LOS PENDONES DE AGUERE
Francisco Javier González
Unos días antes del Cristo -y en La Laguna decir el Cristo es decir el 14 de septiembre- una autodenominada "Asociación Cívica para la Defensa de La Laguna", convocó para el día mayor de la ciudad, una manifestación "postprocesional" en protesta por la sustitución del Pendón -que ahora quieren llamar "Real" y hasta ahora era "el de la Conquista"- por una nueva enseña con el escudo de la ciudad, aunque, no sé si por añadir atractivos a la protesta, le sumaron otro montón de supuestos agravios de los que responsabilizan al Ayuntamiento aguerense, desde el Corpus y sus alfombras, San Benito, la Banda que ya nadie sabe si es municipal o exmunicipal, y hasta el Cristo de Burgos, y no por la faldita que le da el nombre popular lagunero y que, si mal no recuerdo, la sacamos media chamuscada de entre las llamas de San Agustín, sino por no se que charanga poco sacra en Semana Santa, y todo ello sin olvidar la manta esperancera del cartel de este año.
Que quieren que les diga. Están en su derecho al protestar públicamente según su criterio y tendencias, que para eso somos bastantes los que arrimamos el hombro para parir una situación política que facilite a todos esa libertad expresiva, aunque, la verdad, les daría algunos consejos de tipo técnico, de esos que se aprenden con el uso.
Lo que no entiendo bien es el comportamiento del representante de la citada Asociación, D. Julio Torres, que, tal vez producto de un atávico terror de raíz franquista a los "terribles independentistas" que, en el imaginario de ciertas personas, tal vez por aquello de los aborígenes, somos algo así como los salvajes del lugar, o tal vez a causa de alguna neura no diagnosticada, solicitó a la Delegación del Gobierno metropolitano "protección policial ante el temor de que determinados sectores de la población protagonicen incidentes para boicotear la manifestación", protección que el Sr. Segura, no se si como lagunero conocedor del percal o en ejercicio de sus funciones de Subdelegado, envió gustoso, aunque más bien para proteger a los empleados municipales presentes en las Casas Consistoriales de las iracundas expresiones de D. Julio y adláteres al llegar a la confluencia de la Calle Carrera con la Plaza Abajo (o bien Obispo Rey Redondo con Plaza del Adelantado en el hispano leguaje identitario del Sr. Torres), aunque hay que reconocer que el centenar de acompañantes de D. Julio, salvo por el uso de algunos pitos y cacharros, eran gente tranquila, ordenada, y poco ruidosa.
A todas estas, los "peligrosos independentistas", que conocían en sus costillas el significado práctico de la dicotomía policía/manifestación en esa misma esquina un año antes, ejercían de pacíficos espectadores y hasta coreaban, o al menos aplaudían, algunas consignas como las de "queremos nuestra Banda", "Oramas dimite" y hasta la de "Oramas, chiquita…."
Confieso que en cuanto me encuentre a D. Julio le pediré el pliego de firmas para declarar al Pendón como Bien de Interés Cultural, que en realidad lo es, y estamparé en él mi firma para que, como tal se conserve en su vitrina, bajo llave y con abundante naftalina, ya sea en la Sala de Concejales ya sea en el Museo de Historia también sito en Aguere, pero con la condición de que nunca más salga a la calle simbolizando
-y, por cierto, falsamente- el dominio militar sobre un pueblo al que la conquista sometió a esclavitud y explotación.El "Pendón de los Alféreces", que es su nombre históricamente acreditado, fue durante siglos la representación simbólica del poder militar colonial español y, hasta bien entrado el S. XIX, se guardaba en poder del Alférez Mayor y en su propia casa. Pasó después al Cabildo, en aquel entonces con sede en La Laguna, y por último al Ayuntamiento de Aguere. Es a fines del XIX cuando se inicia la parafernalia de las procesiones "cívico-militares" tan del gusto de los descendientes de los cuatro supuestos nobles conquistadores que, durante siglos, habían ejercido el dominio en la vida civil y política lagunera, sacando en ellas el Pendón por las empedradas calles de Aguere para restregar así en las narices del mestizado y aculturado pueblo llano el ya ruinoso orgullo del conquistador. Hoy, por suerte y por el empeño que muchos hemos puesto, las cosas han cambiado en mi ciudad.
Agradecí, por lo sensata y constructiva, la propuesta al Pleno Municipal de D. Santiago Pérez de crear una Comisión Especial para el estudio del Pendón y su uso protocolario, y aplaudí la resolución que apoyaron todos los grupos políticos municipales en el Ayuntamiento, basada en los informes de expertos y en las aportaciones que realizaron todos aquellos que, libremente, quisieron hacerlo. El resultado es considerar al "de la Conquista", suprimida ya por inexacta esa condición, como bien histórico y parte del patrimonio de la ciudad y aprobar una insignia ciudadana basada en el escudo
-y este si que es "Real "al haber sido dado a la misma por la reina Juana La Loca- que se constituye así en el nuevo y verdadero PENDÓN DE LA CIUDAD DE AGUERE que, como tal, debe contar con el respeto ciudadano incluido el de D. Julio & Cía Ltda, que, no sé porqué, me traen a la memoria unos versos de mi fallecido amigo, el poeta gomero Tomás Chávez: "…que buenos pendones son / de la cabeza a los pies/ de la manifestación"Aguere a 21 de septiembre de 1004
Nota de la Redacción: Reproducimos tríptico anónimo
Nostálgicos "pendoneros"