2007 AÑO PARA AVANZAR
Francisco Javier González
En
los primeros días del año 2000, en uno de sus acostumbrados bandazos anideológicos, el PNC salió de Guatemala (la FNC de Dimas e
Idelfonso)) para arribar a Guatepeor (Coalición
Canaria), bandazo marcado, como no, por el vientillo preelectoral que entonces,
como hoy -en que el PNC repite la jugada- soplaba por estas asirocadas
ínsulas. En aquel momento, y ante la nueva y profunda desilusión que en el
nacionalismo canario produjo todo ese conjunto del "otro
nacionalismo" que trataban de representar entre Dimas Martín y Juan Manuel
García Ramos, publiqué un análisis que, al día de hoy, sigue siendo
sustancialmente vigente y, al menos a mi juicio, tan válido como entonces, por
lo que lo renuevo aún a riesgo de parecer repetido.
Es innegable que el nacionalismo
revolucionario está atravesando una etapa de reflujo ideológico y organizativo
en el prolongado camino, muchas veces sinuoso, que ha llevado a Canarias y a
los canarios desde la colonización y esclavitud, impuestas tras un siglo entero
de cruenta guerra de conquista española, hasta el día de hoy, con un régimen
autonómico dentro del marco del Estado Español, y que nos llevará mañana a
constituir un Estado soberano, camino que viene marcado por puntos de
inflexión, irreversibles, que constituyen etapas sucesivas del proceso de toma
de conciencia de la necesidad de nuestra autoliberación
y construcción nacional.
Una
vez, en un debate en Gran Canaria, un asistente opinaba que la historia del
nacionalismo canario nació cuando un guanche le tumbó, por primera vez, los
dientes a un invasor de una pedrada, pero aunque nuestra historia está repleta
de episodios de este tipo y cuajada de motines y alzamientos desde la Rebelión
de Los Gomeros, la sublevación del Mencey Ichasagua o los Pleitos de la Aldea de Artevirgo,
hasta la misma Guerra de España, han sido más bien las actitudes estrictamente
políticas las que marcan los puntos sin retorno en que se cimienta el moderno
nacionalismo canario. Los albores de este nacionalismo de hoy hay que buscarlos
en el pensamiento más progresista del XIX, en el entorno de los diputados
doceañistas en las Cortes gaditanas, cuando en La Laguna el mahorero
Agustín Peraza Bethencourt exhorta al Cabildo a sublevarse
contra la metrópoli y se detiene a Fernando Llarena Franchy por una "conspiración separatista" en la
que, entre otros, se involucra a Key Muñoz. La
continuidad está en el “nacionalismo literario” alrededor de la Imprenta
Isleña, fundada por D. Pedro Ramírez en 1840, la revista “La Aurora”, el
semanario “El Guanche”, la “Revista de Canarias” y la larga nómina de
escritores e intelectuales que se movieron a su alrededor. La formulación
política concreta de este nacionalismo ascendente se la va a dar Secundino Delgado desde “El Guanche” caraqueño y con la
fundación, en el entorno de las primeras organizaciones sociales y el inicio de
la prensa obrera, del Partido Popular Autonomista en el interior de la patria.
La bandera septeestrellada que, años más tarde, se
iza en el Ateneo de Aguere va ser recogida, desde La
Habana, por los colaboradores de Secundino: Cabrera
Díaz, Gómez Wangüemert, Guerra Zerpa…..con
la fundación del PNC hace ahora 82 años, se reafirma en el Pacto del Frente
Único Revolucionario, el FUR, en la Canarias de la Segunda República española,
y, aunque el paroxismo franquista marque luego un sangriento paréntesis,
rebrota con fuerza en el MCL, el MPAIAC, el PTC, PRAIC, PCC(p), FREPIC,
PCU....y sus correspondientes correlatos en los campos sindical, cultural y
social; abriendo una nueva etapa de nuestra historia reciente.
En
los últimos años, en los que se inicia el reflujo, se produce un nuevo fenómeno
con escasos referentes anteriores. Junto a una progresiva atomización de las
organizaciones nacionalistas -en la que intervienen por igual causas endógenas
y exógenas contando, eso sí, con la interesada ayuda
de la larga mano de la administración metropolitana- los residuos de la derecha
españolista y proestatal del franquismo, con el apoyo
interesado de una buena parte de las burguesías isleñas que ya habían sido
socios privilegiados y sostenedores de la dictadura, se reconvierten, desde un insularismo desaforado inicial a un regionalismo que,
tratando de aprovechar un terreno ya sorribado,
abonado, y sembrado por los nacionalistas, se reviste de un ropaje pseudonacionalista. Nacen así las AIC, modelo alrededor del
que se va a vertebrar la CC para disputar el poder regional a las opciones
estatales predominantes. A la operación se suman formaciones borrosamente autodeterministas como AM, excrecencias del carrillismo mezcladas con cristianos autogestionarios
como ICAN y partidos con historia y
militancia nacionalista, pero con erráticos planteamientos tácticos y un único
objetivo cifrado en las migajas de poder que el conjunto les permita, como el
PNC. Los innegables éxitos electorales de CC y el encastillamiento en
posiciones maximalistas, el indeterminismo ideológico y las batallas personales
del disgregado nacionalismo real, cuyos elementos más marginales han sido
succionados por la coalición, han conducido a una situación en que, falseando
los conceptos, CC pasa por ser representante y referente justamente de aquello
que ni es ni quiere ser: nacionalista.
Por
su propio origen y por su desarrollo posterior CC, con una ingente capacidad
para aglutinar los más diversos intereses particulares con el disfraz de
colectivos, capaz de convertir episodios vergonzosos de rapiña como lo sucedido
en Tahodio y Las Teresitas en arma electoral ante los
"ataques" sufridos por el "pueblo de Santa Cruz", es, hoy
por hoy, el baluarte más importante para el mantenimiento del modelo neocolonial que Canarias tiene dentro del Estado Español y,
subsidiariamente, dentro de la UE, lo que la convierte, de facto, en el
obstáculo más importante para el desarrollo del nacionalismo. De aquí que
cualquier acuerdo, por nimio que sea, que signifique una potenciación de CC es,
se quiera o no, una colaboración al mantenimiento de la explotación foránea de
nuestra tierra y un retroceso en el camino de la construcción nacional canaria.
Es esa también la razón de la oposición de muchos nacionalistas al uso por la
coalición pseudonacionalista de la bandera nacional
canaria o la manipulación interesada y mixtificadora
de reivindicaciones históricas como la Ley de Residencia, vaciándola de sentido
y dirigiéndola contra la inmigración más desamparada, al tiempo que protege y
fomenta la neocolonización hispana y europea, o proponiendo modificaciones en
el "Estatuto de Dependencia" -nombre real del que ellos denominan
como "de Autonomía"- que imposibiliten, o al menos dificulten, las
salidas políticas hacia la autodeterminación.
Los
nacionalistas estamos hoy en la obligación de reconstruir nuestras
organizaciones políticas y sociales, con un claro objetivo que debemos cifrar
en la Independencia y el Socialismo ya que, precisamente nuestra historia
reciente y el fenómeno de Coalición Canaria debe enseñarnos que no hay
"otro nacionalismo" ni hay "dentrismo"
y que, solo desde posiciones de clase bien definidas, podemos avanzar,
rebasando el reflujo de estos últimos tiempos. Creo, personalmente, que así
será, y que estamos solo ante una nueva sinuosidad del camino de la
constitución de Canarias como una Nación en pleno uso de sus derechos y que,
entre todos, estamos comenzando a marcar un nuevo punto de inflexión en esta
lucha liberadora ya secular pero que, indefectiblemente, se acerca a su fin. No
espero celebrar muchos solsticios de invierno después de este 2006 en una
patria colonizada.
Aguere, Diciembre de 2006