Las papas y la ética

Wladimiro Rodríguez Brito

Existe una convicción creciente de que la libertad absoluta de mercados y de importaciones equivale a la muerte, al "suicidio", de las industrias y la agricultura local.

El liberalismo económico dominante hace que corran malos tiempos para las producciones locales, debido a las tensiones y a la orientación que toma el comercio a escala internacional. La progresiva liberalización del tráfico de personas y mercancías está generando numerosos problemas no previstos por las sociedades occidentales. Países tan liberales como los EE.UU. o la propia Unión Europea han tenido que frenar a los chinos para contener la avalancha de productos manufacturados a precios ínfimos, con especial atención al sector textil, que dinamitaban los respectivos sectores nacionales. En ese sentido, existe una convicción creciente de que la libertad absoluta de mercados y de importaciones equivale a la muerte, al "suicidio", de las industrias y la agricultura local, es lo que está ocurriendo con las papas.

Canarias es un buen ejemplo de esta tesis. Una prueba reciente de ello es la llegada de un gran contingente de varios cientos de toneladas de este tubérculo, procedente de Israel, que compite deslealmente con la producción local. Los mismos que distribuyeron las papas de semilla el pasado invierno son los que están haciendo negocio con estas importaciones de choque. Este problema se añade a la sequía, los estragos de la polilla y, en definitiva, a la crisis del sector (envejecimiento, abandono del campo, crisis de la cultura agraria, etc.), lo que ha reducido gradualmente las ya mermadas cosechas.

La papa es uno de los alimentos más importantes del planeta, junto al trigo, el millo y el arroz constituyen la base alimenticia de la mayor parte de la población del planeta. En Canarias, hasta hace poco producíamos más de 100 kilos de papas/habitante/año, mientras que la media española estaba en 77 kilos y la más alta del mundo era la polaca, con 626 kilos. En la actualidad, los canarios consumimos unos 44 kilos por habitante al año. Sin embargo, en los últimos años, la dieta de los canarios se ha diversificado, perdiendo la papa peso específico, en favor de otros alimentos, como frutas, verduras y proteínas del reino animal. A pesar de ello, las papas siguen desempeñando un papel importante sin llegar a ser el elemento central de la dieta alimenticia. La tendencia a nivel mundial del consumo de este producto agrario es que Asia, en especial China y la India, están creciendo en progresión geométrica, tanto en consumo doméstico como en producción. Por el contrario, en Europa, la progresión es descendente en ambas variables.

En Canarias, la papa se mantiene porque forma parte -aún- de nuestro acervo cultural. Nuestra pujante gastronomía no la ha dejado de lado, más bien la considera de primer rango en la gran mayoría de nuestros platos tradicionales. Fueron nuestros primeros emigrantes retornados de América los que la introdujeron en las Islas en el siglo XVI, convirtiéndolas en puerta de entrada del tubérculo a Europa. Asimismo, desde Canarias las papas llegaron a las Antillas y al Caribe, aún en los primeros lustros del siglo XX eran muy importantes las exportaciones de papas. Asimismo, en Venezuela han sido los canarios los que han sostenido la producción de este tubérculo hasta la fecha. Pero además, las variedades andinas, las que hoy conocemos como papas de color o papas antiguas sólo han perdurado en los canteros canarios, en este lado del Atlántico. Variedades que hoy constituyen un tesoro genético agrícola de primer nivel que no somos capaces de valorar en su justa medida.

Las papas de Israel llegan en una época especialmente sensible para la producción local, cuando tenemos el mercado bien abastecido como ponen de manifiesto los precios de referencia, a 0,20, 0,40 céntimos, es decir, a precios bajos para el agricultor. Por otro lado, estamos seguros de que estas papas importadas se comercializarán fraudulentamente, ocultando al consumidor su procedencia. De esta manera, se pone de manifiesto que aunque los importadores paguen o no arancel, por tratarse de un país tercero lo que sí que les falta es ética y compromiso con los agricultores y esta tierra. Así, antes se traían papas sólo cuando los precios estaban altos, ahora también se importa cuando los precios son bajos por ser la época productiva local. En definitiva, este sistema que parece extenderse de "importaciones de choque" está maltratando a lo que queda de este sector en Canarias.

En la papa se imbrican tanto aspectos económicos como culturales y sociales y creo que es necesario que se mantenga de ese modo. Ninguna importación de choque realizada por motivaciones puramente mercantilistas y de beneficio inmediato y especulativo contribuye a mantener nuestro paisaje y nuestro medio ambiente, a hacernos menos dependientes del exterior, a defender nuestra cultura y la herencia de trabajo y sacrificio de nuestros antepasados. Cuando pongamos en la balanza estos valores nos daremos cuenta de que estas papas "de fuera" nos salen mucho más caras, demasiado caras, me temo. No caigamos en la trampa y defendamos nuestras papas.

* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife