
UNA
POETICA PARA UNOS CUANTOS VERSOS AMOROSOS
Alguien
dijo alguna vez, creo que Rosa Chacel, que escribir es comunicar un secreto.
Luego vino Borges y remató diciendo que él esperaba y a veces algo venía
(convertido ya en historias de palabras). Luego sólo quedaba -concluía Jorge
Luis- aceptar el resultado como una fatalidad. Yo también quiero comunicar mi
secreto, mi hallazgo, mi encuentro, el inesperado descubrimiento del siempre
sorprendente y sorprendido verso que desciende sobre el papel para
anunciarnos una nueva metáfora, una sugerente imagen, una cambiante emoción,
con las que poder reconciliarnos de nuevo con el mundo, con la vida, con
uno mismo.
Pero
en un determinado momento te ocurre encontrarte frente a la soledad del
lecho amoroso el día menos apropiado, la noche más desamparada e imprevista
-por lo oído, visto y leído, siempre fue así y por siempre -cuentan- lo será-.
Entonces oyes tu nombre en boca de un desconocido que se apiada de tu ridícula
y trágica situación y te suelta un "tranquilo muchacho, no es la primera
vez que ocurre, ni tú serás el último". De pronto, empiezas a sentir
esta frase como la más asquerosamente consoladora de todas las posiblemente
planteables para la maldita ocasión. En ese preciso momento -sin apenas pensártelo-
sacas el puñal afilado que llevas fajado al pantalón -y que hacía meses que
no utilizabas- y le das tres certeras puñaladas en el centro mismo del corazón.
Cuando el desgraciado hombre anónimo cae al suelo, agarras fuertemente de
nuevo el puñal ensangrentado con las dos manos y lo hundes hasta el fondo del
tuyo -en tu ya sufrido y dolorido corazón- donde queda clavado, hasta la empuñadura
de plata con rubíes y esmeraldas incrustadas, y que si la miras fijamente
parece formar una figura lo más parecido a un corazón partido, el mismo que
acaba de atravesar de una parte a otra, del uno al otro lado y ya esta vez
por siempre jamás.
El
punto final lo pondrá Julio Cortázar diciendo: "intentemos vivir
reinventando pasiones nuevas, o reviviendo las antiguas con pareja
intensidad".
Jose Almeida Alfonso
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Orilla
azul
como
una gaviota ausente, suspendida, un
beso soñado recala en
la orilla azul de mis labios.
en
la noche que abarca circular las solas ansias, y
la árida tierra erosiona los anhelos amorosos de
nuestra centenaria quietud. (Sólo
nuestro milenario sueño pervive intenso como
aquel primer día de descubrimientos).
a
la palabra que hiere, a
las manos-ansias, a los besos-párpados, a
las lunas-crecientes que
requieren nuestra presencia, -inmediata
voz percibida a lo lejos-,
en los callados ámbitos de nuestras
miradas.
que
sucede al vértigo del amor, que
llenaré con caricias-palabras, con
palabras-estrellas, con sueños-abrazos en
el silencio preciso de sentir. Cuando
tu confianza esté agotada, será el otorgar mi
más grande ternura, en
un cercano oasis de palomas para
beber tus senos hasta no saciarme nunca, y
remontar el más alto vuelo en
las alas inmensas alas de tu corazón florecido.
siete,
ocho, diez, mil estrellas de verde esperanza, para
que el sueño de la terrible truncada libertad perviva
por siempre-jamas en nuestros requeridos Atlánticos
Peñascos Africanos).
