Las papas en Canarias
Wladimiro Rodríguez Brito
E
n estos días de húmedo y frío invierno hemos asistido de nuevo al lamentable espectáculo de cómo nuestros agricultores se ven incapaces de vender sus cosechas de papas mientras que, al mismo tiempo, en numerosos restaurantes se sirven papas arrugadas importadas, de calidad dudosa, como si fueran del país. Esto supone entre otros análisis que podamos realizar un grave fraude al consumidor que las paga al mismo precio.Hemos pasado en un corto período de tiempo de ser exportadores de papas, más de 40.000 Tms. al año (en 1976) a tener que importar mas de 90.000 Tms. en la actualidad, con un consumo total cifrado en torno a las 140.000 Tms. Esta desproporción en los números no se explica únicamente por el aumento poblacional sino también en gran medida por el progresivo abandono de tierras de cultivo. Muchos agricultores han ido paulatinamente abandonando el cultivo, maltratados por las sucesivas importaciones de choque y por los precios a la baja que les pagan los intermediarios. Es algo curioso pero recurrente el hecho de que mientras todos los costes agrarios no han dejado de subir a gran ritmo (abonos y semillas; valga como referencia que 24 euros cuesta un saco de semillas de 25 kilos) los precios de referencia para el productor se han congelado o disminuido. Lo contrario también es constatable en la cesta de la compra de las familias canarias. Cada vez pagan más por un kilo de papas, mientras que el agricultor de las islas apenas percibe un 25 por ciento de la cantidad final, es decir, que un ama de casa que compra un kilo de papas a 1,30 euros debe saber que el campesino sólo percibe 0,30 ó 0,50. Es evidente que la desproporción es tan abismal como injustificada y esta situación está cercenando el sector agrícola que nos queda. En Vilaflor y San Miguel tenían en diciembre dos millones de kilos por cavar y han renunciado a cosecharlas en su totalidad porque el precio del kilo de papas no compensa este esfuerzo.
Es necesario que los ciudadanos conozcan esta realidad porque -además- les repercute directamente en sus bolsillos y en sus opciones de elección como consumidores libres. Desde hace más de tres décadas, cada vez que se resiente la producción local de este tubérculo los precios se disparan automáticamente.
En un estudio reciente se señalaba que las rentas agrarias han caído un 10,6 por ciento mientras que los costes de los alimentos se incrementaron en más de un 4 por ciento, lo que totaliza una pérdida de poder adquisitivo superior al 15 por ciento para nuestros agricultores. La gran paradoja es que en la larga década que llevan las grandes superficies en Canarias se alegaba que eran la garantía para evitar el alza de los precios en la cesta de la compra.
Por otro lado, el mundo del cooperativismo está dando evidentes síntomas de debilidad y de falta de capacidad de reacción. Incluso, lamentablemente, haciendo prácticas claramente gangocheras, es decir, haciendo de intermediarios con productos importados. Estamos en un momento crucial para el sector en el que debemos reflexionar detenidamente sobre los aspectos sociales y económicos de la libre circulación de mercancías y de los efectos que está causando en nuestro Archipiélago. Nuestra manifiesta incapacidad para controlar lo que entra por nuestros puertos (plagas y fraudes) ya ha quedado repetidas veces puesta de manifiesto. Es necesaria también una participación activa de los consumidores para que no se dejen engañar y no permitan que les den gato por liebre, en este caso, papas de importación mantenidas de frío por papas isleñas.
La papa desempeña un papel crucial tanto en la economía como en el medio ambiente de amplios sectores de Tenerife. No es tolerable que se continúen abandonando terrenos de cultivos por falta de aliento y apoyo a los agricultores. De las 15.000 hectáreas cultivadas de papas hemos pasado en 30 años a sólo 5.000 en toda Canarias. Estas fincas abandonadas son invadidas por maleza que es combustible ideal para incendios en las inmediaciones de las zonas forestales. Por si no fuera bastante tenemos además que disminuye el número de personas que trabaja y vive en el campo y que, en consecuencia equilibran el territorio insular para evitar la masificación de las áreas más densamente pobladas. Disminuyen los agricultores que limpian las inmediaciones de los montes para obtener materia orgánica para abonar sus campos. En definitiva, perdemos tanto cuando un agricultor deja de arar la tierra que esta sociedad no se puede permitir el lujo de permanecer impasible ante esta situación que, sin duda, acabaremos pagando con creces en muy breve tiempo.
Este texto no pretende ser negativo ni pesimista, al contrario, se trata de comunicar el problema a la opinión pública. De la misma manera, los que tenemos las responsabilidades políticas también tenemos que "mojarnos" en este tema. El Cabildo Insular de Tenerife no ha parado de trabajar y de esforzarse en este sentido, con múltiples acciones y compromisos presupuestarios reiterados a lo largo de muchos años, desde la Balsa de Trebejos hasta las mejoras de riego en las medianías del Norte, por citar algunas. Desde luego las papas tienen una importancia mucho mayor que la simplemente economicista de las toneladas o de su porcentaje en la inflación, dicha importancia tiene mucho que ver con su papel medioambiental y social pero también en su carácter estratégico de autoabastecimiento. No sólo son rentas y puestos de trabajo sino elementos claves de nuestra alimentación y medio ambiente.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife