El pensamiento militar aplicado en política,

Otra forma de entenderla (I)

(Parte I, Los fundamentos teóricos)

 

Juan Pérez Lorenzo

 

"Esta ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice que es"

 Eduardo Galeano

 (Montevideo, Uruguay, 1940)

 

En Norte América, Québec logró ser una nación dentro de Canadá. Dio una verdadera lección a los incrédulos y aunque no sea independiente todavía, es indudable que pasó a otra posición de lucha.

 

En Latino América, Hugo Chávez Frías volvió a ganar las elecciones de Venezuela y la Revolución Bolivariana se extiende por diferentes latitudes desde que en 1998 fue capaz de unificar a varios partidos políticos de diversas corrientes bajo un solo objetivo; con ello no solo alcanzó el poder, si no que derrotó al bipartidismo títere de la oligarquía. El mundo ya no puede negar su liderazgo y ahora en una nueva etapa, le dice a sus socios políticos: “Debemos eliminar todos los partidos del movimiento para dar paso a un partido único, grande, fuerte y sólido”….El Teniente Coronel sabe muy bien hacia donde ir.

 

En Bolivia, Nicaragua y Ecuador también están apostando por un cambio, al igual que en Argentina, Brasil y Chile. Sobre Cuba se cierne la incertidumbre.

 

En Europa, el 16 de Noviembre de 2006, el Partido Socialista Francés, eligió a Ségolène Royal, como su candidata a la presidencia. En España, Cataluña en gran medida ha venido alcanzado sus objetivos y en esta última oportunidad, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), un partido político catalán, fundado en 1931, de ideología progresista, republicana e independentista, nuevamente logró obtener importantes cuotas de poder de donde seguir avanzado hacia sus objetivos finales y todo gracias a una “Alianza estratégica”. Pero es que además el nuevo partido no nacionalista Ciutadans-Partit de la Ciutadania (C´s) ha obtenido tres escaños en la provincia de Barcelona, es decir en el ámbito urbano, le ha arrancado los diputados claramente y por las bravas al PSOE. A pesar de la escasez de medios, del apagón informativo y de los ataques violentos, los votos no nacionalistas urbanos se han pasado a este movimiento cívico. Galicia está comenzando a reivindicar su cultura, historia y lenguaje sobre las imposiciones nacionalistas del estado centrista e imperialista y ahora como un punto más de diferenciación, está trabajando para tener el mismo huso horario que Portugal y Canarias. Andalucía aunque con bastante más timidez se define como “Una realidad nacional”, no es mucho, pero quizás sea el inicio de algo.

 

Ahora bien, esta dinámica, estos acontecimientos, ¿Han surgido de manera espontánea?, ¿Han requeridos grandes recursos económicos?, ¿El poder mediático les apoyaba? ………….. ¿Como pasó?, es muy probable que la respuesta la encontremos en algo que escribió uno de los primeros realistas en ciencias políticas:

 

“Cuando hayas comprendido el Arte de la Guerra, no existirá una sola cosa que no seas capaz de comprender”, y “podrás ver el camino en todas las cosas”

Sun Tzu

(China, aprox. 400 adC y 320 adC.)

 

La política es una actividad que intenta resolver conflictos y promover ajustes. Así como promueve el orden, es también fuente de conflictos al presentarse. Conflicto de intereses entre las partes, entre quienes conforman una misma organización política, con los que pertenecen a otra, entendiéndose que en esa otra también difieren entre sí en sus concepciones ideológicas, misión y visión. Entonces si esto es así, podemos afirmar que la política es una actividad conflictiva y que por ello su acontecer es una guerra continua donde se entablan verdaderas “batallas”.

 

Esto en general lo podemos confirmar todos los días y en particular en los períodos de elecciones. Muy frecuentemente nos percatamos el uso de la terminología bélica en la política: Los partidos “reclutan” “militantes”, se procuran de “infiltrados” para tomar algún nivel de control en las organizaciones que les son adversas. Se habla de “Campaña electoral”, de la imagen y el marketing político (La propaganda de los conflictos bélicos), de maniobra, de alianzas, de tomar posiciones, de logística, de escenarios, de emboscadas, etc. etc., ¿pero porque todo esto? La guerra es demasiado horrible en tiempo de guerra, como para extenderla a la época de paz.

 

Esto es muy cierto, pero si se desea participar en el juego de la política, conviene aprender primero los principios que la rigen y entre ellos, uno de los más importantes es el de la sistematización y racionalización de la teoría y de la práctica de las operaciones militares, porque a lo largo de la historia se ha comprobado que es el mejor método para organizar las acciones y a las personas.

 

Afortunadamente, las batallas de esta guerra política no se hacen en lugares físicos; se hacen en un terreno más complejo, enmarañado y más difícil de entender, aún así, y aunque las armas y los campos de batalla son diferentes, la guerra política en sí, se basa en las dos características inmutables de la guerra armada; se basa en LA ESTRATEGIA Y en LA TÁCTICA. La primera es el “qué debe hacerse en una determinada situación”, la segunda en el “cómo hacerse”. Así como la forma debe seguir a la función, la estrategia debe seguir a la táctica; es decir, el logro de los resultados tácticos es la meta única y fundamental de una estrategia. Sin estrategia ni lineamientos generales, la táctica no tendría objetivos claros y su aplicación sería errónea. Dicho esto, podemos afirmar que para que una estrategia determinada contribuya a los resultados tácticos, los objetivos deben escalonarse, definirse y jerarquizarse de acuerdo a su grado de dificultad y orden de prioridad, porque en definitiva, tanto la estrategia como la táctica están al servicio de la consecución de los mismos.

 

Si la estrategia escolta a la táctica y ambas están al servicio del objetivo, este último va a determinar la orientación que se le van dar a las acciones; para ello, los estrategas militares elaboran un plan global que a su vez contiene otros planes que actúan en diferentes escenarios; por ello, el dinamismo es enorme, piramidal, cíclico y continuo.

 

Se trazan objetivos específicos desde la base de la pirámide, que se deben alcanzar previamente como requisito para ir ascendiendo; logrados estos, se abordarán los próximos para gradualmente alcanzar la cima (El objetivo general del plan global) desde donde se iniciará un nuevo ciclo piramidal.

En política, ¿cual es objetivo general del plan global? Si miramos la cima de la pirámide, ya lo hemos comentado, sería intentar resolver conflictos y promover ajustes, pero para ello se debe lograr alcanzar un objetivo previo: las formulas son muchas y van desde las más radicales hasta las más suaves, desde las más conservadoras hasta las más progresistas, desde la otra forma de hacer política con la llamada consigna Zapatista que defiende la tesis de que no es necesario controlar el Estado como precondición para transformar la sociedad, hasta la más clásica que es tomar el poder para cambiar el estado actual de las cosas, tomar el poder para transformar al país y a la sociedad y en este punto no nos engañemos, porque hay un juego establecido con unas reglas preconcebidas, con lo cual, yo no veo otra fórmula más efectiva que la clásica, pero para llegar a ese nivel de la pirámide antes se debe comenzar desde la base misma.

 

“Mantener las fuerzas concentradas en una masa avallasadora para apuntar por encima de cualquier obstáculo y tan lejos como sea posible”

Karl von Clausewitz

(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).

 

Ningún otro principio de la guerra es tan fundamental como el principio de la fuerza. En política vemos que los partidos grandes generalmente vencen a los pequeños.

 

Los que tienen más gente, más recursos económicos, más poder mediático y más influencia tienden a ganar la contienda electoral. Sin embargo, cuando se dice que “generalmente vencen” o  que “tienden a ganar” es porque no siempre es así, ya se ha mencionado; toda regla tiene su excepción y ésta en gran medida puede estar basada en el principio mismo de la fuerza y en la posición que se tenga en un cuadrado estratégico.

 

Una cosa es tener que actuar según dictan las reglas del marco jurídico-constitucional vigente y otra muy distinta es actuar como actúan los que sustentan el poder; es decir, una cosa es jugar el mismo juego con las mismas reglas y otra es jugarlo de la misma manera; y lamentablemente este es un grave error que se comente con demasiada frecuencia. Como consecuencia, las acciones se desvirtúan y se orientan a desbaratar los planes del enemigo, cuándo lo que habría que hacer es orientarlas a combatir su estrategia.

 

Las machacadas consignas “En la unión está la fuerza”, “El pueblo unido jamás será vencido” o “Divide y vencerás”, jamás dejarán de tener vigencia. En Canarias las dos primeras no se cumplen, pero la tercera, una de las estrategias de los adversarios, sigue estando presentes desde el siglo XV. El mismo efecto de repliegue, de dispersión, de luchas asiladas y de rebeliones ocasionales que se produjeron en la población aborigen después de que sus líderes fuesen derrotados, se sigue manteniendo en la actualidad y esto en gran medida impide que se manifieste en nosotros el poder de trasladar, la ciencia de organizar y el arte de prever. Con lo cual, las principales causas de nuestro fracaso continúan estando presentes, obviamente, con sensibles transformaciones, pero con el mismo panorama: Continúa “El imperio Español”, “Los Jean de Bethencourth y los Gadifer de la Salle”, “Los adelantados”, “Los Fernando de Guanarteme y los Mininidra”, “los Añaterve” y también los que se mantienen al margen como lo hicieran los menceyatos de “Adeje, Daute y Abona” en Chinet.

 

En la Canarias de hoy, un buen ejemplo de lo que es una verdadera dispersión de fuerzas lo tenemos cuando vemos que desde las elecciones autonómicas y locales del 2003 se han creado 24 nuevos partidos políticos, nada más y nada menos que 8 por año y si a estos le sumamos los que ya existían, además de los diferentes movimientos y organizaciones no partidistas, nos encontraremos con una enorme debilidad, independientemente del argumento de que cada quien tiene su propia forma de matar las pulgas, porque aún y cuándo todos quieren matar las pulgas, no son capaces de ponerse de acuerdo para matarlas juntos, es decir, parece ser que un objetivo en común, un elemento en los que todos están de acuerdo no es suficiente para hermanarnos en la misma causa.

 

Las diferencias ideológicas existen, es lógico y absolutamente necesario, el amplio abanico de opciones relacionadas con los ejes conceptuales y con la ubicación de los partidos en el llamado “espectro político” es importante, pero es que además es absolutamente normal en ámbito político democrático.

 

No obstante la unidad, a priori, no es una condición sin ecuanon para alcanzar los primeros objetivos. Probablemente el primer requisito (De acuerdo a las circunstancias), sea que un partido político, especialmente desmarcado y diferenciado del resto, luche racional y metódicamente para alcanzar cuotas de poder y así estar en posición de negociar paulatinamente con el resto, porque en política para que se produzcan las alianzas, los pactos o la unión entre dos o más partes, desafortunadamente, no son suficientes los fines comunes, debe haber algo que negociar. Alianzas que deben establecerse en el ámbito local, regional, nacional e internacional; incluyendo a los partidos y organizaciones políticas independentistas de España.

 

“El primero, el supremo, el acto de reflexión más trascendente que el estadista y el comandante tienen que hacer es establecer la clase de guerra en que se ha embarcado, sin confundirla, sin tratar de convertirla en algo ajeno a su naturaleza”

Karl von Clausewitz

(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).

 

En la guerra real, como en la guerra política no existe un camino único para luchar. Así pues, saber el tipo de lucha que se peleará es la primera y más importante decisión que cabe hacer y esta dependerá de la posición que se tenga en un cuadrado estratégico.