las
tibias noches compartidas, el
exacto rumor de las caricias, la
linda calidez de tu piel de azucena, que
vuelve a encontrarnos de nuevo, sorprendidos, en
el mismo territorio del deseo presentido. la
espera Uno
siempre había esperado una cosa así: poder
hablar de lo inefable, poder ver lo invisible, caminar
por la senda de lo ilimitado De
los sueños imposibles, de los más altos ensueños. Abandonar
por siempre los engañosos atajos que
perturban el andar, doblegan el alma y
nos alejan de los más bellos paisajes. Uno
siempre había esperado a alguien como tú: adorable,
querible, más allá de todo oscuro sentimiento, más
acá de toda innombrable pasión. Uno
siempre había esperado y por fin, llegaste juguetona,
revoltosa, arrolladora, como
una ola alta de luz a inundar las
orillas tenebrosas de mi oscuro ser. Y
llegaste, por fin, magnífica,
distinta, impetuosa, como
un incendio inmediato a
quemar las nubes de mi desolación, a
convertir en ceniza los
secos rastrojos de mi locura. Uno
siempre, no sé... quiso querer que
lo quisieran, como tú quieres inmenso,
profundo, verdadero como
un incontenible océano de pasión.
El
deseo voluptuoso, sensual, no ve palpa,
siente el contorno exacto de tu piel de azucena. La
mirada de fuego extiende todas las caricias y
voy, vamos, dibujando los perfiles del amor en
nuestros deseados espacios habitados. Es
la explosión del candor, De
el ansia remontando su vuelo de ternura. Somos
los horizontes azules, precisos en
un océano de olas inquietas, amorosas, juguetonas que
van, que vienen a nuestras geografías reconocidas. Sólo
los susurros del celaje, de la nube suspendida distinguen
la naturaleza de tu cielo, el
mar de mi pasión. Es inmenso el
placer de la contemplación, el roce de
tus labios incendiados en
el justo momento de la comunión: rumor
de pájaros ansiosos sobre las ramas largas como
abrazos, que suben bajan se enredan derramando
la perfecta fragancia del deseo último por
nuestros cuerpos sudorosos, fundidos en
un sólo destino amoroso. Despacio,
poco a poco, la flor presentida de tu encanto hace
florecer, incontenible, la fruta encendida de la pasión Así
puedo acariciar, beberme pletórico la
verdad revelada de tu cuerpo, el
secreto tesoro que descubro jubiloso: rojísimas
cerezas, carnosos pétalos alimentan
mis labios de luz, las manos de espuma seducen
las yemas dulces de mis dedos azules. Un
aire tibio recorre todos los sentidos, desciende
como un rayo un tremendo escalofrío, cuando
tu mar en mi cielo son uno se
repite deliciosa la hora perfecta de
los encuentros amorosos en la noche oscura. Así,
envueltos en esa atmósfera tenue, morimos de vida, nos
acercamos al origen, a la esencia de todos los caminos: hacer
sentir, sintiendo, el palpitar olvidado de la tierra, los
latidos más intensos del Universo.
Viajero
del sueño
el
paisaje se me muestra terrible, absurdamente
bello. Tan bello que
uno no quisiera perturbar ni
un sólo centímetro de su esplendor. Entonces
me olvido un instante de
aquella lejana crueldad: el paisaje concreto siempre
es pura fragancia que permanece, que te eleva te
seduce, te envuelve, sin más excusa que
su propia naturaleza adorable. Tan adorable que
siento sentir esa sensación inmemorial de
antiguos dioses, de dioses inquietos. A
ese eterno momento de puro goce se
dirigen todas las miradas, todas
las ambiciones todos
los destinos. en
ese eterno momento comprendo, la
necesidad de todas las caricias, el
deseo de todos los besos.
a
Tinamar, alto y húmedo, recorro
los terrribles y encantadores paisajes, de
una tierra redonda, absoluta, en extraña quietud, para
reencontrarme con la cándida ternura de
tu presencia volandera ,con las cascadas a
borbotones de tu risa, con
tu palabra luminosa que se enreda siempreviva
entre los almendros y
los tilos de mi vida.
como
si nada fuese real; -¿A qué más realidad?- y
bajar desde la cumbre a la playa a sentir el
rumor del mar, el vaivén de las olas inquietas oliendo
la fragancia de su espuma por
la cercana orilla tibia, por la suave arena húmeda. Aquí
el amor se convierte en una querencia necesaria para
poder soportar el peso de los siglos, el
insoportable peso de los años, el
siempre presentido murmullo de uno mismo.
geometría
de dos seres, la cierta encarnación
del amor, el
exacto rumor de la ternura. Que
tu corazón me adivina jubiloso los latidos eternos
de mi oscura vida, que
a tu lado revolotean sin cesar los
pájaros de la alegría.
de
todos mis sueños, el
auténtico ser de todos mis anhelos amorosos.
con
un inmenso anhelo, hiciste
posar las palomas de
la felicidad en mi alma colmenera.
para
ver, para sentir el azul completo de
un día luminoso.
en
la oscuridad de la noche. Sentir tus latidos serenos,
como de mar en calma. Sentir
el calor de tu cuerpo fundiéndose con
el calor del mío, para
irradiar todas las cosas que conforman el espacio de
nuestros sueños.
hacer
crece las flores con maravillosos colores, de
tantos jardines marchitos por el olvido. Descubrir
que nuestros más ansiados deseos pueden
esperar sin que sean consumidos por
el fuego de una pasión inútil.
nuestras
pequeñas cosas de gran alcance que
nos hacen intuir otras realidades más cercanas. Compartir
también, todas las desdichas que
se ciernen alrededor nuestro, dentro como
terribles puñales afilados. Al
fin, es una delicia sentirte, una
gran dicha descubrir nuestro inmenso anhelo que
llega como una ola alta de luz.
que
me puede pasar. Lo más hermoso: cercana
a mí te quiero. Y
sólo cuando te alejas -no en la distancia física, en
la otra, quizás más cruel- sólo entonces creo morir: sentir
sobre mí cien mil atmósfera fulminantes.
este
desesperante vivir de sentirte tan
lejana al lado mío. Cercano
a ti me quiero.
luminosa, como
de barranquillo sereno o día azul intenso.
acarician, Lo
que antes era murmullo inaudible, es
ahora blanca espuma reconocible. Lo
que antes eran oscuras incertidumbres son
ahora purísimas montañas de certezas. De
tí me llegan viejos secretos callados durante
largos siglos de desamor. De
tí recibo las enseñanzas de los ciclos perfectos de
la naturaleza, el orden exacto de las estaciones. Sé
que juntos podemos andar, inventar el
camino de los sueños, la senda desconocida del amor.
Contigo
se siente la fuerza de los volcanes dormidos, el
poder de las estrellas lejanas, la
energía de las lunas del mar, de
los soles de las montañas.
impotentes,
revelan su naturaleza entrañable. Tienes
el don de disipar todos los temores: el
temor de la vida y el temor de la muerte aunque
pervivan en ti como soplos de alas de mariposas.
con
la mirada de la inocencia perdida del
candor rescatado.
que
todo, árboles, pájaros, montañas, flores, lunas,
besos, sólo existen para confirmar la
grandeza del amor.
del
punzante delirio de los verdes tallos, -que
asciende sabiamente colocada-
que
profundamente rasgan,
para
que una mañana distinta, hermosa sin
esperarlo, ya sin más alcanzar
la cima esplendorosa, la
inmensa belleza luminosa de
un tremendo rosal.
el
que hace surgir el temor no sabido, no confesado. Aún
así, permanezco indiferente, impávido ante
la sucesión de difuntos que
yacen en los recuerdos. Pero
no al estrangulador oscuro de florecillas. No
ante el asesino feroz de ansias sin sueño. Sus
manos sostienen el mundo como una marioneta, como
una mañana oscura, como un sinsentido amargo todo
se vuelve contra la tierra húmeda.
en
mareas de días y playas. Otro principio igual
que un campo de amapolas y distinto como razas.
no
te puedo abandonar en este día en
esta calma que me posee, en esta hora que agoniza el
vientre caduco en los dientes de la serpiente.
con
el mar desde siempre. Afrika
Los
anhelos de un inmenso corazón.
