Nicolás
Cabrera Acosta
Si uno acude al diccionario en busca de la palabra
“envejecer” podemos encontrar las siguientes definiciones: “hacerse vieja o
antigua una persona o cosa, durar, permanecer por mucho tiempo”. Si buscamos la
palabra viejo/a encontraremos: “persona de mucha edad, dícese
de la persona que ya no es joven”. Peor es acudir a un diccionario de sinónimos
donde a la palabra viejo/a se le llegan a aplicar hasta 22 definiciones, la
mayor parte de ellas palabras o expresiones que suelen ser utilizadas como
insultos o de forma despectiva, en el lenguaje de todos los días.
La pregunta acerca de la edad a partir de la cual
puede uno o no considerarse viejo/a no tiene respuesta desde el punto de vista
fisiológico. La puede tener desde la socioeconomía. La sociedad suele imponer
una edad de jubilación – no siempre en todos los países, ni en todas las
profesiones -, que vendría a ser algo así como la edad de la muerte laboral o
la entrada oficial en lo que en la sociedad considera reino de la vejez.
Dos son fundamentalmente las causas y el tipo de
acción, a realizar desde las Asociaciones de Vecinos/as que constituiría un
área en creciente expansión: el aumento del número de personas que llegan a la
mal llamada “Tercera Edad”, y el cambio de los conceptos tradicionales sobre la
responsabilidad familiar.
Respecto de la primera, la evidencia que, al aumentar
las expectativas de vida, se eleva el número de anciano/as, exime de todo comentario.
Con relación a la segunda, basta pensar que hoy ya no
ocurre como en otros tiempos, en que las personas mayores terminaban sus días
viviendo con sus hijos y nietos o, en su defecto, con otros parientes; y cuando
excepcionalmente no era posible, quedaban acogidas en un asilo.
Desde la última Guerra Mundial, cada vez se está
haciendo menos habitual que los/as anciano/as vivan con sus hijos. Aunque
algunos opten por ingresar en una residencia, la mayoría sigue alojada en su
casa de siempre, disgregada del resto de la población.
La disminución de sus ingresos, de su movilidad física
y de sus lazos sociales son los problemas más comunes de lo/as mayores.
No debemos olvidarnos de esos grandes problemas a los
que nosotros deberíamos proporcionar soluciones. Las largas colas, las oficinas
desigualmente repartidas, sus inconvenientes con respecto a los desplazamientos
y acondicionamientos, la insistencia de hacerlos acudir una y otra vez a ellas,
las escaleras, etc., representan sin duda, especialmente incomodidades y hasta
trastornos graves para lo/as anciano/as.
Deberíamos de mirar a lo/as ancianos como personas, en
vez de sucumbir a las ideas de que lo/as viejos son uniformemente incapaces de
desenvolverse independientemente en la sociedad, y aprender de ello/as en
nuestras Asociaciones. Son Verdaderos constructores de socialización, tanto en
cuanto sus experiencias previas son fuente indispensable del aprendizaje
cotidiano.
Deberíamos integrar a
No solo con viajes, meriendas o festejos; debemos
entretenerlos se les debe conceder una retribución mensual digna y no de
miseria como hasta ahora para que se puedan sostener económicamente y dejémonos
¡ya! de limosnas.
Debemos hacerles partícipes de nuestros colectivos
sociales como personas emprendedoras que son, y aprovechar su dilatada
experiencia en la vida realizando cursos didácticos para que ejerciten sus
manos y su mente tan necesaria para no olvidar la memoria que como pueblo
tenemos. NO son “muebles” son seres vivos activos que necesitan cariño y darles
la oportunidad de ejercitarse manteniéndose ocupados en estos momentos
cruciales en que vivimos.
CONCLUSIONES:
1.- Tenerlos en cuenta ya que son fuentes inagotables del saber y por
su gran experiencia a la vez que respetarlos.
2.- Elevación
del salario mensual de miseria que la mayoría reciben.
3.- Establecer Residencias dignas para nuestros
ancianos, con lugares de esparcimiento y ocio, donde cultivar la tierra, cuidar
animales. Que tengan una calidad de vida y con departamentos específicos para
cada enfermedad geriátrica común.
4.- Mayor
apoyo en la ayuda a domicilio.
5.-
Construcción y apoyo económico a los centros de la 3ª Edad.
6.- Mayor
control en la concesión de los viajes de turismo social de la 3ª Edad.
7.- Puesta
en marcha de actividades culturales, físicas, de ocio.
8.-
Entrada gratuita en museos y uso de guaguas, etc.
9.- Mayor
atención sanitaria y farmacológica. Fomentar la especialidad sanitaria
geriátrica.
10.- Ayudar a las familias con enfermos o ancianos,
promocionando esta ayuda con estudiantes especializados en geriatría o
cualquier rama sanitaria en prácticas o formación (becando a estos estudiantes
por ello), esta medida también se puede aplicar para estudiantes desplazados de
cualquier rama que estén en acogida en una casa de ancianos.
(*) Director Autonómico Departamento Histórico-Social
ORGANISMO
SOCIAL KANARYO TITEROYGAKAT
Arrecife de
Lanzarote a, 5 de enero 2007