El
pensamiento militar aplicado en política,
Otra
forma de entenderla (I)
(Parte I,
Los fundamentos teóricos)
Juan
Pérez Lorenzo
"Esta
ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice
que es"
Eduardo Galeano
(Montevideo, Uruguay, 1940)
En Norte América, Québec logró ser una nación dentro
de Canadá. Dio una verdadera lección a los incrédulos y aunque no sea
independiente todavía, es indudable que pasó a otra posición de lucha.
En Latino América, Hugo Chávez Frías volvió a ganar las
elecciones de Venezuela y
En Bolivia, Nicaragua y Ecuador también están
apostando por un cambio, al igual que en Argentina, Brasil y Chile. Sobre Cuba
se cierne la incertidumbre.
En Europa, el 16 de Noviembre de 2006, el Partido
Socialista Francés, eligió a Ségolène Royal, como su
candidata a la presidencia. En España, Cataluña en gran medida ha venido
alcanzado sus objetivos y en esta última oportunidad, Esquerra
Republicana de Catalunya (ERC), un partido político
catalán, fundado en 1931, de ideología progresista, republicana e
independentista, nuevamente logró obtener importantes cuotas de poder de donde
seguir avanzado hacia sus objetivos finales y todo gracias a una “Alianza
estratégica”. Pero es que además el nuevo partido no nacionalista Ciutadans-Partit de
Ahora bien, esta dinámica, estos acontecimientos, ¿Han
surgido de manera espontánea?, ¿Han requeridos grandes recursos económicos?, ¿El
poder mediático les apoyaba? ………….. ¿Como pasó?, es muy probable que la
respuesta la encontremos en algo que escribió uno de los primeros realistas en
ciencias políticas:
“Cuando hayas
comprendido el Arte de
Sun Tzu
(China,
aprox. 400 adC y 320 adC.)
La política es una actividad que intenta resolver
conflictos y promover ajustes. Así como promueve el orden, es también fuente de
conflictos al presentarse. Conflicto de intereses entre las partes, entre
quienes conforman una misma organización política, con los que pertenecen a
otra, entendiéndose que en esa otra también difieren entre sí en sus
concepciones ideológicas, misión y visión. Entonces si esto es así, podemos
afirmar que la política es una actividad conflictiva y que por ello su
acontecer es una guerra continua donde se entablan verdaderas “batallas”.
Esto en general lo podemos confirmar todos los días y
en particular en los períodos de elecciones. Muy frecuentemente nos percatamos el
uso de la terminología bélica en la política: Los partidos “reclutan” “militantes”,
se procuran de “infiltrados” para tomar algún nivel de control en las
organizaciones que les son adversas. Se habla de “Campaña electoral”, de la
imagen y el marketing político (La propaganda de los conflictos bélicos), de
maniobra, de alianzas, de tomar posiciones, de logística, de escenarios, de emboscadas,
etc. etc., ¿pero porque todo esto? La guerra es demasiado horrible en tiempo de
guerra, como para extenderla a la época de paz.
Esto es muy cierto, pero si se desea participar en el
juego de la política, conviene aprender primero los principios que la rigen y
entre ellos, uno de los más importantes es el de la sistematización y
racionalización de la teoría y de la práctica de las operaciones militares,
porque a lo largo de la historia se ha comprobado que es el mejor método para
organizar las acciones y a las personas.
Afortunadamente, las batallas de esta guerra política no
se hacen en lugares físicos; se hacen en un terreno más complejo, enmarañado y más
difícil de entender, aún así, y aunque las armas y los campos de batalla son diferentes,
la guerra política en sí, se basa en las dos características inmutables de la
guerra armada; se basa en
Si la estrategia escolta a la táctica y ambas están al
servicio del objetivo, este último va a determinar la orientación que se le van
dar a las acciones; para ello, los estrategas militares elaboran un plan global
que a su vez contiene otros planes que actúan en diferentes escenarios; por
ello, el dinamismo es enorme, piramidal, cíclico y continuo.
Se trazan objetivos específicos desde la base de la
pirámide, que se deben alcanzar previamente como requisito para ir ascendiendo;
logrados estos, se abordarán los próximos para gradualmente alcanzar la cima (El
objetivo general del plan global) desde donde se iniciará un nuevo ciclo
piramidal.
En política, ¿cual es objetivo general del plan
global? Si miramos la cima de la pirámide, ya lo hemos comentado, sería intentar
resolver conflictos y promover ajustes, pero para ello se debe lograr alcanzar
un objetivo previo: las formulas son muchas y van desde las más radicales hasta
las más suaves, desde las más conservadoras hasta las más progresistas, desde la
otra forma de hacer política con la llamada consigna Zapatista
que defiende la tesis de que no es necesario controlar el Estado como
precondición para transformar la sociedad, hasta la más clásica que es tomar el
poder para cambiar el estado actual de las cosas, tomar el poder para transformar
al país y a la sociedad y en este punto no nos engañemos, porque hay un juego
establecido con unas reglas preconcebidas, con lo cual, yo no veo otra fórmula
más efectiva que la clásica, pero para llegar a ese nivel de la pirámide antes
se debe comenzar desde la base misma.
“Mantener las
fuerzas concentradas en una masa avallasadora para
apuntar por encima de cualquier obstáculo y tan lejos como sea posible”
Karl von Clausewitz
(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).
Ningún otro principio de la guerra es tan fundamental
como el principio de la fuerza. En política vemos que los partidos grandes
generalmente vencen a los pequeños.
Los que tienen más gente, más recursos económicos, más
poder mediático y más influencia tienden a ganar la contienda electoral. Sin
embargo, cuando se dice que “generalmente vencen” o que “tienden a ganar” es porque no siempre es
así, ya se ha mencionado; toda regla tiene su excepción y ésta en gran medida
puede estar basada en el principio mismo de la fuerza y en la posición que se
tenga en un cuadrado estratégico.
Una cosa es tener que actuar según dictan las reglas del
marco jurídico-constitucional vigente y otra muy distinta es actuar como actúan
los que sustentan el poder; es decir, una cosa es jugar el mismo juego con las
mismas reglas y otra es jugarlo de la misma manera; y lamentablemente este es
un grave error que se comente con demasiada frecuencia. Como consecuencia, las
acciones se desvirtúan y se orientan a desbaratar los planes del enemigo,
cuándo lo que habría que hacer es orientarlas a combatir su estrategia.
Las machacadas consignas “En la unión está la fuerza”,
“El pueblo unido jamás será vencido” o “Divide y vencerás”, jamás dejarán de
tener vigencia. En Canarias las dos primeras no se cumplen, pero la tercera,
una de las estrategias de los adversarios, sigue estando presentes desde el
siglo XV. El mismo efecto de repliegue, de
dispersión, de luchas asiladas y de rebeliones ocasionales que se produjeron en
la población aborigen después de que sus líderes fuesen derrotados, se sigue
manteniendo en la actualidad y esto en gran medida impide que se manifieste en
nosotros el poder de trasladar, la ciencia de organizar y el arte de prever.
Con lo cual, las principales causas de nuestro fracaso continúan estando
presentes, obviamente, con sensibles transformaciones, pero con el mismo
panorama: Continúa “El imperio Español”, “Los Jean de Bethencourth
y los Gadifer de
En
Las diferencias ideológicas existen, es lógico y
absolutamente necesario, el amplio abanico de opciones relacionadas con los
ejes conceptuales y con la ubicación de los partidos en el llamado “espectro
político” es importante, pero es que además es absolutamente normal en ámbito
político democrático.
No obstante la unidad, a priori, no es una condición
sin ecuanon para alcanzar los primeros objetivos. Probablemente
el primer requisito (De acuerdo a las circunstancias), sea que un partido
político, especialmente desmarcado y diferenciado del resto, luche racional y
metódicamente para alcanzar cuotas de poder y así estar en posición de negociar
paulatinamente con el resto, porque en política para que se produzcan las
alianzas, los pactos o la unión entre dos o más partes, desafortunadamente, no son
suficientes los fines comunes, debe haber algo que negociar. Alianzas que deben
establecerse en el ámbito local, regional, nacional e internacional; incluyendo
a los partidos y organizaciones políticas independentistas de España.