Revelan
la poderosa luz, la luz intensa De
un afán de truncada libertad.
en
los gestos, un mágico sueño ancestral pervive en
sus telúricos ritos, en su ritmo permanente.
resurge
del polvo sediento de la esclavitud para
reconquistar un espacio de grietas palpitantes.
un
cielo estrellado de infinitos desvelos. Al
final un mismo pájaro de fuego traerá en
sus africanas alas las claves más sonoras del
sueño más antiguo de nuestra común libertad.
Ahora,
después de tantos sueños desvanecidos, de
romper mil labios de amargura y llanto, de
finísimos puñales relucientes de cobardías, de
traiciones hirientes hasta lo indecible.
y
de permanecer atento al cambio de las mareas, a
las reveladoras fases de la luna.
no
quiero abandonarme, que me abandones a
la suerte cruel de un día cualquiera, al
frío cortante de mil puñales afilados.
que
trae en sus alas las claves de todos los vuelos, en
su garganta los secretos de todas las canciones.
aún
me sostenía la tenue línea del horizonte. Tu,
resplandeciente, iluminada como
un día soleado de luceros como
una noche poderosamente estrellada de lunas.
Y
cautivaste de inmediato todo el recinto, las
ansias de mi sueño imposible.
arrastrando
aguas estancadas, olvidos dejando
sólo la confirmación de la alegría.
Con
el mejor de mis sueños, Con
la más grande ternura.
en
las ramas frágiles de los árboles marchitos, ni
en las crestas de inquietas olas que
siempre van a morir a todas las orillas.
Parte
de las ingenuas sonrisas, de
las desordenadas ondulaciones de tu pelo, del
resplandor blanco de tu piel de flor tibia, de
tus manos de gracia azul, infinita.
vuela,
libre, en las alas de los pájaros rojizos, blancos
de la aurora.
de
la espuma negra que se desvanece.
a
las cimas altas de inmensos anhelos.
porque
has conseguido liberal la mordaza de
tantos vacíos, de profundos abismos. Mi
sueño ya no se detiene vuela,
asciende, corre, libre, junto al tuyo por
encima del mar. A
veces, al despertar oscuro de la mañana siento
tu ausencia clavada en mi pecho. Tu
ausencia, herida abierta que no se detiene en
mi corazón sangrante de ansiedades.
que
recorría nuestros cuerpos deseosos, soñados. Sólo
viento frío, escombros para la mirada. Aunque
escucho tu voz, lejana, no es lo mismo. Mis
labios oscuros, mis manos pétreas y
quiero irme, irme lejos, ser
ala, sueño, nube, mar inmenso para
tu cielo siempre.
Saborea
ahora la amargura del deselance que
se percibe, que te hincha esplendoroso el
corazón suspendido. Apura hasta el vacío Las
copas de pétalos deseosos con
sonidos de trinos y campanas lejanas.
la
flor deshojada del ansia y el temblor cuando
los siglos no son otra cosa que
miradas y abismos de oscuridad.
y
siente la estación conjunta del
sueño de hojarasca, de nube alta de
lucero luminoso como abrazo.
El
soliloquio sensual y tremendo del
despertar alboreado de las memorias: el
rocío, la hierba, la hoja o
el gusano que repta.
violentamente
sobre los ojos y las bocas. En
las palabras beben y adjuran. Temen La
luz del sándalo. Y el olor Que
se mete dentro, muy adentro, el
dolor y la desesperación. No existen. Como
el amor o el juego, no son nada.
en
la madrugada, andando despacio, hundido,
despreciado, maltratado, con
las manos abiertas deshaciendo los
revoltijos de las entrenadas. Y
te vienen de nuevo los acordes, |