 

La lucha defensiva y los principios que la rigen es para quien sustenta el poder, la campaña ofensiva y los principios que la rigen es para los partidos que ocupan la segunda y tercera posición, la lucha por los flancos y la guerra de guerrillas es para los partidos más pequeños ya que posee un enorme depósito de ventajas tácticas que les permite prosperar en tierra de gigantes. Pero para ahondar en cada tipo de lucha tendríamos que extendernos demasiado en un mundo muy complejo, especializado y delicado que necesita de un profundo análisis y estudio porque el enemigo a vencer tiene muchas cabezas, está en Canarias, en el estado español y en Europa y no soltarán la presa tan fácilmente, por lo que la lucha se plantea muy dura en varios frentes.

 

 “Sin preparación, la superioridad de fuerzas no es superioridad real ni puede haber tampoco iniciativa. Sabiendo esta verdad, una fuerza inferior pero bien preparada, a menudo puede derrotar a una fuerza enemiga superior mediante ataques por sorpresa”

Mao Tse-tung

(Shaoshan, Hunan,  1893 - Pekín,  1976)

 

Estos son los principales métodos que empleaba el Ejército Popular de Liberación Chino:

 

1.     Asestar golpes primero a las fuerzas enemigas dispersas y aisladas, y luego a las fuerzas enemigas concentradas y poderosas.

2.     Tomar primero las ciudades pequeñas y medianas y las vastas zonas rurales, y luego las grandes ciudades.

3.     Tener por objetivo principal el aniquilamiento de la fuerza viva del enemigo y no el mantenimiento o conquista de ciudades o territorios.

El mantenimiento o conquista de una ciudad o un territorio es el resultado del aniquilamiento de la fuerza viva del enemigo, y, a menudo, una ciudad o territorio puede ser mantenido o conquistado en definitiva sólo después de cambiar de manos repetidas veces.

4.     En cada batalla, concentrar fuerzas absolutamente superiores (dos, tres, cuatro y en ocasiones hasta cinco o seis veces las fuerzas del enemigo), cercar totalmente las fuerzas enemigas y procurar aniquilarlas por completo, sin dejar que nadie se escape de la red.

En circunstancias especiales, usar el método de asestar golpes demoledores al enemigo, esto es, concentrar todas nuestras fuerzas para hacer un ataque frontal y un ataque sobre uno o ambos flancos del enemigo, con el propósito de aniquilar una parte de sus tropas y desbaratar la otra, de modo que nuestro ejército pueda trasladar rápidamente sus fuerzas para aplastar otras tropas enemigas.

Hacer lo posible par evitar las batallas de desgaste, en las que lo ganado no compensa lo perdido o sólo resulta equivalente. De este modo, aunque somos inferiores en el conjunto (hablando en términos numéricos), somos absolutamente superiores en cada caso y en cada batalla concreta, y esto nos asegura la victoria en las batallas. Con el tiempo, llegaremos a ser superiores en el conjunto y finalmente liquidaremos a todas las fuerzas enemigas.

5.     No dar ninguna batalla sin preparación, ni dar ninguna batalla sin tener la seguridad de ganarla; hacer todos los esfuerzos para estar bien preparados para cada batalla, hacer todo lo posible para que la correlación existente entre las condiciones del enemigo y las nuestras nos asegure la victoria.

6.     Poner en pleno juego nuestro estilo de lucha: valentía en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio a la fatiga y tenacidad en los combates continuos (es decir, entablar combates sucesivos en un corto lapso y sin tomar reposo).

7.     Esforzarse por aniquilar al enemigo en la guerra de maniobras. Al mismo tiempo, dar importancia a la táctica de ataque a posiciones con el propósito de apoderarse de los puntos fortificados y ciudades en manos del enemigo.

8.     Con respecto a la toma de las ciudades, apoderarse resueltamente de todos los puntos fortificados y ciudades débilmente defendidas por el enemigo. Apoderarse, en el momento conveniente y si las circunstancias lo permiten, de todos los puntos fortificados y ciudades que el enemigo defienda con medianas fuerzas. En cuanto a los puntos fortificados y ciudades poderosamente defendidos por el enemigo, tomarlos cuando las condiciones para ello hayan madurado.

9.     Reforzar nuestro ejército con todas las armas y la mayor parte de los hombres capturados al enemigo. La fuente principal de los recursos humanos y materiales para nuestro ejército está en el frente.

10.         Aprovechar bien el intervalo entre dos campañas para que nuestras tropas descansen, se adiestren y consoliden. Los períodos de descanso, adiestramiento y consolidación no deben, en general, ser muy prolongados para no dar, hasta donde sea posible, ningún respiro al enemigo.

 

Si trasladamos estos principios de la guerra de guerrillas geográfica, a la política, verificaremos que no hay salida sin retomar el trabajo de base (La pirámide), en cada isla, en cada pueblo, en cada municipio, desde fuera hacia dentro, hasta las grandes ciudades, reinventando al mismo tiempo la estructura sindical, reactivando el movimiento estudiantil, incluyendo en la agenda las cuestiones históricas, culturales, lingüísticas, raciales, feministas, religiosas y ecológicas, a los canarios en el exterior, etc. Pero tampoco hay salida si no estamos concientes de que aunque las acciones se desenvuelven en diferentes zonas geográficas, la guerra política en sí, ya se mencionó, no se hace en lugares físicos; se hace en un terreno más complejo, enmarañado y más difícil de entender.

 

Pero, si no es un lugar físico ¿Dónde está el terreno?, ¿Dónde se libran estas batallas?, ¿Dónde las montañas, los valles y las trincheras? Pues, no en las oficinas de los ayuntamientos o en el Cabildo o en el parlamento. Se libran en la mente, estas batallas se libran dentro de la mente; en la propia y en la de los ciudadanos. La mente es el campo de batalla; un terreno falso que nadie ha visto nunca, que solo se puede imaginar, razón por la cual, su exploración reviste extrema dificultad. La naturaleza de este tipo de guerra obliga a burlar, flanquear y poner fuera de combate a los adversarios políticos, ellos son los enemigos y los ciudadanos el territorio que se debe ganar y por más complejo, enmarañado y difícil de entender que pueda ser el campo de batalla, un verdadero estratega y estadista político suele identificarlo y clasificarlo, atendiendo a su comportamiento y características, si no, ¿Cómo se puede penetrar en la mente humana para indagar la apariencia del terreno y determinar cuales son los puntos fuertes que el enemigo mantiene allí y así poder contrarrestarlos o cuáles los débiles para atacarlos?, esto hay que conocerlo muy bien, especialmente, para poder usar adecuadamente una de las armas más poderosas del arsenal político; la ciencia de la comunicación.

 

Es el poder mediático, (La propaganda de los conflictos bélicos) y su manera particular de incidir en la opinión pública; un arma de doble filo, que puede llegar a ser una suerte de boomerang si no se sabe interpretar y utilizar de manera conciente. Saber generar el mensaje, seleccionar al emisor, cuidar y gestionar la imagen de los líderes y de los voceros oficiales, la de su organización. Conocer al receptor y decidir el medio más idóneo, son solo algunas de las especialidades básicas de la comunicación. Básicas, pero dominarlas o no puede marcar la diferencia. Frecuentemente, en las grandes batallas, la lucha por ganar el territorio esta condicionada por diversos factores, entre ellos, el clima. Muchas victorias mediáticas se han logrado porque se ha sabido interpretar las condiciones climáticas y adaptar a estas las diferentes estrategias antes de tratar de penetrar en el territorio.

