"EXTRAORDINARIO ÉXITO"
DE LA PENDONADA EN LOS REALEJOS

Eduardo Pedro García Rodríguez

En la tarde del pasado día 25 tuvimos la oportunidad de asistir en Los Realejos a la procesión del supuesto Pendón de la conquista, una más de las lamentables parodias a las que nos tienen acostumbrados los políticos serviles de medio pelo que tanto abundan por estas tierras. Nuestra sorpresa fue mayúscula al contemplar en los cruces de calles próximos al Ayuntamiento y al templo católico, grupos compuestos de seis y ocho policías, armados hasta los dientes. El contemplar estas escenas, inevitablemente nos condujo mentalmente al Líbano ocupado por Israel y al Irak ocupado por los norteamericanos.

La procesión del supuesto Pendón de la conquista fue de lo más pintoresco, estuvo precedido por un vehículo ligero y dos furgones de la policía nacional española, con sus respectivas dotaciones al completo, las cuales se desplegaron y ocuparon los alrededores del frente del templo, obligando a un grupo de curiosos desplazarse de los lugares que ocupaban en las aceras. Ignoramos por que motivos. En la calle por donde discurría la procesión, en ambas aceras, había unas cuarenta y ochos personas contemplando el espectáculo, suponemos que la mayoría de ellas eran parientes o amigos de los componentes de las bandas de música que acompañaban el cortejo.

Abría la marcha del Pendón un grupo de jóvenes disfrazados con uniforme militar del ejercito español del siglo XVIII, los cuales iban marcando, no sin un notable esfuerzo debido a lo pendiente del terreno, el paso de la oca, quizás con la intención de dar un cierto aire marcial a la marcha, pero lo que realmente consiguieron fue provocar una sonrisa burlona en los asistentes. Este grupo marchaba a los sones de una banda de cornetas y tambores con uniformes paramilitares y de la cual formaban parte algunos niños y niñas no mayores de 12 o 14 años, dicha banda es originaria de La Orotava.

A continuación marchaba el pendonero portando el lienzo y flanqueado por dos damas que sujetaban unas cuerdas, quizás en prevención de que una inesperada ráfaga de viento se llevara por los aires a pendón y pendonero. Acto seguido un grupo de personas que, a juzgar por la vestimenta, debían ser los componentes del consistorio realejero, y sí es verdad que la cara es el reflejo del alma, la de aquellas personas eran todo un poema dedicado al cinismo.

En esta oportunidad en la procesión no acompañaba ningún cura, por lo menos de uniforme.

Acto seguido iba un grupo de cuatro individuos, los cuales deduzco que representaban al Cabildo de Tenerife, pues entre ellas estaba don Wladimiro Rodríguez Brito. Detrás de este grupo marchaban un teniente y un sargento de la guardia civil, acompañados de otro teniente y un sargento del ejercito español, seguidos de una banda de música, con los instrumentos musicales en huelga, y a continuación NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, lo que nos induce a preguntarnos ¿dónde está ese pueblo que según los políticos apoyan este tipo de humillantes manifestaciones?

Esta pantomima tuvo lugar a pesar de los esfuerzos desarrollados por un grupo de jóvenes de Azarug que pretendían evitar al noble pueblo realejero la vergüenza y bochorno que supone este lamentable espectáculo, promovido por quienes dicen representarles.

La pregunta que surge es: ¿De dónde emanan las directrices que inducen a un consistorio a celebrar este tipo de mascaradas aún contra la voluntad de la mayoría del pueblo, cuyos intereses dice defender? "¡Cosas veredes amigo Sancho...!"

Ciudad colonial de Eguerew, julio de 2006.