Una
oportunidad a
Francisco Orcajo
Campillo
Este lunes, en las cercanías de Nueva York, se ha
iniciado un proceso de negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario
auspiciado por Naciones Unidas y a propuesta del Grupo de Amigos del Sáhara,
entre los que se encuentra España. La resolución 1754, aprobada por el Consejo
de Seguridad instaba a las partes a reunirse “sin condiciones previas”. El mero
hecho del inicio de estas reuniones ya es un acontecimiento digno de reseñar.
Baste recordar que no ha existido ningún tipo de conversaciones en este sentido
desde hace 10 años. Estamos en un punto de difícil solución, pero si no damos
una oportunidad al diálogo, cualquier otra alternativa ensombrecería un
horizonte bastante tétrico de por si.
En los últimos meses se han producido algunos hechos
realmente desalentadores. Por un lado, cualquier tipo de protesta en Marruecos
y en los territorios ocupados está siendo duramente reprimida. Por otro, la
situación en los campamentos de refugiados en Tinduf
ha empeorado por la escasez de alimentos, las inundaciones y la desesperanza
que anida después de 32 años de abandono por parte de la comunidad
internacional.
Quien ha leído hasta aquí, pensará que no soy
imparcial. Es cierto. En la hamada de Tinduf conocí a Yminaya, a Cajalús, a Abba, a Leisa, a Ahmed… todos ellos me
recibieron con los brazos abiertos y compartieron conmigo sus escasas
pertenencias. Con ellos fui realmente feliz. Allí descubrí que la dignidad de
un pueblo es una riqueza que nadie nos puede arrebatar.
Por eso espero que quienes se sientan ante la mesa de
negociaciones sean capaces de alcanzar una solución “mutuamente aceptable”. Ni
tan siquiera me atrevo a pedir Justicia. Sólo quiero que mis amigos del
desierto puedan mirar al futuro con esperanza.
* Publicado en el Diario de Burgos