 

En Canarias el clima predominante es de estancamiento, de paulatina frustración y de pérdida de esperanzas, un evidente desencanto colectivo que se manifiesta en una cada vez más apática, desinteresada, cómoda y manipulada sociedad. Una sociedad que está cansada de las mentiras y de los engaños, que está harta de proyectos vacíos y de que el discurso político concluya en promesas incumplidas. Unos ciudadanos que son una inmensa mayoría de personas sencillas y que desde esa sencillez les nace un requerimiento fundamental de solo aspirar a satisfacer sus necesidades cotidianas y básicas, que lo que les interesa realmente es resolver sus problemas esenciales; y que al no estar lográndolo, envían un mensaje contundente a través de la abstención electoral.

 

En estas circunstancias, en este clima, la comunicación bien estructurada es de vida o muerte, porque todos sabemos que las personas sin esperanzas son fáciles de dominar (Tal y como lo entienden y practican los adversarios), y no se trata de que ese sea el objetivo de la comunicación, se trata de que su objetivo sea el de informar para gestionar de manera adecuada los miedos y las esperanzas de estas; especialmente cuándo de independencia se trata.

 

Los mensajes deben combatir a viejos paradigmas y viejas percepciones, por ello, hay que apartar las ideologías para unirnos en lo fundamental, procurar la unidad en lo sustancial, acordar las discrepancias y ofrecernos mutuamente espacio de maniobra, eliminando la radicalidad de la crítica para poder percibir las potencialidades de esta situación difícil y complicada, incluso grave, y convertirla en oportunidades para la construcción de un futuro. Pero saber discernir una situación, por muy grave y complicada que sea, y convertirla en una oportunidad corre el riesgo de diluirse y quedar estéril si el pueblo no percibe un proyecto, una idea, un programa lógico, coherente, serio y en equilibrio con el presente; un proyecto de renovación con profundos conocimientos y comprensión de la realidad de la nación Canaria, de su entorno y del acontecer internacional; una alternativa que vaya más allá de los intereses personales, algo que suponga desbordar los intereses partidistas y para que eso pueda suceder dependerá en gran medida del liderazgo político que se ejerza bajo estas condiciones de frustración de la sociedad. Porque de lo contrario, se verá seriamente afectada tanto su credibilidad como la de las organizaciones que representan y la credibilidad es la moneda que más vale en el “mercado” de los votos. Unos votos vistos no solo desde el sufragio, sino desde la confianza, desde la seguridad. Unos votos que supondrían la progresiva e imprescindible adhesión y cohesión de la sociedad en el necesario proceso de cambio.

 

“De mil hombres notables, algunos por su juicio, otros por su intrepidez o fuerza de voluntad, quizás en ninguno se combinen todas aquellas cualidades indispensables para elevar a un hombre por arriba de la mediocridad, en la carrera de un general”

Karl von Clausewitz

(Burg, Magdeburgo, 1780 - Breslau, Silesia, 1831).

 

El optimismo de los partidarios del cambio se volverá a enfrentar al pesimismo de las viejas caras, los viejos privilegios, los antiguos prejuicios que todavía se resisten tercamente a dejar su lugar, porque no aceptan que la antorcha de la historia pasó a otras manos. Un ciclo histórico llega a su fin y otro comienza. El timón de nuestra historia está pasando a una nueva generación. Una nueva generación de Canarios y Canarias llenos de energía, llenos de confianza en sus propias fuerzas y sin miedo al futuro. Pero, ¿Dónde están los Bencomo, los Doramas, los Tinguaro, los Tanausú, los Armiche, etc.?, ¿Dónde están las guerreras Auaritas?

La situación actual clama por más mariscales de campo, más hombres y mujeres dispuestos a aceptar la responsabilidad de planear y dirigir todo un programa político.

 

La información para la estrategia debe surgir de abajo hacia arriba y no al contrario, pero su diseño es otro asunto. A veces, cuándo la situación requiere desesperadamente de grandes pensadores, se opta por un camino equivocado; la diversificación y la descentralización no hacen más que empujar la estrategia por la escalera.

