PASIÓN Y MUERTE DE KAROL WOJTYLA

Ramón Moreno

Si, porque la vida del primer Papa no italiano desde el siglo XVI, ha sido todo un calvario. En su Polonia natal (nació en Wadowice el 18 de mayo de 1920), ocupada por alemanes y rusos, y todo lo que padeció entonces; y durante su Pontificado -que comenzó el 16 de octubre de 1978-, hasta sus últimos días, Juan Pablo II sufrió su martirio, como Jesús en la Cruz.

Fue objeto de un atentado (13.05.81) del que salió milagrosamente ileso; sus continuas enfermedades e intervenciones quirúrgicas; y la última operación para practicarle una traqueotomía, que le impidió articular palabra y hasta tragar. Un reciente titular de "II Messaggero" es bastante elocuente. El influyente diario italiano titulaba así: "El último vía crucis", la agonía del Santo Padre, que reflejaba en toda su dimensión la amargura y desesperación de este gran comunicador -un auténtico fenómeno de masas-, que ya no podía hablar y que se resistía férreamente a renunciar, pese a su precario estado de salud.

Tal era el grado de deterioro y sufrimiento del Sumo Pontífice, que hasta los no creyentes sucumbimos ante las imágenes desgarradoras y deprimentes de un indefenso y decrépito Karol Wojtyla, a quién la Curia Romana había decidido exhibir públicamente "urbi et orbe". Una decisión seriamente cuestionable, que considero vejatoria a la dignidad de la persona y denigrante para la propia figura del Papa.

Pero esto es una opinión, por la que supongo, no me irán a excomulgar. Lo cierto es, que a las 21,37 horas del pasado sábado, Juan Pablo II, el Papa viajero, que recorrió más de un millón de Km. visitando 129 Países repartidos por los cinco continentes, realizó su último viaje…

Atrás han quedado 26 años de Pontificado -el segundo más largo en la historia de la Iglesia-, lleno de luces y sombras. Desde su activismo infatigable a favor de la paz, su implacable lucha contra el comunismo, hasta su intensa agenda internacional, pasando por su conservadurismo (fue un celoso guardián de la tradición, que se valió del poder de los medios y de los sectores más inmovilistas), su guerra abierta a la "teología de la liberación", su anuencia al ostracismo de la mujer en su papel en la Iglesia, y la frontal oposición al aborto y los anticonceptivos.

Estas han sido las grandes e importantes cuestiones que han jalonado el Papado de Juan Pablo II, que combinó un liderazgo político y mediático con una defensa a ultranza de la doctrina más conservadora. El extinto Papa ha legado pues, una imagen que muchos analistas e historiadores han coincidido en calificar de avanzada en lo social, como incansable defensor de los derechos humanos, y retrógrada en lo moral.

Pero prescindiendo de los aspectos estrictamente pastorales, ecuménicos doctrinales y evangélicos de Karol Wojtyla, me interesa resaltar la acción política y diplomática de este Papa, al margen de su misión como Vicario de Cristo en la Tierra. Téngase en cuenta que la más Alta Magistratura de la Iglesia Católica y la titularidad del Obispado de Roma, conllevan además, la Jefatura del Estado Vaticano, con todo lo que ello implica en el contexto de las relaciones internacionales.

Mas de 100 Países mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede, y la labor conciliadora de Juan Pablo II, no solo imprimió una nueva impronta en la política exterior del Vaticano, sino que ha sido todo un referente para la Paz mundial.

Un Jefe de Estado que se apoyó en el otro Bloque para derrotar al comunismo en los Países del "telón de acero"; siendo víctima de un complot, organizado al parecer, por la antigua KGB soviética, que llevó a la famosa "pista búlgara". Su brazo ejecutor fue el turco Alí Agca, a quién el Papa, en un gesto magnánimo, perdonó años después. Uno de los acontecimientos que explican el declive del comunismo en Europa, lo constituyó, sin duda, la creación del Sindicato Solidaridad, cuyo promotor, Lech Walesa, amigo personal del Pontífice, fue considerado por ello el "obrero más famoso del mundo", llegando a ser Presidente de Polonia.

Cuando el general Jaruzelski estableció la Ley Marcial en Polonia, prohibiendo el sindicato Solidaridad, Juan Pablo II que veía su patria oprimida, tomó una opción claramente pro-nacionalista, alineando a la Iglesia en su tradición histórica de "madre de los pueblos".

Según Carl Bernstein, la gran conspiración Reagan-Juan Pablo II contra el comunismo, que venía abonada por la ayuda de la CIA a Solidaridad en los años 70, se fraguó el mismo día de la victoria de Ronald Reagan en noviembre de 1980, y se concretó en la visita de éste al Vaticano el 7 de junio de 1982. Como ha declarado Richard Allen, católico ferviente y primer asesor de seguridad con Reagan, "Fue una de las alianzas secretas más importantes de todos los tiempos".

Juan Pablo II no se conformó solo con derribar el "muro de Berlín", símbolo de la opresión comunista y, por tanto, cambiar Europa. También lo intentó con Fidel Castro, pero tuvo un error de cálculo. El Papa pensó que con su viaje a Cuba en 1998, pasaría como en Polonia, y el régimen castrista caería por su propio peso; pero la iniciativa, causó el efecto contrario, ya que el mandatario cubano salió reforzado de la visita, máxime, cuando el Papa criticó duramente el bloqueo norteamericano a la Isla.

Karol Wojtyla, que en 1995 fue elegido "hombre del año" por la prestigiosa revista "Time", ahora, pese a su supuesta "divinidad" no ha podido sustraerse a la muerte. Como dice el viejo adagio romano: "A Papa muerto, Papa puesto".

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Canarias, abril del 2005.