Peregrinos hacia Candelaria
Wladimiro Rodríguez Brito
U
na vez que ha transcurrido el largo puente de Candelaria llega la hora de hacer balance sobre los efectos que miles de personas han causado durante el tránsito por nuestros montes y por nuestras medianías para alcanzar la Basílica de la Patrona de Canarias. Afortunadamente, podemos concluir que este año hemos mejorado respecto de los precedentes en cuanto al grado de civismo de los peregrinos, cuantificable en el descenso de la basura que nuestras cuadrillas han detectado en las diversas rutas que convergen hacia la villa mariana. Desgraciadamente este descenso no ha sido generalizado en todas las rutas. El tramo Aguamansa-La Crucita ha vuelto a ser un punto negro de basuras abandonadas por los peregrinos, sencillamente vergonzante. Nos causa tristeza y pena, que a pesar de todos los llamamientos realizados en días previos a la responsabilidad y al civismo de los caminantes, un número significativo de los mismos arrojara indiscriminadamente todo tipo de desperdicios en el propio camino (plástico, latas de conservas llenas y vacías, botellas, etc.). Estos días nuestras cuadrillas han tenido que hacer un esfuerzo suplementario para recuperar y limpiar este tramo.Desde hace tiempo venimos alertando sobre el grado de alejamiento entre la sociedad tinerfeña y las tradiciones de antaño, más cercanas al mundo rural y a los espacios agrario-forestales que al modelo urbano actualmente vigente, y en algunos casos esta distancia se pone de manifiesto. Sin embargo, en la mayoría de los caminos naturales y rurales de Candelaria las antiguas tradiciones vuelven a ser visibles, los mayores guían a los más jóvenes, desde Santiago del Teide a Tacoronte, desde La Laguna a Arico, los hombres y mujeres de Canarias se han esforzado por dejar en el camino poco más que las huellas de sus botas, sudores y esfuerzo.
El pasado sábado partimos, a las 7 de la mañana, un heterogéneo grupo de peregrinos, guiados por expertos montañeros, desde la plaza de Santo Domingo, en La Laguna, para llegar a Candelaria siguiendo el Camino Viejo, que discurre por la Ermita de Machado hacia Barranco Hondo, por el antiguo caserío abandonado de Pasacola, para descender por las empinadas cuestas del entrañable núcleo de Igueste y continuar por el hendido barranco de Añaco, con su cueva y sus guanches, hasta la Basílica. El camino se hace largo y difícil a medida que transcurren las horas y sol camina hacia lo más alto, pero el esfuerzo vale la pena y une a personas de múltiples procedencias y extracción social con un objetivo común. Al día siguiente, desde una torre de vigilancia en los altos de San Juan de la Rambla, pudimos comprobar de nuevo esta capacidad de sacrificio, en un grupo de peregrinos provenientes de Santiago del Teide, con 13 horas de marcha a sus espaldas cuando les restaban aún otras 15 horas y una noche estrellada para alcanzar su destino. Como éstos, podemos citar otros miles de ejemplos de esta tradición, mezcla de devoción religiosa y acervo cultural, que renace cada año en los días más secos y calurosos del verano. En ese sentido, debemos felicitarnos por no haber padecido ningún fuego de consideración. Es cierto que habíamos duplicado nuestros efectivos en las zonas "calientes" de la peregrinación, que la vigilancia se mantuvo especialmente alerta las 24 horas de los cincos días de la peregrinación, sin embargo fue -sin lugar a dudas- la colaboración de los peregrinos lo que evitó males mayores. Los consejos -que los medios de comunicación nos ayudaron a propagar- de no hacer fuegos, de evitar fumar o tirar colillas, de dejar basura en el camino, etc., fueron cumplidos casi en todos los tramos, como ya hemos señalado. Y es justo reconocer públicamente esta sensibilidad y el respeto a nuestra naturaleza que miles de caminantes hacia Candelaria han demostrado estos días pasados. Ojalá que este ejemplo irradie al resto de nuestra sociedad en otros órdenes de la vida diaria. Es el camino a seguir.
Es necesario pedir disculpas también porque no todos los caminos estaban en las condiciones que desearíamos para el tránsito seguro y en condiciones de los peregrinos. Para resolver este problema el Cabildo Insular de Tenerife está trabajando, codo con codo, con la Federación Canaria de Montañismo, la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias y el Ministerio de Medio Ambiente para dotar a la primera isla del archipiélago, en superficie forestal y en espacios naturales protegidos, de una red insular de senderos y caminos homologados, señalizados y con la máxima calidad exigible a nivel europeo.
No nos podemos olvidar en este balance de los días de Candelaria del 2006 del trabajo desempeñado por los grupos y asociaciones de voluntariado. En estos días, que parece que nada se mueve sin que haya presupuesto detrás, es reconfortante comprobar el esfuerzo desinteresado e ímprobo de centenares de personas, que han puesto su trabajo y su tiempo al servicio de los demás. Cruz Roja, Ayuda en Emergencias Anaga (AEA), la Federación Canaria de Montañismo, entre otras, son un ejemplo de lo mejor de esta sociedad, y que nos ayudan, día tras día, a los que tenemos la responsabilidad de la Gestión Pública, a defender y a conservar el patrimonio natural colectivo.
Por último, hay que hacer una mención especial a los más de 100 vehículos particulares todo terrenos, autorizados durante estos días a circular por las pistas forestales, como apoyo a los caminantes. Su comportamiento también ha sido exquisito y han demostrado cómo la colaboración ciudadana y la actitud responsable es la mejor vía para proteger y conservar nuestros montes para las generaciones venideras. En definitiva, podemos concluir que la efemérides de Candelaria ha transcurrido sin apenas incidencias dignas de mención, si exceptuamos el ya mencionado desalentador paisaje "después de la batalla" del sendero de Aguamansa-La Crucita. Sin embargo nuestro empeño es el año que viene volver a "bombardear" a la población sobre la necesidad de demostrar en la práctica una concienciación y una responsabilidad ambiental, que debe continuar creciendo año tras año entre nuestros peregrinos, entre nuestra gente.
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Consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife