PATRIOTISMO CASTRADO
Jaime
Morera
Uno de los aspectos
más bestiales y deleznables de la toma de Canarias por bandas de asesinos de la
peor especie, hez de la escoria de sanguinarios masacradores
en razias de terror sobre la vencida y ya en retirada población mora, en los
años finales de la reconquista; maleantes abanderados para la ejecución de tal
siniestra aventura por el voraz expansionismo de la lejana Castilla. Fue la
repugnante práctica de dotar con su clase de armas para la ofensiva más
mortíferas a los derrotados defensores guanches y obligarlos, como condición
para salvar sus vidas, a pelear como fuerza de choque contra el resto de los
nativos que Isla por Isla aun resistían, sin armas modernas ni experiencia
bélica alguna y carentes por completo del arte de la guerra. Factor
aplastantemente desmoralizador y traumatizante para
la históricamente pacífica población canaria al encontrarse atacada por sus
propias gentes.
El trauma de verse forzados
a combatir contra sus mismos hermanos guanches, cometiendo fratricidio, junto a
sufrir la humillación de tener que adoptar como patria postiza a la de sus
verdugos y rendir lealtad a la nación esclavizadora,
marcó profundamente el psiquis de la población superviviente y de sus
siguientes generaciones, prolongada hasta nuestros propios días, mediante
sucesivos regímenes de tiranía y de terror y con la imposición de economías,
que sistemáticamente penalizan y excluyen a los patriotas canarios, fomentando
el servilismo y la mansedumbre como condición para poder adquirir la propiedad
de su propia tierra y de tener acceso a la enseñanza y la administración
pública. Ello dio lugar a la aparición de isleños mutantes, renegados, y con el
sentido del patriotismo invertido, travestido o desnaturalizado, castrados en
su lealtad y envilecidos en su ética, hasta convertirse en enemigos
destructores de su propio pueblo y de su Madre Patria Canaria. Elementos hoy en
día presentes y muy visibles en los afiliados, militantes y miembros políticos
de los partidos colonialistas, siempre dóciles y serviles a la opresión y
tiranía y, como consecuencia, corruptos todos hasta el mismo tuétano. Siendo
por ello profundamente odiados y despreciados por la generalidad de la población
canaria.
Un ejemplo de
manifiesta deslealtad y en extremo patético, lo tenemos en la figura de Benito
Pérez Galdós, quien, a pesar del hecho de que en las
otras colonias del lado opuesto del Atlántico se luchaba por su emancipación y
libertad, él, sin embargo, contra corriente exalta y glorifica con más fervor y
pasión que aun los mismos propios españoles, al patriotismo del País Opresor,
en sus Episodios Nacionales, durante
El isleño o la isleña,
que, bien por comodidad, por pasotismo, o por pura conveniencia no es capaz de
sentir ni de defender a su propia Patria Canaria, sino que, por el contrario,
traicioneramente se identifica con la patria del opresor y defiende sus
intereses; por definición nunca lo que haga podrá ser nada bueno para su País
ni para sus gentes.
Canarias tiene el
inalienable derecho a ser tan libre y soberana como lo es España, Francia,
Singapur, etc o cualquier país independiente del Mundo; negarle ese fundamental
derecho a una persona nacida en este Archipiélago, equivale a una abominable
traición.
España mantiene su
dominio sobre Canarias simplemente por la intimidación que produce la fuerza de
su descomunal tamaño en relación al de nuestro Archipiélago. Ya va siendo hora
que abandone su persistente intransigencia colonialista y se decida a comenzar
un rápido proceso de descolonización.
Publicado en El Día,
19-05-2008