Para ello conviene no perder de vista la perspectiva histórica, con la que podremos apreciar la metamorfosis y, en su caso, las mutaciones, que han experimentado algunas de estas formaciones políticas canarias, desde la reinstauración de la democracia hasta hoy en día. Y donde los grandes partidos estatales, que operan en nuestro Archipiélago con sus respectivas “franquicias” -PSOE/PP-, han puesto de relieve en todo momento, su dependencia y sumisión a Madrid, “dejando claro” la “indiscutible” e “incuestionable” “españolidad de Canarias”.
Ello ha propiciado que, por
ese motivo, en todas las convocatorias electorales, se haya producido, de hecho, una auténtica
confrontación “nacionalismo español” Vs “nacionalismo
periférico”, con independencia de quienes hayan “representado” a éste último;
ocupando el espacio nacionalista, sin serlo en absoluto, con todo lo que ello
ha representado para el Campo Nacional Canario, al prostituirse la propia
esencia del nacionalismo.
El auténtico nacionalismo -que viene de nación-, ha sido
utilizado de forma espúrea, aprovechándose de su
enorme dimensión antropológica como fuerza natural y motriz que está presente
en los comportamientos humanos, cuando el hombre se identifica con su tierra,
sus gentes, sus costumbres y su historia; componentes inequívocos e
indisociables de las señas de identidad de un pueblo. Que en Canarias cobra
especial significación, por cuanto existe un evidente “hecho colonial”, que no
podemos obviar.
Aparte de las “experiencias”
de PCU, UPC, y otras, hay un acontecimiento relevante que conviene reseñar.
Después de que la “caja de grillos” de UCD saltara hecha añicos, los “ucederos” de Canarias se fueron reubicando: unos en el
PSOE, y otros en AP/PP, y los otros creando nuevos partidos políticos.
Así surgió
Todos bajo la indisimulada égida de ATI, que manejaba el cotarro, y lo
que sigue manejando. Sin embargo, en Gran Canaria nunca cuajó esa iniciativa de
corte eminentemente “isleño” (pese a la irrupción en la escena política de País
Canario, AIGRAN y otros intentos), quizá por el “carácter más cosmospolita” de Las Palmas, con respecto a Santa Cruz y al
resto de las capitales del Archipiélago, menos “internacionalizadas”. O sea,
Gran Canaria ha sido la “pata coja” del proyecto insultarista,
lo que ha dejado prácticamente el camino expedito al PSOE y PP, como se ha
demostrado en todo este tiempo, en el escrutinio del voto grancanario
poco proclive, al parecer, a “insularisarse”.
La de “ATI and company”, era una tímida y
temerosa aproximación al nacionalismo canario, que solo ha llegado al “nacionalidismo” que contempla
Para darle carácter “archipielágico” al invento, se constituyó
Han sido los mismos “perros
con diferentes collares”, que han estado usurpando el sentimiento nacional
canario, ocupando el espacio político nacionalista, a sabiendas de que, por la
ley de “impenetrabilidad de la materia”, donde está un cuerpo, es metafísicamente
imposible que ese lugar pueda ser ocupado por otro. No importaba, pues, “jugar
a nacionalistas”, ya que el marketing político decía, que este “malabarismo”,
era sumamente rentable electoralmente... y en “otros aspectos”.
Situados en el espectro
político de centro-derecha, tanto las anteriores siglas, como ahora CC, han
encarnado a lo que podríamos denominar la “burguesía tinerfeña” y a la de las
otras islas; una extracción social que, en su conjunto no ha dejado de ser:
dependiente, timorata y pusilánime, erigiéndose en todo un “hecho diferencial”
y anecdótico en el mundo contemporáneo, donde éstas, han sido históricamente el
detonante y el motor de los procesos emancipadores de todos los pueblos de la
tierra.
En todo este tiempo han
mantenido un discurso aquí, y otro en Madrid, pactando con quién gobernara en
la metrópoli, sin plantearse seriamente que hay que “cortar amarras” cuanto
antes, por la propia supervivencia de este pueblo.
rmorenocastilla@hotmail.com
Canarias, febrero de 2007