“El primero,
el supremo, el acto de reflexión más trascendente que el estadista y el
comandante tienen que hacer es establecer la clase de guerra en que se ha
embarcado, sin confundirla, sin tratar de convertirla en algo ajeno a su
naturaleza”
Karl von Clausewitz
(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).
En la guerra real, como en la guerra política no
existe un camino único para luchar. Así pues, saber el tipo de lucha que se
peleará es la primera y más importante decisión que cabe hacer y esta dependerá
de la posición que se tenga en un cuadrado estratégico.
La lucha defensiva y los principios que la rigen es
para quien sustenta el poder, la campaña ofensiva y los principios que la rigen
es para los partidos que ocupan la segunda y tercera posición, la lucha por los
flancos y la guerra de guerrillas es para los partidos más pequeños ya que
posee un enorme depósito de ventajas tácticas que les permite prosperar en
tierra de gigantes. Pero para ahondar en cada tipo de lucha tendríamos que extendernos
demasiado en un mundo muy complejo, especializado y delicado que necesita de un
profundo análisis y estudio porque el enemigo a vencer tiene muchas cabezas,
está en Canarias, en el estado español y en Europa y no soltarán la presa tan
fácilmente, por lo que la lucha se plantea muy dura en varios frentes.
“Sin preparación, la superioridad de fuerzas
no es superioridad real ni puede haber tampoco iniciativa. Sabiendo esta
verdad, una fuerza inferior pero bien preparada, a menudo puede derrotar a una
fuerza enemiga superior mediante ataques por sorpresa”
Mao Tse-tung
(Shaoshan, Hunan, 1893 - Pekín, 1976)
Estos son los principales métodos que empleaba el
Ejército Popular de Liberación Chino:
1.
Asestar golpes primero a las fuerzas enemigas
dispersas y aisladas, y luego a las fuerzas enemigas concentradas y poderosas.
2.
Tomar primero las ciudades pequeñas y medianas y las
vastas zonas rurales, y luego las grandes ciudades.
3.
Tener por objetivo principal el aniquilamiento de la
fuerza viva del enemigo y no el mantenimiento o conquista de ciudades o
territorios.
El
mantenimiento o conquista de una ciudad o un territorio es el resultado del
aniquilamiento de la fuerza viva del enemigo, y, a menudo, una ciudad o territorio
puede ser mantenido o conquistado en definitiva sólo después de cambiar de
manos repetidas veces.
4.
En cada batalla, concentrar fuerzas absolutamente
superiores (dos, tres, cuatro y en ocasiones hasta cinco o seis veces las
fuerzas del enemigo), cercar totalmente las fuerzas enemigas y procurar
aniquilarlas por completo, sin dejar que nadie se escape de la red.
En
circunstancias especiales, usar el método de asestar golpes demoledores al
enemigo, esto es, concentrar todas nuestras fuerzas para hacer un ataque
frontal y un ataque sobre uno o ambos flancos del enemigo, con el propósito de
aniquilar una parte de sus tropas y desbaratar la otra, de modo que nuestro
ejército pueda trasladar rápidamente sus fuerzas para aplastar otras tropas
enemigas.
Hacer lo
posible par evitar las batallas de desgaste, en las que lo ganado no compensa
lo perdido o sólo resulta equivalente. De este modo, aunque somos inferiores en
el conjunto (hablando en términos numéricos), somos absolutamente superiores en
cada caso y en cada batalla concreta, y esto nos asegura la victoria en las
batallas. Con el tiempo, llegaremos a ser superiores en el conjunto y
finalmente liquidaremos a todas las fuerzas enemigas.
5.
No dar ninguna batalla sin preparación, ni dar ninguna
batalla sin tener la seguridad de ganarla; hacer todos los esfuerzos para estar
bien preparados para cada batalla, hacer todo lo posible para que la
correlación existente entre las condiciones del enemigo y las nuestras nos
asegure la victoria.
6.
Poner en pleno juego nuestro estilo de lucha: valentía
en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio a la fatiga y tenacidad en los
combates continuos (es decir, entablar combates sucesivos en un corto lapso y
sin tomar reposo).
