Los parques nacionales de Canarias

José Enrique Núñez Ruano

Este fin de semana decidí pasarlo en el Parque Nacional de Las Cañadas del Teide. Durante tres días, tenía planeado adentrarme en la red de senderos y disfrutar de un entorno que tiene el honor de disfrutar del Diploma Europeo a la Conservación (por cierto, ¿renovaron el diploma en 2004?) y aspira a ser declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco. Pero una conocida marca de coches alemana decidió presentar su nuevo modelo de vehículo todo- terreno en tan bien gestionado entorno. Durante tres semanas, más de doscientos de estos coches han estado entrando y saliendo libremente del parque nacional, conducidos por personas venidas desde Alemania y guiadas por gentes que, según parece, no sabían ni dónde se estaban moviendo. Y lo digo porque uno de estos "guías" se dedicó a clavar señales indicativas y pegatinas de colores en el parque para que sus invitados en nuestra tierra no se perdieran. Al intentar explicarle en inglés (por supuesto, no hablaba castellano) el tipo de espacio en el que estaba, el fulano se encogió de hombros, y pese a pedírselo, no desmontó su particular señalización.

Como soy un ingenuo, me fui a buscar a un guarda para comunicarle el asunto, pero... desde Boca Tauce hasta El Portillo no encontré ni uno. Por suerte, en el Centro de Visitantes de El Portillo encontré a unas encantadoras trabajadoras que, por radio, dieron cuenta de la infracción a los guardas, quienes, a su vez, comentaron que ya el día anterior habían quitado las pegatinas que estos ilustres cretinos dejaban como guía para los conductores de los todo-terreno.

Y digo yo: ¿cómo hace su trabajo de conservación el director del Parque Nacional?; ¿por qué permite que extranjeros sin escrúpulos maltraten esta joya del patrimonio natural canario?, ¿por qué todas las naciones obtienen fondos monetarios de sus recursos naturales y nosotros, en Canarias, no?; ¿por qué sólo las empresas privadas obtienen recursos directos o indirectos del parque (excepto el Cabildo con el teleférico; ¡bonita forma de educar en la conservación!); ¿por qué es bueno para el parque nacional y para Canarias que tres millones y medio de personas entren gratis anualmente en este parque?; ¿por qué cuando los parques se transfieran a nuestro Gobierno (ya están tardando, señores) será el pueblo canario quien exclusivamente soporte los costes de mantenimiento?; ¿por qué no se cobra a los foráneos por entrar al parque, como en cualquier otra parte del mundo?; ¿por qué no destina esos recursos a cuidar el parque nacional con más guardas?; ¿por qué el director del parque publica en sus folletos que el Teide nunca ha registrado una intensa actividad humana?; ¿es que tres millones y medio de visitas anuales no es una intensa activad humana?; ¿por qué la gente puede pisotear libremente por cualquier parte sin que un guarda los oriente, los eduque o, si hace falta, los sancione?; ¿en qué beneficia a nuestro pueblo que vengan de fuera a presentar su nuevo modelo de coche?

Por cierto, esta pregunta no podrán contestármela en los puntos de información si acudo a ellos al final del día, cuando todavía hay sol: unos no abren todos los días; esos mismos cierran a las dos y los otros dos cierran a las cinco. ¡Eso es trabajar orientado al ciudadano! Aunque, Sr. director del parque, está usted dándonos la espalda.

3-03-2006