No vamos tan mal
Juan Manuel
García Ramos
Hace ahora tres años reseñaba
en estas mismas columnas un libro del ex consejero del Gobierno autónomo de
Canarias, José Carlos Francisco, de título no muy atractivo, pero de contenidos
muy preocupantes en aquellas fechas. Se trataba de Canarias, moratoria y REF,
y había sido editado en los últimos meses de 2003 por Ecopress
Comunicaciones.
Lo que Francisco venía a contarnos en esas páginas era que el modelo económico
canario impulsado desde hacía algunas décadas y basado en los vectores
turismo-construcción había tocado techo, y eran a partir de ese momento las
Directrices de Ordenación del Territorio y del Turismo, ley que aprobaba el
Parlamento de Canarias en el 2003, las encargadas de racionalizar el freno
cuantitativo y cualitativo de ambos sectores en alza hasta los primeros años
del nuevo siglo. Francisco también planteaba que no habíamos previsto, con el
calado y la intensidad suficientes, la sustitución de ese binomio
turismo-construcción por otros sectores productivos dejados al margen, además
de los problemas padecidos por el plátano, la competencia del tomate marroquí y
la pérdida del banco canario-sahariano, y una ZEC que no terminaba de arrancar,
aparte del atraso que sufre Canarias en empleados especializados en alta y
media tecnología, lo que había terminado por convertirnos en la región europea
más desfavorecida en ese campo, unido todo ello a la persistencia y el descontrol
del proceso inmigratorio, intensificado temerariamente desde hacía cinco años.
Todavía no habíamos sufrido este 2006 que agoniza.
También nos encontrábamos en el libro de José Carlos Francisco un recorrido por
lo que había significado la economía desde la novedosa etapa de autogobierno
que se inauguró en 1982, con el primer Estatuto de Autonomía de Canarias como
documento jurídico político que nos concebía de una dichosa vez como un solo
pueblo, por lo tanto un recorrido por las ideas políticas guiando la economía,
y ésta, a su vez, haciendo posible la política. Y encontrábamos además en Canarias,
moratoria y REF un diagnóstico nada halagüeño sobre el modelo de desarrollo
que tan buenas perspectivas nos ofreció, en cuanto a generación de riqueza y creación
de puestos de trabajo, en especial durante el ciclo expansivo que se dio entre
1993 y 2001, y que a partir de 2002 empezó a entrar en una crisis generalizada.
Las tablas comparativas de lo que era la economía canaria en el año 1977, con
un sector primario situado en el 22´2% del total de nuestra dinámica económica,
y su descenso, en el año 2000, hasta apenas un 6´3 %, contrastado con el sector
servicios, que pasa de un 57 % en
Otro dato espectacular era el crecimiento demográfico, con un aumento de la
población entre 1978 y 2003 de un 24%, tres veces más que la media española. Y
ya no hablemos de lo sucedido con ese crecimiento demográfico en estos tres
últimos años, con una media de incremento anual de unos cincuenta mil
residenciados. Y ya no tan espectacular, sino como juzgaba el mismo José Carlos
Francisco, algo mediocre, era lo sucedido con la generación de empleo.
En este sentido, se observaba que la economía canaria generó desempleo no sólo
en las etapas de crisis, sino también en las de feliz crecimiento, algo que
nosotros hemos encuadrado en buena parte en la economía de saqueo que han
padecido las islas durante esos años de crecimiento, con empresas foráneas
explotando el turismo, la construcción, los negocios bancarios, las
aseguradoras, el comercio y colocando sus beneficios y sus estrategias fuera de
los circuitos económicos de Canarias.
Pero lo más relevante de lo aportado por José Carlos Francisco en el libro en
cuestión era la agenda que nos esperaba después de 2003.
Francisco se refería a ella en estos términos: en 2004, en mayo,
Una agenda de alto riesgo que hoy, leyendo los periódicos del 20 de diciembre,
si quieren que les diga la verdad, me parece que no empieza a sernos nada
desfavorable.
La aprobación, por parte de
Queda por delante lo que pasará con los fondos fondos
estructurales y las ayudas en cuanto a infraestructuras y formación de capital
humano a partir de ahora, pero lo logrado este diciembre de
De todo lo que observo en la actualidad, me sobra la crispación política que
vivimos, la inseguridad ciudadana, el descontrol inmigratorio, el crecimiento
de la exclusión social, el paro juvenil, lo difícil que se nos hace
diversificar nuestra economía y la poca fuerza científica y tecnológica de
nuestro sistema universitario a la hora de respaldar aventuras empresariales de
verdadera innovación, y la depredación que seguimos practicando con nuestros
entornos medioambientales, a pesar de las vigentes y ya comentadas Directrices.
Pero el balance con el que cierra nuestra economía este año no debiera sino
incitarnos a seguir adelante con todo nuestro coraje y toda nuestra
imaginación.
Y sería injusto no reconocerle a las tres administraciones comprometidas en
todo lo referente al futuro inmediato del REF,