Ocho de Marzo
Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Virginia Vidal

Mientras las mujeres trabajadoras, las operarias, las recolectoras de frutas, las quemadas con pesticidas o afectadas en la gestación de sus hijos por esos venenos, no ven adónde acudir para recuperar sus derechos y conseguir respeto, el comercio huele que ya se aproxima la mítica fecha del Ocho de Marzo y se dispone a ofrecer cosméticos, perfumes, lencería, productos suntuarios, "happy hours", etc. mientras las mujeres jóvenes y rebeldes se preguntan: ¿por qué un día? "Un día de caridad" lo mienta la artista Ana Videla Lira (*).

Ya nadie recuerda que en Chile fue el doctor Salvador Allende que, como presidente de la república de Chile, oficializó ese día varios años antes que tomaran tal decisión las Naciones Unidas en 1975, Año Internacional de la Mujer.

El Ocho de Marzo despertará del letargo alguna asociación democrática de damas y tratará de desempolvar banderas desteñidas, pero nadie, nadie se pone en campaña para hacer el catastro de los derechos conculcados a las mujeres trabajadoras en estos últimos treinta y un años, considerando todo lo que hizo la dictadura y qué no hizo ni ha hecho esta democracia. Urge celebrar unas primarias para ver hasta qué punto fue disuelta, perseguida y atacada la organización sindical y cómo fueron perseguidos y torturados sus dirigentes y afiliados, tanto hombres como mujeres. Corresponde simultaneamente hacer el catastro del daño profundo sufrido por el país, con hechos y medidas que enajenan su destino: tratado de libre comercio, impunidad para que las transnacionales saquen el cobre sin pagar ni siquiera impuestos, repudio al royalty, amenaza de privatizar CODELCO, en lo que se han lucido mujeres candidatas y un ex presidente que no representan para nada los intereses del país y sus habitantes.De paso, cabe constatar que ni ellas acudieron a abrazar a las viudas recientes de los siete obreros de la construcción caídos de un andamio ni él se apersonó en su hora para visitar a las viudas de los diecisiete mineros del carbón muertos en una explosión de grisú poco antes del cierre de las minas.

Más allá del mito, del intento de buscar alguna constancia de que hubo un especial ocho de marzo, conviene recordar las largas luchas de las obreras de todo el mundo desde que la revolución industrial las incorporó a las fábricas.

En 1913, la revolucionaria rusa, Alejandra Kollontai decía:

"El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero."

Y ponía énfasis en la participación de las mujeres en las organizaciones obreras al afirmar con alborozo:

"El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del costo de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras."

Sin duda, la Kollontai aludía a la conmemoración de 1911,donde más de un millón de mujeres participó públicamente. Fuera del derecho a voto y a ocupar cargos públicos, demandaban el derecho a trabajar, a la enseñanza vocacional y el fin de la discriminación en el trabajo y a su lucha por la igualdad de derechos expresaban su voluntad de preservar la paz mundial.

Dicha conmemoración cumplía un acuerdo tomado por iniciativa de la revolucionaria Clara Zetkin (1857-1933), líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague los días 26 y 27 de agosto de 1910.

Una trágica paradoja sucedió a esa conmemoración de 1911, porque días después, el 25 de marzo, hubo un incendio en la fábrica "Triangle Shirtwaist Company" en Nueva York donde murió más de un centenar de mujeres, la mayoría jóvenes inmigrantes de diecisiete a veinticuatro años.

En esta jornada conviene recordar a los primeros feministas y a las primeras feministas de este país, al precursor Luis Emilio Recabarren que creó en el norte salitrero los Centros Femeninos "Belén de Sárraga", al dirigente obrero Salvador Barra Wall que se firmaba Dora Vals en la columna por él escrita y dedicada a las mujeres y sus derechos; a Salvador Allende que consagró su vida a legislar en pro de los derechos de la mujer y del niño, a Elena Caffarena y Olga Poblete, fundadoras del Movimiento de Emancipación de la Mujer.

No es cometido de esta columna sino tarea de las mujeres obreras como también de todas las trabajadoras chilenas y latinoamericanas sacar conclusiones de lo transcurrido en el curso de noventa y tres años y su incidencia en la vida de todas.

El Ocho de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora no es día de carrete, de juerga, de show, sino de reflexión para la acción.

(*) "Consideraciones en torno al 8 de Marzo "

Con dos bultos en el pecho

Y una rajadura entre piernas

No basta para atestiguar la condición de mujer

Me aburren los poemas feministas y el arte de mujeres,

las madres dolientes y las esposas sufridas,

la mujer emancipada,

La doncella virginal y la puta condenada.

El pasivo acto de la espera

La nutrición incondicional

La reproducción infinita

El consuelo balsámico

El útero protector y la histeria colectiva.

Colmadas de etiquetas

deambulamos este mundo

inventado por varones

que nos deben la existencia.

8 de marzo ("día internacional de la mujer")

No podemos seguir celebrando un día de caridad, que se preste para que los varones nos brinden un saludo o una flor, que servirá para aquietar nuestros roles pasivos. Con las disculpas necesarias sobre el machismo imperante esperan que agradezcamos esa sonrisa conciliadora y misericordiosa que perpetúe el sometimiento de quienes los parieron e inventaron.

Si las mujeres tenemos nuestro día de celebración, es porque los restantes días del año no nos pertenecen, es porque aún siendo la mayoría de la población, conformamos un segmento marginado, en el sentido de la toma de decisiones y las políticas gobernantes.

La mujer revolucionaria no se diferencia de la mujer tradicional, no es más o menos revolucionaria por su género sexual, el asunto es homenajear realmente a estas mujeres por su calidad de condición humana que las hizo vencer las adversidades y entregarse a la lucha social. Dejando en claro, que:

Una organización revolucionaria debe cuestionarse la participación que en ella han asumido las mujeres, y empezar por reconocer que esta lucha se origina desde adentro.

Personalmente, aborrezco los halagos sobre lo valerosas y combativas que pueden ser las mujeres en la lucha; como quien alienta solapadamente a su servidumbre a servir el café, como Carlos Puebla en su canción, "si no fuera por Emiliana nos quedaríamos con las ganas de tomar café, de tomar café, de tomar caaaaafée").

No soy esposa ni madre, los dos títulos socialmente más apreciados en esta cultura de la propiedad y la producción; soy nada más que mujer, sin adjetivos serviles; y me gustaría tener cosas que proponer en la construcción de esta empresa, pero desde el lenguaje que nos es propio, no desde la permisibilidad masculina.

La mujer se sostiene por sí misma, no necesitamos que nos brinden un día calendario, tenemos nuestro propio ciclo. Somos portadoras de cultura y como tales debemos hacer consciente el poder con que contamos al transmitir a nuestros hijos y educandos, las simientes de un mundo nuevo.

Porque asumimos a la vez, la responsabilidad de esta ignominia.

Ana Videla Lira