DESDE EL GUINIGUADA
NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS
Félix M. Arencibia
Hace una pausa el invierno mientras Magec abrasa con sus rayos el cuerpo verde y desnudo de nuestro Archipiélago. El fin de semana, Bencomo Marrero, ha disfrutado del espectáculo de la bailarina canaria María Juncal. No es aficionado a este tipo de danza, pero disfrutó con el trance y el arte que derrochó la artista canaria y su grupo. La lluvia y el viento van y vienen en un carrusel enloquecido. Tenemos un invierno lluvioso, más en unas islas que en otras y más en unas vertientes que en otras. En las medianías del centro y el norte las lluvias han sido constantes y serenas. Han venido bien a los cultivos, aunque hay quien se queja porque el terreno se ha mojado demasiado y no se puede atender debidamente a algunos cultivos.
Bencomo tiene claro es que los árboles silvestres y frutales lo han agradecido, pues están rejuvenecidos. El viejo profesor tiene un huerto que atiende y que este año luce lleno de naranjas, limones, aguacates, mientras que los anteriores apenas dieron fruta. Cree que nunca llueve a gusto de todos, lo que a unos les beneficia a otros les perjudica. En las zonas sur y este las lluvias han sido más violentas y han causado grandes destrozos. Especialmente porque se han obstruído las escorrentías naturales de las aguas con escombros, edificaciones y por la ocupación de los propios barrancos con grandes obras públicas. Las lluvias en las ciudades resultaron más escandalosas de lo normal, las calles se convirtieron en auténticos ríos a la vez que rebosaron las alcantarillas que vomitaron las aguas malolientes.
Nos olvida el viejo Bencomo que las precipitaciones fuertes vienen después de un largo periodo de sequía. Además estas abundantes aguas no las estamos aprovechando todo lo que debiéramos. Al lado de la casa del profesor Bencomo se halla una sangradera que recoge todas las aguas de Villa Cemento y que por momentos va rebosando. Toda esta gran cantidad de agua muchas veces termina perdiéndose barranco abajo. Mientras, unos metros más arriba, duerme su siesta una gran presa que está casi vacía. Esto ocurre en muchos otros lugares del Archipiélago. Harían falta más embalses con nuevas técnicas para evitar que se filtren las aguas. Deberíamos tener una buena red de depuración de aguas que se puedan reutilizar en la agricultura. Se podría aumentar el número de las desalinizadoras modernizándolas para poder abaratar el coste del agua.
Ello contribuiría a fomentar una agricultura que fuera uno de los motores de nuestra economía y a no estancarnos en el monopolio turístico. Tenemos dos millones de habitantes y doce de turistas: ahí sin duda hay un gran mercado. Quizás a algunos no les interese el desarrollo agrícola, pero el bien común debe ser prioritario. Mientras se extasía con el verde de nuestros campos, Bencomo evoca a nuestro poeta Alonso Quesada: Tierra de amor, en lejanía ─ siempre llena de luz para mis ojos crédulos ─…
─ "Ello contribuiría a fomentar una agricultura que fuera uno de los motores de nuestra economía y a no estancarnos en el monopolio turístico "