OTRO
GALLO NOS CANTARÍA
Por Jose Almeida Afonso
Que la solidaridad no es un valor en alza, ni una
práctica más o menos habitual de las personas que más podrían desarrollarla,
nos los muestra y demuestra con incontestable rotunda claridad, con apabullante
patente desnudez, la incuestionable realidad cotidiana.
Inmersos como estamos en un castrante,
oscurantista y perverso sistema capitalista, donde los principales valores que
priman son una individualidad feroz, insolidaria,
mezquina (hay otra individualidad más positiva, más constructiva, que es
aquella en la que el individuo intenta definirse ante los demás para construir
su propia personalidad, su peculiar manera de ser y estar en el mundo, su
particular forma de relacionarse con los demás, y con su entorno más próximo o
lejano, pero -y esto es lo fundamental, lo esencial- sin anular al otro, sin
avasallar y, por su puesto, sin humillar a su semejante, inspirado en un
profundo respeto, intentando incluso para éste, que él mismo encuentre o
descubra su camino, su personal manera de arte o de vida en la cual pueda
expresarse con ilimitada libertad), junto a una competitividad voraz,
destructiva.
Esta individualidad feroz junto a la voraz
competitividad sólo puede producir frustración, destrucción, infelicidad, al
tiempo que alimentan uno de los sentimientos más nefastos que habitan al ser
humano, el egoísmo, desterrando a los más beneficiosos de la generosidad y la
bondad.
Viene esta reflexión a cuento porque acabo de leer una
información en la que se afirma que Canarias gasta más
de 90.000 millones de pesetas al año en juegos; cifra ésta que no incluye lo
gastado en juegos ilegales o clandestinos.
Así, la inmensa mayoría de los canarios, tan dados al
lloro fácil y a la queja permanente, nos gastamos una cantidad enorme de
dineros en bingos, loterías, quinielas, cupones y demás juegos de azar, que de
invertirse en algunos de los numerosos problemas que aquejan a Canarias
-cultura, cultura y cultura, entre otros tantos- otro gallo nos cantaría, sí
señor, otro gallo.
Artevirgo/
[*Este
artículo fue escrito el 29 de marzo de 1994. Finalmente, el director del Diario
de Las Palmas, Santiago Betancor Brito, no consideró
oportuna su publicación. Y no se publicaría]