FRANCIA DIJO “OUI” A SARKOZY

 

Ramón Moreno

 

Y con ello, se ha consumado una especie de “matrimonio de conveniencia” -que durará, en principio, cinco años-, entre el electorado francés, otorgándole el 53% de los sufragios, y el hijo de refugiado húngaro, Nicolas Sarkozy; que se convierte así, en el sexto presidente de la V República, con una participación del 85%, la más alta en la historia de ésta.

 

Pero, más allá del análisis de los resultados de las presidenciales francesas, la llegada al Eliseo de  Nicolas Sarkozy, habría que interpretarla, no solo en clave interna; sino también, y no menos importante, en clave de política exterior, con Bruselas en el horizonte más cercano, y el Eje Paris-Berlín como telón de fondo.

 

La esperada victoria del líder de la Unión para el Movimiento Popular (UMP), en detrimento de la socialista Ségonèle Royal, que obtuvo el 46,65% de los votos, ha despertado, pués, enormes espectativas, en la sociedad francesa, sobre todo, en las Cancillerias europeas; pero además, en Washington, donde la Administración Republicana, apostaba claramente por Sarkozy.

 

De los once aspirantes, no a la Presidencia de la República, al parecer, sino al “trono” de Francia (como señalaron algunos corresponsales de los medios españoles, en una singular “visión monárquica” de estos comicios), solo dos llegaron indemnes a la segunda vuelta: el conservador   Nicolas Sarkozy, y la socialista Ségonèle Royal; pese a que, el centrista François Bayrou se convirtió en la gran sorpresa de estas elecciones. De nada valieron los deseos de Michel Rocar, evocando la necesidad de una alianza  Bayrou-Rocar (que contaba además, con el apoyo de Jaques Delors y Dominique Strauss-Kahn); ni el discurso fundamentalista del “patriarca”, Jean-Marie Le Pen.

 

Al triunfo de la derecha, también contribuyó, en gran medida, la división de la izquierda, que toca fondo y, fundamentalmente, la brillante actuación de Nicolas Sarkozy, que estuvo muy convincente, en dos actos estelares: el multitudinario mitín de Montpellier, y el clarificador debate televisivo Royal- Sarkozy, con record absoluto de audiencia. Frente a la vaguedad del plan de financiación de Ségonèle Royal, y a su promesa de descentralizar Francia, y de “rejuvenecer este Estado jacobino”, se impuso el rigor y el pragmatismo de  Nicolas Sarkozy y su modelo de “trabaja más para ganar más”, que dejó en evidencia a su oponente, con su propuesta de “subvenciones para todos”. Los franceses está claro, que prefieren la disciplina.

Sarkozy afirmó que llegaba al Eliseo para “restablecer la identidad nacional”. Y en este sentido, son muy interesantes las declaraciones a “EL MUNDO” de André Glucksmann, figura de pro de los “nuevos filósofos” y fundador de la revista “Le meilleur des Mondes”, cuando dice: “Sarkozy ha hecho el diagnostico correcto para combatir la crisis en la que está sumida Francia desde hace 30 años”. Hombre de izquierdas, Glucksmann, no ha dudado en reconocer que, “la izquierda gala carece del sentido de la realidad”. Por su parte, Alain Touraine, sociólogo e intelectual francés, considera que, si bién Francia es sociológicamente de centro-izquierda, “estamos asistiendo al derrumbre del Partido Socialista, dirigido por funcionarios que ganan mucho dinero, y escriben textos revolucionarios pero luego los ridiculizan”.

 

Y tiene mucha razón, porque el fracaso de Ségonèle Royal abre una profunda crisis en la izquierda francesa que obliga a su refundación. Precisamente, con vistas a las legislativas de junio, el tercero en discordia,  François Bayrou, se ha apresurado a poner en marcha el Movimiento Democrático, registrandolo como partido político.

En el contexto internacional, el triunfo de Nicolas Sarkozy, refuerza las intenciones de Bruselas, para la rápida aprobación de un nuevo Tratado de la Unión con el líder conservador; donde, la presidencia alemana de la UE en este primer trimestre, será decisiva. Máxime, cuando la canciller, Angela Merkel, busca un acuerdo de mínimos, proponiendo reducir a 70 los 448 artículos del texto actual. Un “minitratado”, que podría dejar fuera el “status” diferenciado de regiones ultraperiféricas (RUP), donde están encuadrados los territorios DUM franceses: Martinica, Guadalupe, Guayana francesa e Isla Reunión, junto a las “Islas Canarias”, Azores y Madeira. Por tanto, no es aventurado suponer que el Eje París-Berlín será determinante en este, y otros asuntos comunitarios; si tenemos presente, que el primer viaje al extranjero del mandatario francés, efectuado el traspaso de poderes con Jacques Chirac fue, precisamente, a la capital germana.

 

En lo que respecta a la posición norteamericana, Sarkozy levanta pasiones entre los “neoconservadores”; es decir, el grupo que promovió la invasión de Irak. Según escribió Anne Applebaum, miembro, al igual que el ex presidente del Gobierno español, José-Maria Aznar, del Comité para el Peligro Presente, un centro de estudios que promueve una política exterior dura en Oriente Próximo y en materia de terrorismo, Nicolas  Sarkozy, “representa a los nuevos europeos”. Parece como si en EE.UU. se volviera a la época de Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de la “patria USA” cuando dijo: “todo hombre tiene dos nacionalidades, la suya y la francesa”.

 

Por lo demás, en lo personal, las elecciones a la Presidencia francesa, me han supuesto una gran decepción. Yo, que adoro a las mujeres brillantes -y sin duda,  Ségonèle Royal lo es, independientemente  de su ideología política-, me hubiera encantado ver sentadas en el G-8 a la propia  Ségonèle Royal,  Angela Merkel y Hillary Clinton. Seguro que si estuvieran juntas, podrían examinar los asuntos del mundo con otra perspectiva. Es frustrante constatar, que solo ocho mujeres son jefas de Estado en el mundo, y otras siete ocupen jefaturas del Gobierno.

 

¡Descorazonador!

 

rmorenocastilla@hotmail.com

 

Canarias, mayo de 2007