7.
Esforzarse por aniquilar al enemigo en la guerra de
maniobras. Al mismo tiempo, dar importancia a la táctica de ataque a posiciones
con el propósito de apoderarse de los puntos fortificados y ciudades en manos
del enemigo.
8.
Con respecto a la toma de las ciudades, apoderarse
resueltamente de todos los puntos fortificados y ciudades débilmente defendidas
por el enemigo. Apoderarse, en el momento conveniente y si las circunstancias
lo permiten, de todos los puntos fortificados y ciudades que el enemigo
defienda con medianas fuerzas. En cuanto a los puntos fortificados y ciudades
poderosamente defendidos por el enemigo, tomarlos cuando las condiciones para
ello hayan madurado.
9.
Reforzar nuestro ejército con todas las armas y la
mayor parte de los hombres capturados al enemigo. La fuente principal de los recursos
humanos y materiales para nuestro ejército está en el frente.
10.
Aprovechar bien el intervalo entre dos campañas para
que nuestras tropas descansen, se adiestren y consoliden. Los períodos de
descanso, adiestramiento y consolidación no deben, en general, ser muy
prolongados para no dar, hasta donde sea posible, ningún respiro al enemigo.
Si trasladamos estos principios de la guerra de
guerrillas geográfica, a la política, verificaremos que no hay salida sin
retomar el trabajo de base (La pirámide), en cada isla, en cada pueblo, en cada
municipio, desde fuera hacia dentro, hasta las grandes ciudades, reinventando
al mismo tiempo la estructura sindical, reactivando el movimiento estudiantil, incluyendo
en la agenda las cuestiones históricas, culturales, lingüísticas, raciales,
feministas, religiosas y ecológicas, a los canarios en el exterior, etc. Pero tampoco
hay salida si no estamos concientes de que aunque las acciones se desenvuelven
en diferentes zonas geográficas, la guerra política en sí, ya se mencionó, no se
hace en lugares físicos; se hace en un terreno más complejo, enmarañado y más
difícil de entender.
Pero, si no es un lugar físico ¿Dónde está el terreno?,
¿Dónde se libran estas batallas?, ¿Dónde las montañas, los valles y las
trincheras? Pues, no en las oficinas de los ayuntamientos o en el Cabildo o en
el parlamento. Se libran en la mente, estas batallas se libran dentro de la
mente; en la propia y en la de los ciudadanos. La mente es el campo de batalla;
un terreno falso que nadie ha visto nunca, que solo se puede imaginar, razón
por la cual, su exploración reviste extrema dificultad. La naturaleza de este
tipo de guerra obliga a burlar, flanquear y poner fuera de combate a los
adversarios políticos, ellos son los enemigos y los ciudadanos el territorio
que se debe ganar y por más complejo, enmarañado y difícil de entender que
pueda ser el campo de batalla, un verdadero estratega y estadista político
suele identificarlo y clasificarlo, atendiendo a su comportamiento y
características, si no, ¿Cómo se puede penetrar en la mente humana para indagar
la apariencia del terreno y determinar cuales son los puntos fuertes que el
enemigo mantiene allí y así poder contrarrestarlos o cuáles los débiles para
atacarlos?, esto hay que conocerlo muy bien, especialmente, para poder usar adecuadamente
una de las armas más poderosas del arsenal político; la ciencia de la
comunicación.
Es el poder mediático, (La propaganda de los
conflictos bélicos) y su manera particular de incidir en la opinión pública; un
arma de doble filo, que puede llegar a ser una suerte de boomerang si no se
sabe interpretar y utilizar de manera conciente. Saber generar el mensaje,
seleccionar al emisor, cuidar y gestionar la imagen de los líderes y de los
voceros oficiales, la de su organización. Conocer al receptor y decidir el
medio más idóneo, son solo algunas de las especialidades básicas de la
comunicación. Básicas, pero dominarlas o no puede marcar la diferencia. Frecuentemente,
en las grandes batallas, la lucha por ganar el territorio esta condicionada por
diversos factores, entre ellos, el clima. Muchas victorias mediáticas se han
logrado porque se ha sabido interpretar las condiciones climáticas y adaptar a
estas las diferentes estrategias antes de tratar de penetrar en el territorio.
