Canarias,
todo un paraíso para especular
Luis
Fco. Padilla Pérez
Es verdad, el incendio fue una auténtica catástrofe. Por
suerte las subvenciones paliarán, en parte, los desperfectos materiales, y el
trabajo de operarios y gentes del pueblo hará más efectiva la lucha contra la
erosión, así como más certera la repoblación forestal.
Pero, por desgracia, el peor mal que asota estas islas
sigue campando a sus anchas, bajo la complicidad de muchos.
El brutal colonialismo masifica nuestro limitado
territorio con su anexa especulación urbanística y turística. Sol y buen clima
es el mejor reclamo para arribar en el paraíso en busca de trabajo y buena
vida. Como un perro que se muerde la cola, esto genera más demanda de vivienda,
más infraestructuras que, junto con la desmesurada industria hotelera, a la vez
hace necesaria mano de obra que asimismo justifica la redundada colonización.
Todo un paraíso para especular es éste. A costa
del medio ambiente y de un pueblo originario, auténticos “aborígenes en peligro
de extinción”. Cada año que pasa se revierte más cruda la realidad
socio-cultural del isleño y su tierra.
¿La solución? Desde luego que la independencia. Aquí
no vale abstraerse y perderse en el limbo con florituras y teorías de
“liberación social”. Ciertamente y espero equivocarme, si esperamos a la tan
ansiada soberanía política para atajar el desorden poblacional se nos va hacer
de noche en medio del camino. Cuanto antes exijamos que se implante una justa
ley de residencia, para comunitarios y extracomunitarios, aunque se tenga que
modificar la más sagrada constitución, antes habremos ganado la primera gran
batalla.