DESDE EL GUINIGUADA

LOS ALVIDADOS EN CANARIAS

Félix M. Arencibia

Hoy el sol ha encendido los campos verdes de nuestro Archipiélago Canario. Gara Sánchez está más optimista, a pesar de lo ve cada día. Es trabajadora social en uno de los barrios olvidados de la capital. Aquellos donde no llega la guagua, los taxistas no quieren ir, las calles están intransitables, faltan parques y zonas verdes, no hay instalaciones deportivas y de ocio, sanitarias… Lo peor de todo son las condiciones sociales y psicológicas en se encuentran las personas que han perdido la esperanza. El paro, la droga y la delincuencia hace estragos entre los más jóvenes. Éstos son carne de cañón, de marginación y cárcel, a algunos la muerte les sorprende envuelta en una droga adulterada.

Gara ha palpado el dolor de las gentes que viven en los barrios olvidados. El de la abuela que mantiene con su mísera pensión a su nieto y a su hija drogadicta. A ellos no ha llegado el dinero de los Planes integrales de empleo, ni las ayudas de la UE, ni del Gobierno de Canarias, el ayuntamiento o el cabildo de la isla. Se dice que no hay dinero para contratar a más trabajadores sociales, que son imprescindibles para prestar una ayuda eficaz a esas familias desesperadas. Casi todos las han olvidado, sólo son concientes que existen cuando realizan algún hurto en la fachada de la capital.

Estos seres humanos ignorados se ayudan y se arropan entre ellos. Le emociona a Gara, cuando oye en alguna emisora, las palabras de una esposa joven: "A mi marido que está en el módulo 5, te quiero, ya te queda poco". O las palabras desesperadas de una madre: "¡No te preocupes hijo, el sábado voy a verte!". Para esta sufrida gente no hay planes concretos que les ayuden a ser más autónomas, ni para dotar a sus barrios de las instalaciones necesarias para poder llevar una vida digna. Son personas recuperables, es rentable, desde el punto de vista humano y social, el invertir en ellas. También lo sería desde el económico, pues se evitaría parte de la delincuencia y el gasto en mantener encarcelados a esos seres indefensos.

Se dice que no hay dinero y vemos como se proyectan gastos en: la Gran Marina, unas nuevas instalaciones para infecar, la destrucción y reconstrucción en el Guiniguada, carreteras y más carreteras… El proyecto del Guiniguada es una obra que puede adornar la fachada de la ciudad, que puede quedar muy estética, pero hay que establecer prioridades. Por supuesto, la solución no es vender Emalsa para invertir una miseria en los barrios y agravar el asunto del agua. Gara Sánchez ve caer las sombras mientras relee los versos de nuestra poeta Mª Jesús Lozano Cáceres: "Quiero cambiar cualquier acto mezquino / ante la hora solemne de la noche; / sentir que ya he cumplido mi destino".