Hugo Chávez, el nuevo libertador (I)

Ramón Moreno

Los próceres de la patria venezolana, Bolívar, Miranda y Sucre, han dado paso al nuevo libertador: Hugo Chávez. Un hombre que conmociona la actualidad latinoamericana y del mundo, desde que en 1992 fracasara su intentona golpista y en diciembre de 1998 fuera elegido presidente de la querida república hermana de Venezuela, refrendado por las urnas, con el 57% de los votos. Ahora, superado el plebiscito revocatorio con más del 58% de los sufragios, el mandatario venezolano asegura su mandato hasta el año 2007; pese a las denuncias de fraude de la llamada Coordinadora Democrática (una amalgama de 20 partidos de las más variadas tendencias y 20 heterogéneas ONG, sin un programa coherente y sin un líder definido), aunque el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos (OEA), hayan avalado la pureza de los comicios y los resultados electorales.

Esta es la realidad de la Venezuela actual. Hugo Chávez aglutina las esperanzas del 80% de la población venezolana empobrecida tras los sucesivos gobiernos corruptos, donde desapareció la credibilidad de los partidos políticos tradicionales dando paso a soluciones populistas.

Desde su toma de posesión en 1998, y tal como había prometido, Chávez, apoyado por las fuerzas de izquierda y por los desheredados, emprendió una "revolución pacífica y democrática" que ha venido preocupando a los mensajeros de la globalización. Porque este es, en mi opinión, el gran pecado capital de Hugo Chávez, aparte de sus amistades peligrosas encuadradas en el llamado eje del mal. De hecho, en su primera alocución pública desde uno de los balcones del Palacio de Miraflores, una vez conocidos los resultados apabullantes del referéndum revocatorio, Chávez llamó a la oposición a sumarse al "proyecto alternativo al salvajismo neoliberal". No es de extrañar, por tanto, que los protagonistas principales de la globalización hayan demonizado al presidente Hugo Chávez y a su revolución antiliberal.

La voluntad de Hugo Chávez de cambiarlo todo se ha traducido en la exasperación de una mayoría de ciudadanos ante el desbarajuste y la corrupción que han campado a sus anchas durante cuarenta años y cuya responsabilidad hay que atribuírsela, exclusivamente, a los partidos que habían venido compartiendo el poder: Acción Democrática (AD), socialdemócrata y COPEI, democristiano. Estas formaciones políticas, a las que no se les puede negar su carácter democrático, permitieron la construcción de una de las sociedades más corrompidas y menos igualitarias del mundo. Y en este sentido, es bastante elocuente la opinión del reconocido escritor venezolano Arturo Uslar Pietri: "Difícilmente se podrá contemplar un país tan opulento, dirigido hasta tal punto por algunos centenares de familias que se reparten entre ellas, desde hace decenios y al margen de sus opciones políticas, sus fabulosas riquezas", Venezuela en el umbral de un gran cambio, Le Monde diplomatique, diciembre de 1998. Y es que una distancia abismal separa a una minoría del resto del pueblo, que es el que ha ratificado a Chávez en el poder.

Esta situación es mucho más sorprendente, si se considera que Venezuela, segundo exportador mundial de petróleo, ha recibido en los últimos veinticinco años en concepto de venta de hidrocarburos, alrededor de 300 mil millones de dólares, es decir el equivalente a veinte Planes Marshall. Sin embargo, más de la mitad de sus habitantes continúa viviendo en la pobreza, una cuarta parte de la población activa está en el paro, un tercio de la población laboral sobrevive gracias a la economía sumergida, y más de 200.000 niños subsisten a base de la mendicidad.

En esta calamitosa Venezuela, ¿cuál es la naturaleza de la revolución que propugna Hugo Chávez?.

"Más allá de la crisis económica, Venezuela atravesaba sobre todo un crisis moral, ética, a causa de la falta de sensibilidad social de sus dirigentes. Porque la democracia no es solamente la igualdad política. Es también, e incluso antes que nada, la igualdad social, económica y cultural. Tales son los objetivos de la revolución bolivariana. Quiero ser el presidente de los pobres. Pero es necesario que extraigamos las lecciones de los fracasos de otras revoluciones que, aun afirmando que se proponían la búsqueda de esos objetivos, los, han traicionado, e incluso aunque los alcanzaran, lo hicieron liquidando en su camino a la democracia".

Estas declaraciones de Hugo Chávez, fijando los objetivos de su revolución bolivariana, despertaron las críticas de algunos medios de comunicación internacionales (como por ejemplo, The New York Times, 21 de agosto de 1999, e International Herald Tribune, 1 de septiembre de 1999), que no tardaron en acusar a Chávez de "jacobinismo autoritario", de "deriva democrática" y de "preparar una forma moderna de golpe de Estado".

Sin embargo, a pesar de la atmósfera apasionada que se ha vivido en Venezuela donde la riqueza de las discusiones y de los debates políticos recuerda a la Francia de mayo de 1968, no hubo que lamentar violencias graves hasta el golpe de Estado de 12 de abril de 2002, de todos conocido.

Pero el gran problema de Hugo Chávez es, insisto, su oposición frontal al modelo económico neoliberal impuesto por Estados Unidos y sus adláteres en esta globalización imparable que sufrimos, y donde algunos medios de comunicación no sólo han dejado de defender a los ciudadanos, sino que a veces actúan contra el pueblo en su conjunto, tal como hemos comprobado en la campaña mediática del referéndum, donde Globovisión (seguida a través de un canal local de Tenerife), hizo una campaña feroz contra Hugo Chávez.

Continúa...

rmorenocastilla@hotmail.com