En Canarias el clima predominante es de estancamiento,
de paulatina frustración y de pérdida de esperanzas, un evidente desencanto
colectivo que se manifiesta en una cada vez más apática, desinteresada, cómoda
y manipulada sociedad. Una sociedad que está cansada de las mentiras y de los
engaños, que está harta de proyectos vacíos y de que el discurso político
concluya en promesas incumplidas. Unos ciudadanos que son una inmensa mayoría de
personas sencillas y que desde esa sencillez les nace un requerimiento fundamental
de solo aspirar a satisfacer sus necesidades
cotidianas y básicas, que lo que les interesa realmente es resolver sus
problemas esenciales; y que al no estar lográndolo, envían un mensaje
contundente a través de la abstención electoral.
En estas circunstancias, en este clima, la
comunicación bien estructurada es de vida o muerte, porque todos sabemos que
las personas sin esperanzas son fáciles de dominar (Tal y como lo entienden y
practican los adversarios), y no se trata de que ese sea el objetivo de la
comunicación, se trata de que su objetivo sea el de informar para gestionar de
manera adecuada los miedos y las esperanzas de estas; especialmente cuándo de
independencia se trata.
Los mensajes deben combatir a viejos paradigmas y viejas
percepciones, por ello, hay que apartar las ideologías para unirnos en lo
fundamental, procurar la unidad en lo sustancial, acordar las discrepancias y
ofrecernos mutuamente espacio de maniobra, eliminando la radicalidad de la
crítica para poder percibir las potencialidades de esta situación difícil y
complicada, incluso grave, y convertirla en oportunidades para la construcción
de un futuro. Pero saber discernir una situación, por muy grave y complicada
que sea, y convertirla en una oportunidad corre el riesgo de diluirse y quedar
estéril si el pueblo no percibe un proyecto, una idea, un programa lógico,
coherente, serio y en equilibrio con el presente; un proyecto de renovación con
profundos conocimientos y comprensión de la realidad de la nación Canaria, de
su entorno y del acontecer internacional; una alternativa que vaya más allá de
los intereses personales, algo que suponga desbordar los intereses partidistas
y para que eso pueda suceder dependerá en gran medida del liderazgo político
que se ejerza bajo estas condiciones de frustración de la sociedad. Porque de
lo contrario, se verá seriamente afectada tanto su credibilidad como la de las
organizaciones que representan y la credibilidad es la moneda que más vale en
el “mercado” de los votos. Unos votos vistos no solo desde el sufragio, sino
desde la confianza, desde la seguridad. Unos votos que supondrían la progresiva
e imprescindible adhesión y cohesión de la sociedad en el necesario proceso de
cambio.
“De mil
hombres notables, algunos por su juicio, otros por su intrepidez o fuerza de
voluntad, quizás en ninguno se combinen todas aquellas cualidades
indispensables para elevar a un hombre por arriba de la mediocridad, en la
carrera de un general”
Karl von Clausewitz
(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).
El optimismo de los partidarios del cambio se volverá
a enfrentar al pesimismo de las viejas caras, los viejos privilegios, los
antiguos prejuicios que todavía se resisten tercamente a dejar su lugar, porque
no aceptan que la antorcha de la historia pasó a otras manos. Un ciclo
histórico llega a su fin y otro comienza. El timón de nuestra historia está
pasando a una nueva generación. Una nueva generación de Canarios
y Canarias llenos de energía, llenos de confianza en sus propias fuerzas y sin
miedo al futuro. Pero, ¿Dónde están los Bencomo, los Doramas,
los Tinguaro, los Tanausú, los
Armiche, etc.?, ¿Dónde están las guerreras Auaritas?
La situación actual clama por más mariscales de campo,
más hombres y mujeres dispuestos a aceptar la responsabilidad de planear y dirigir
todo un programa político.
