LAS OPCIONES POLÍTICAS DEL “27 M” (I)

 

Ramón Moreno

 

Creo que resultará interesante analizar, siquiera de pasada, y desde el aspecto sociológico, que también político, a los diferentes partidos que concurrirán a las llamadas elecciones locales y autonómicas del próximo mes de mayo, ya en precampaña, como CC, CCN, NC, PSOE, AP y otros.

 

Para ello conviene no perder de vista la perspectiva histórica, con la que podremos apreciar la metamorfosis y, en su caso, las mutaciones, que han experimentado algunas de estas formaciones políticas canarias, desde la reinstauración de la democracia hasta hoy en día. Y donde los grandes partidos estatales, que operan en nuestro Archipiélago con sus respectivas “franquicias” -PSOE/PP-, han puesto de relieve en todo momento, su dependencia y sumisión a Madrid, “dejando claro” la “indiscutible” e “incuestionable” “españolidad de Canarias”.

 

Ello ha propiciado que, por ese motivo, en todas las convocatorias electorales, se haya  producido, de hecho, una auténtica confrontación “nacionalismo español” Vs “nacionalismo periférico”, con independencia de quienes hayan “representado” a éste último; ocupando el espacio nacionalista, sin serlo en absoluto, con todo lo que ello ha representado para el Campo Nacional Canario, al prostituirse la propia esencia del nacionalismo.

 

El auténtico  nacionalismo -que viene de nación-, ha sido utilizado de forma espúrea, aprovechándose de su enorme dimensión antropológica como fuerza natural y motriz que está presente en los comportamientos humanos, cuando el hombre se identifica con su tierra, sus gentes, sus costumbres y su historia; componentes inequívocos e indisociables de las señas de identidad de un pueblo. Que en Canarias cobra especial significación, por cuanto existe un evidente “hecho colonial”, que no podemos obviar.

 

Aparte de las “experiencias” de PCU, UPC, y otras, hay un acontecimiento relevante que conviene reseñar. Después de que la “caja de grillos” de UCD saltara hecha añicos, los “ucederos” de Canarias se fueron reubicando: unos en el PSOE, y otros en AP/PP, y los otros creando nuevos partidos políticos.

 

Así surgió la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) -con Manuel Hermoso y sus correligionarios a la cabeza-; convencidos de que la “canariedad” era un importante caladero de votos. “Filosofía” que tuvo su respuesta, y el resto de las Islas hicieron lo propio, ofreciendo su “cuota” de insularismo: API, en La  Palma; AHI, en el Hierro; AGI, en la Gomera; y por extensión, AIL, en Lanzarote; e IF, en Fuerteventura.

 

Todos bajo la indisimulada égida de ATI, que manejaba el cotarro, y lo que sigue manejando. Sin embargo, en Gran Canaria nunca cuajó esa iniciativa de corte eminentemente “isleño” (pese a la irrupción en la escena política de País Canario, AIGRAN y otros intentos), quizá por el “carácter más cosmospolita” de Las Palmas, con respecto a Santa Cruz y al resto de las capitales del Archipiélago, menos “internacionalizadas”. O sea, Gran Canaria ha sido la “pata coja” del proyecto insultarista, lo que ha dejado prácticamente el camino expedito al PSOE y PP, como se ha demostrado en todo este tiempo, en el escrutinio del voto grancanario poco proclive, al parecer, a “insularisarse”.

 

La de “ATI and company”, era una tímida y temerosa aproximación al nacionalismo canario, que solo ha llegado al “nacionalidismo” que contempla la Constitución española de 1978, que acuñó el vocablo “nacionalidad”, sustituyendo de forma subrepticia al verdadero y auténtico término de nación. Lo que constituye, a fuer de ser reiterativo; otros lo son con los malévolos eufemismos al uso, una maquiavélica perversión jurídica del concepto de nacionalismo.

 

Para darle carácter “archipielágico” al invento, se constituyó la Federación Regional de Agrupaciones Independientes de Canarias (FRAIC); siglas que no gustaban nada a España -encantada, por otra parte, con esa “modalidad” de nacionalismo; “made in Canary Island”-, ya que podían convertirse en “Frente Revolucionario Armado de las Islas Canarias”, con el consiguiente reconocimiento como “Movimiento de Liberación” por otra parte de la entonces OUA, como lo había sido antes el MPAIAC de Antonio Cubillo, con las consecuencias de todos conocidas. Por eso, se suprimieron de inmediato las letras “FRA” (que también podían venir de frangollo), convirtiéndose entonces solo en AIC, Agrupaciones Independientes de Canarias, que “sonaban” mucho mejor, y que luego dieron lugar a la actual Coalición Canaria.

 

Han sido los mismos “perros con diferentes collares”, que han estado usurpando el sentimiento nacional canario, ocupando el espacio político nacionalista, a sabiendas de que, por la ley de “impenetrabilidad de la materia”, donde está un cuerpo, es metafísicamente imposible que ese lugar pueda ser ocupado por otro. No importaba, pues, “jugar a nacionalistas”, ya que el marketing político decía, que este “malabarismo”, era sumamente rentable electoralmente... y en “otros aspectos”.

 

Situados en el espectro político de centro-derecha, tanto las anteriores siglas, como ahora CC, han encarnado a lo que podríamos denominar la “burguesía tinerfeña” y a la de las otras islas; una extracción social que, en su conjunto no ha dejado de ser: dependiente, timorata y pusilánime, erigiéndose en todo un “hecho diferencial” y anecdótico en el mundo contemporáneo, donde éstas, han sido históricamente el detonante y el motor de los procesos emancipadores de todos los pueblos de la tierra.

 

En todo este tiempo han mantenido un discurso aquí, y otro en Madrid, pactando con quién gobernara en la metrópoli, sin plantearse seriamente que hay que “cortar amarras” cuanto antes, por la propia supervivencia de este pueblo.

 

rmorenocastilla@hotmail.com

 

Canarias, febrero de 2007