del Barón, entre ellos, el más conocido fue don Eduardo Tacoronte Bretillard, quien tiene que ver con la enseña estrellada del ateneo.
Este don Eduardo, era hijo del que fue alcalde de La Laguna, el doctor don Eduardo Tacoronte Hernández, nacido en San Miguel de Abona el 4.12.1845, quien casó con una de las hijas del señor cónsul, de apellido Bretillard; don Eduardo Tacoronte Bretillard fue miembro fundador del Castillo, don Domingo Cabrera Cruz, don Benito Pérez Armas, Cedrés Nobrega y otros, y, según, la tradición, fue uno de los coautores de la bandera ateneista que se enarboló en el Ateneo en 1907, como protesta contra el dominio español y contra los desmanes de las autoridades coloniales de fin de siglo, las cuales venían enfurecidas por la reciente independencia de Cuba y Filipinas amén de por la destrucción de la vieja y caduca flota española en aguas del Caribe por la flota norteamericana.
La situación política en aquellos años de principio del siglo XX en Canarias, estaba enconada contra la metrópoli con la llegada de militares y funcionarios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas y en Canarias había muchos isleños que eran partidarios de hacer como se había hecho en Cuba y Filipinas para liberarse del yugo español. La metrópoli había enviado como capitán general de Canarias a don Vicente Martitegui y Pérez Santamaría y como gobernador civil de Tenerife al almirante Ulate. La situación se fue complicando y Madrid pensó que uno de los culpables del mal ambiente contra la corona borbónica era el Ateneo lagunero, por lo que decidió tomar cartas en el asunto para evitar un movimiento separatista. Parece ser, que ante la actitud rebelde de los primeros ateneistas y el peligro que podía representar que volviese de América del Sur, el líder independentista y obrerista, Secundino Delgado, que ya desde Caracas, con su periódico El Guanche, en 1897, había preconizado la independencia de Canarias, el mando militar envió tropas en 1907, para atemorizar la ciudad de Aguere, ya que se habían gritado consignas antiespañolas, contra los Borbones y contra la metrópoli.
Los directivos ateneistas se vieron obligados, ante la llegada de las tropas enviadas desde la capital tinerfeña a arriar aquella enseña del Ateneo, de siete estrellas blancas y desde el balcón y en el momento en que aparecieron los soldados, se la tiraron al socio, don Eduardo Tacoronte Bretillard, quien estaba en la calle frente a la Catedral, el cual, envolviéndola bajo su chaqueta salió corriendo hacia su casa de Tegueste, donde la guardó secretamente durante muchos años. El escritor y político tinerfeño, don Domingo Cabrera Cruz, en su libro de recuerdos titulado, "Huellas del tiempo" editado en Caracas, dice de la bandera del Ateneo, "Ella simbolizaba un grito de rebeldía, una protesta contra los malos tratos de funcionarios indeseables. Protesta que ondeaba a los vientos alisios de nuestro cuadrante. El acto de arriar la bandera fue emocionante, lo presenció una multitud que invadía la plaza de la Catedral; hubo socios que lloraron, pues se trataba de un emblema que enraíza con el alma canaria. El directivo don Eduardo Tacoronte Bretillard, profundamente emocionado, la recogió antes de llegar al suelo y, apretándola sobre su pecho, se la llevó". Estas frases de don Domingo, a quien tuve el honor de conocer, me confirman lo que me había contado de pequeño mi abuela paterna lagunera, doña Carmen Nóbrega Estrella, esposa de mi abuelo el profesor de Dibujo del Instituto lagunero, don Guillermo Cubillo Aguilar, que lo vio todo cuando era joven, pues estuvo allí, y que me trasmitió este recuerdo que me sirvió para cuando creé la tricolor bandera nacional canaria de las Siete Estrellas Verdes en 1964, en Argel, con el nacimiento del MPAIAC. Mi abuela no se acordaba de cómo iban las estrellas en la bandera, ni del color de las mismas cuando me lo contó, por lo que decidí adoptar la forma circular actual de las estrellas verdes, sobre la franja azul celeste central, símbolo de igualdad de las islas.
Cuando en 1924, se creó en Cuba el Partido Nacionalista Canario (PNC), alguien, creo que fue el palmero Gómez Wangüemert, les recordó a los isleños en La Habana esta primera enseña del Ateneo lagunero que se había llevado don Eduardo Tacoronte a su casa de Tegueste y entonces, la adoptaron como bandera del partido, apareciendo en primera página de la revista El Guanche, editada en La Habana por el PNC.
Estos últimos años, algunos políticos autonomistas y otros enemigos de la independencia quisieron hacer creer a la gente, que desconoce la historia, que esta enseña del Ateneo lagunero había sido diseñada por el prócer Secundino Delgado, el cual, jamás diseñó bandera alguna ni tuvo nada que ver con estos acontecimientos de 1907 ya que no era ateneista, y que se hallaba en aquella época entre Uruguay, Argentina y Méjico, donde había tenido que exiliarse para huir de la persecución del general Weyler y de las autoridades coloniales y nunca había pensado en crear ninguna bandera, porque era de ideología anarquista, como todos los que conocemos su trayectoria sabemos.
Los actuales autonomistas canarios en su día quisieron sacar esta bandera ateneísta de protesta, no para recordar la bandera de la sociedad ateneista lagunera, sino para contrarrestar la actual bandera nacional, la Tricolor de las Siete Estrellas Verdes, que es la bandera del MPAIAC y de la independencia, pero sus esfuerzos fueron vanos porque esta bandera el pueblo la conoce y significa lucha, sacrificio, honor, dignidad e independencia y han habido muertos y prisioneros por ella y nuestro pueblo actual, no conoce otra enseña que esta y la han adoptado ya como bandera nacional. Como es lógico, los autonomistas y los enemigos de la independencia siempre están haciendo maniobras para crear confusiones sin cuento sobre la bandera nacional y aparecen los llamados expertos que opinan sobre unos antecedentes fantasmagóricos de la bandera, llegando incluso alguno a decir que los colores vienen de la enseña del conquistador de Tenerife, Fernández de Lugo, y otros disparates más como que el verde es el color del Islam, ignorando que este color forma parte integrante de las banderas italiana portuguesa y, otras treinta más en el mundo.
Aquellos acontecimientos de 1907 en La Laguna, promovidos en secreto por los ateneistas y la lucha del prócer Secundino Delgado, sobre todo en Venezuela, hizo que la metrópoli otorgara la Ley de Cabildos en 1912; la metrópoli pensó que se habían acabado con esta ley las aspiraciones independentistas canarias; al mismo tiempo y para contentar a la burguesía canaria, facilitó y desarrolló la ley de Puertos Francos de 1852, para que la incipiente burguesía no pensase en la independencia como habían hecho las burguesías de las antiguas colonias americanas. Pero los pueblos son tercos en defensa de sus libertades y la lucha ha seguido y seguirá en Canarias. Me da tristeza y termino, que en el primer centenario de nuestro Ateneo lagunero, la actual directiva haya puesto en la fachada de nuestra entidad cultural la bandera de la metrópoli y una bandera oficial autonomista, que el pueblo detesta y nunca enarbola.
* Presidente del Congreso Nacional de Canarias (CNC)
** Publicado en el periódico El Día, 8-12-04
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