La información para la estrategia debe surgir de abajo
hacia arriba y no al contrario, pero su diseño es otro asunto. A veces, cuándo
la situación requiere desesperadamente de grandes pensadores, se opta por un
camino equivocado; la diversificación y la descentralización no hacen más que
empujar la estrategia por la escalera.
Cuánto más gente esté implicada en el proceso
estratégico, menos serán las probabilidades de que la organización idee una
estrategia brillante.
No es fácil hallar a los generales, a los dirigentes. Clausewitz señala que mucha gente que no deja de ser
inteligente, no necesariamente posee las cualidades para ser un buen general.
De mil, quizás haya uno.
¿Qué cualidades debe tener un líder político? Muchas.
La característica clave de un líder es la
flexibilidad. No es encantadora y no siempre se reconoce como virtud; no
obstante ningún dirigente político de ningún partido ha alcanzado un gran éxito
sin ella. Un líder debe ser lo bastante flexible como para ajustar la
estrategia a la situación y no viceversa.
La mayoría de los supuestos líderes hacen justamente
lo opuesto: empiezan con una estrategia que ha surtido efecto en el pasado y
después analizan la situación. Muy a menudo ajustan la situación a la
estrategia. No es difícil hacerlo, ya que los “hechos” nunca son claros.
Dice Clausewitz: “Una gran parte de la información obtenida
en la guerra es contradictoria, una aún mayor es falsa y la parte más grande es
de carácter dudoso”
Algunas veces la flexibilidad es confundida con la
fuerza y es la actitud obstinada e inflexible la que posee el signo de
debilidad de un dirigente, no de fuerza. Un buen líder no tiene prejuicios;
considera con seriedad todas las alternativas y escucha todos los puntos de
vista antes de tomar una decisión y es precisamente esta mente flexible lo que
puede aterrorizar a los adversarios porque nunca saben cuándo o por donde se
asestará el golpe. Es difícil que se defiendan contra lo que no están
preparados.
Un líder político debe tener valor, aún y cuándo debe
tener una mente abierta para escuchar todos los puntos de vista, en determinado
momento debe tomar una decisión y esto ocurre cuándo la mente abierta se cierra
y el líder competente medita para hallar la fuerza de voluntad y el espíritu de
coraje que prevalecerán. Los dirigentes mediocres son los del tipo macho: “Nadie va a decirme como actuar” pero si
se es bueno actuando, se puede ser tanto un buen líder como un estratega
competente.
Un líder domina las reglas de juego o los principios
del mismo y, segundo, debe olvidarlas; es decir, debe aprender a jugar sin
pensar en las reglas. Un líder competente no deberá preguntar concientemente:
¿Qué tipo de lucha estamos librando? ¿Qué principios debemos seguir?
Un líder político debe saber aplicar el “Arte de la
guerra”.
"Todo el
Arte de
Sun Tzu
(China,
aprox. 400 adC y 320 adC.)
1.
Cuándo eres capaz finge incapacidad; si eres activo,
pasividad.
2.
Si estas próximo, haz creer que estás lejos; si
alejado que estas cerca.
3.
Ofrece un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en
una trampa; simula desorden y sorpréndelo.
4.
Cuándo se concentre prepárate a luchar contra el;
donde sea fuerte evítalo.
5.
Encoleriza a su general y desoriéntalo.
6.
Finge estar en inferioridad de condiciones; estimula
su arrogancia.
7.
Ponlos en aprietos y acósalos.
8.
Si esta unido, divídelo. (enemístale con sus aliados,
siembra entre ellos sospechas mutuas. Así podrás conspirar contra ellos)
9.
Atácalo donde no este preparado; avanza por donde no
se lo espere.
"Cada
ciudadano se hace a si mismo responsable de todo lo que hace su gobierno: tiene
que prestarle todo su apoyo mientras ese gobierno vaya tomando decisiones
aceptables. Pero el día en que el equipo que está en el poder haga daño a la
nación, cada uno de los ciudadanos tiene la obligación de retirarle su apoyo...
si la injusticia cometida es intolerable, es un derecho y un deber de toda
nación y de todo individuo no someterse a ella."
Mohandās Karamchand Gandhī
(India, 1869
- 1948)
Continuará…