Hugo Chávez, el nuevo libertador (II)
Ramón Moreno
Decía en la entrega anterior, que el gran problema de la "revolución bolivariana" emprendida por Hugo Chávez, es su naturaleza antiliberal, y que por ese motivo los protagonistas de la globalización lo han demonizado para promover su derrocamiento.
"Nos hace falta -decía Chávez-, buscar el punto de equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad. Hay que hacer que converjan la mano invisible del mercado y la mano visible del Estado en un espacio económico en el interior del cual el mercado existe en todo lo posible y el Estado en todo lo necesario". La propiedad privada, las privatizaciones y las inversiones extranjeras siguen garantizadas, pero con el límite del interés superior del Estado, que velará para conservar bajo su control aquellos sectores estratégicos cuya venta significaría la cesión de una parte de la soberanía nacional. Pese a ello, la ratificación presidencial de Hugo Chávez fue aplaudida en Wall Street porque garantiza el suministro de crudo a EEUU, a los que proporciona aproximadamente el 14% del petróleo que consumen.
Pero, la oposición sigue en sus trece, y a pesar de que la auditoría internacional que pedía la Coordinadora Democrática ha confirmado el triunfo chavista, ésta persiste en su ofensiva antidemocrática para derrocar al presidente.
Parece que el resultado del referéndum revocatorio no ha puesto fin al clima de crispación que se vive en Venezuela y que amenaza agudizarse en las próximas citas electorales del 31 de octubre para los 23 gobiernos locales y alcaldías y las generales de diciembre del año 2006.
Y es que la campaña mediática desatada contra Chávez alcanza su pleno apogeo, sobre todo, por parte de Globovisión (seguida desde Tenerife por un canal local). Uno de esos medios de comunicación que en determinadas circunstancias, no solo han dejado de defender a los ciudadanos -como correspondería al llamado cuarto poder-, sino que a veces, como en el caso venezolano, actúan en contra del pueblo en su conjunto, y donde los principales grupos de prensa, radio y televisión han desatado una verdadera guerra mediática contra la legitimidad del presidente constitucional Hugo Chávez que, desde 1998 y en elecciones libres, plurales y democráticas, ha derrotado, sistemáticamente, a la oposición política.
Mientras que éste y su Gobierno se han mantenido respetuosos del marco democrático, los medios de comunicación, en manos de un puñado de privilegiados, siguen utilizando toda la artillería de las manipulaciones, las mentiras y el lavado de cerebro para tratar de intoxicar la mente de la gente. En esta guerra ideológica, han abandonado por completo la función de cuarto poder; pretenden desesperadamente defender los privilegios de una casta y se oponen a toda reforma social y a toda distribución un poco más justa de la inmensa riqueza nacional.
El caso venezolano es paradigmático de la nueva situación internacional en la cual grupos mediáticos enfurecidos asumen abiertamente su nueva función de perros guardianes del orden económico establecido, y su nuevo estatuto de poder antipopular y anticiudadano. Estos grandes grupos no sólo se asumen como poder mediático, constituyen sobre todo el brazo ideológico de la mundialización, y su cometido es contener las reivindicaciones populares tratando de adueñarse del poder político al precio que sea.
La "guerra sucia mediática" que se libra en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez es la réplica exacta de lo que hizo, de 1970 a 1973, el periódico El Mercurio (y otros medios de comunicación chilenos como La Tercera, Ultimas Noticias, La Segunda, Canal 13, etcétera) contra el gobierno democrático del presidente Salvador Allende, hasta empujar a los militares al golpe de Estado, que desembocó en la sanguinaria dictadura de Augusto Pinochet.
No se olvide, que ya el 11 de abril de 2002 se produjo un fallido golpe de Estado en Venezuela que derrocó durante 47 horas a Hugo Chávez y estableció el Gobierno de facto del empresario Pedro Carmona, el breve. Y aunque el presidente fue rápidamente restablecido en el cargo, aún hoy estamos lejos de haber sacado todas las enseñanzas de este golpe tan particular, que es un verdadero caso de manual. De entrada, asombra la casi total indiferencia internacional ante la fechoría cometida contra un Gobierno que lleva acabo, con el mayor respeto a las libertades, un programa moderado de transformaciones sociales y que encarna la única experiencia de socialismo democrático en América Latina.
Entristece así constatar como los partidos socialdemócratas europeos se mantuvieron al margen y en silencio durante el aplastamiento a las libertades en Venezuela. Y que ciertos de sus dirigentes históricos como Felipe González hayan tenido incluso la indecencia de justificar el golpe (El País, 12 de abril de 2002), no dudando en compartir la euforia que manifestaron el FMI, el Presidente de EEUU y el presidente del Gobierno español entonces, José María Aznar, presidente de la Unión Europea en aquel semestre.
En este punto, es importante señalar que en los últimos 13 años ha ocurrido un fenómeno inaudito en la historia convulsa de Latinoamérica: seis presidentes elegidos democráticamente -el más reciente, De la Rua, en Argentina-, han sido derrocados por el pueblo, no por el Ejército.
Y ese ha sido, precisamente, el modelo elegido para tumbar a Hugo Chávez. La Coordinadora Democrática y los medios de comunicación venezolanos, fuera de sí, por la confirmación del presidente en el referéndum revocatorio, siguen conspirando para conseguir lo que no lograron en las urnas, el derrocamiento de Hugo Chávez.
Continúa...
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