 

Cuánto más gente esté implicada en el proceso estratégico, menos serán las probabilidades de que la organización idee una estrategia brillante.

 

No es fácil hallar a los generales, a los dirigentes. Clausewitz señala que mucha gente que no deja de ser inteligente, no necesariamente posee las cualidades para ser un buen general. De mil, quizás haya uno.

 

¿Qué cualidades debe tener un líder político? Muchas.

 

La característica clave de un líder es la flexibilidad. No es encantadora y no siempre se reconoce como virtud; no obstante ningún dirigente político de ningún partido ha alcanzado un gran éxito sin ella. Un líder debe ser lo bastante flexible como para ajustar la estrategia a la situación y no viceversa.

 

La mayoría de los supuestos líderes hacen justamente lo opuesto: empiezan con una estrategia que ha surtido efecto en el pasado y después analizan la situación. Muy a menudo ajustan la situación a la estrategia. No es difícil hacerlo, ya que los “hechos” nunca son claros.

 

Dice Clausewitz: “Una gran parte de la información obtenida en la guerra es contradictoria, una aún mayor es falsa y la parte más grande es de carácter dudoso”

 

Algunas veces la flexibilidad es confundida con la fuerza y es la actitud obstinada e inflexible la que posee el signo de debilidad de un dirigente, no de fuerza. Un buen líder no tiene prejuicios; considera con seriedad todas las alternativas y escucha todos los puntos de vista antes de tomar una decisión y es precisamente esta mente flexible lo que puede aterrorizar a los adversarios porque nunca saben cuándo o por donde se asestará el golpe. Es difícil que se defiendan contra lo que no están preparados.

 

Un líder político debe tener valor, aún y cuándo debe tener una mente abierta para escuchar todos los puntos de vista, en determinado momento debe tomar una decisión y esto ocurre cuándo la mente abierta se cierra y el líder competente medita para hallar la fuerza de voluntad y el espíritu de coraje que prevalecerán. Los dirigentes mediocres son los del tipo macho: “Nadie va a decirme como actuar” pero si se es bueno actuando, se puede ser tanto un buen líder como un estratega competente.

 

Un líder domina las reglas de juego o los principios del mismo y, segundo, debe olvidarlas; es decir, debe aprender a jugar sin pensar en las reglas. Un líder competente no deberá preguntar concientemente: ¿Qué tipo de lucha estamos librando? ¿Qué principios debemos seguir?

 

Un líder político debe saber aplicar el “Arte de la guerra”.

 

"Todo el Arte de la Guerra está basado en el engaño"

Sun Tzu

(China, aprox. 400 adC y 320 adC.)

 

1.     Cuándo eres capaz finge incapacidad; si eres activo, pasividad.

2.     Si estas próximo, haz creer que estás lejos; si alejado que estas cerca.

3.     Ofrece un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa; simula desorden y sorpréndelo.

4.     Cuándo se concentre prepárate a luchar contra el; donde sea fuerte evítalo.

5.     Encoleriza a su general y desoriéntalo.

6.     Finge estar en inferioridad de condiciones; estimula su arrogancia.

7.     Ponlos en aprietos y acósalos.

8.     Si esta unido, divídelo. (enemístale con sus aliados, siembra entre ellos sospechas mutuas. Así podrás conspirar contra ellos)

9.     Atácalo donde no este preparado; avanza por donde no se lo espere.

 

"Cada ciudadano se hace a si mismo responsable de todo lo que hace su gobierno: tiene que prestarle todo su apoyo mientras ese gobierno vaya tomando decisiones aceptables. Pero el día en que el equipo que está en el poder haga daño a la nación, cada uno de los ciudadanos tiene la obligación de retirarle su apoyo... si la injusticia cometida es intolerable, es un derecho y un deber de toda nación y de todo individuo no someterse a ella."

Mohandās Karamchand Gandhī

(India, 1869 - 1948)

 

Continuará…