Periodismo y represión

Justo Fernández Rodríguez

 

Finalizando 1994, escribía un artículo en el que, bajo el título de ’Una profesión peligrosa’, analizaba las vicisitudes que acarrea en muchos países el ser dirigente sindical o, simplemente, estar afiliado a alguna organización obrera. Marginación, despido, ’listas negras’, palizas, torturas, secuestros o asesinatos son las armas utilizadas por patronales y gobiernos de mucho países contra quienes pretenden defender los intereses de los trabajadores.


Paralelamente, también analizaba otra profesión, la de periodista, por lo menos de los que se especializan en la investigación, la denuncia de los abusos o la corrupción, y los que actúan como corresponsales en los conflictos bélicos, soterrados o abiertos, soportando similares consecuencias que los sindicalistas. Y no me refiero a los periodistas que esperan, en su mesa, que el ’chivato’ profesional o el resentido de turno ponga en sus manos secretos, escándalos económicos, políticos, sociales o del ’corazón’, mediante pago. Tampoco a los periodistas acomodados, ’mimados’ por el poder, atentos a suavizar las críticas, fáciles al elogio y dispuestos a ocultar todo lo que pueda molestarles.


Me refiero a los miles de corresponsales, hombres y mujeres, que no dudan en arriesgar su vida, en países próximos o remotos, para poder ofrecer al mundo, mediante informaciones televisivas, noticias periodísticas o programas radiofónicos, los abusos de dictadores y falsos demócratas y las injusticias, la explotación, el hambre, la represión, el terrorismo y los asesinatos individuales o colectivos, por conflictos territoriales, religiosos, étnicos, tribales o por bastardos intereses económicos o mafiosos.


En 1994, la Federación Internacional de Periodistas (FIP), con más de 500.000 afiliados de más de un centenar de países, en su informe anual sobre la situación en que desarrollan su trabajo estos profesionales, calificaba ese año como el más negro del periodismo: 114 periodistas fueron asesinados en 30 países. La FIP denunciaba que "la violencia contra los periodistas crece de año en año, sin que se tomen las medidas adecuadas".


Doce años después, el informe de la Federación Internacional de Periodistas denuncia que en 2006 han sido asesinados 155 periodistas y colaboradores, detenidos 871, secuestrados 56, agredidos o amenazados 1.472, y al menos, 912 medios de comunicación censurados. Aidan White, secretario general de la FIP, considera que "los medios se han hecho más poderosos y el periodismo se ha convertido en mucho más peligroso".


Según Reporteros Sin Fronteras, que sólo recoge en sus informes los fallecimientos violentos de profesionales de los medios de comunicación, hay que remontarse a 1994 para encontrar una cifra tan alta de muertes. Aquel año, de los 103 periodistas asesinados, casi la mitad murieron en el genocidio de Ruanda; cerca de una veintena en Argelia, víctimas del conflicto civil, y una decena en la ex Yugoslavia.


Por cuarto año consecutivo, el mayor número de muertos se produjo en Irak, donde 68 miembros de medios de comunicación fueron víctimas de atentados terroristas y, en menor medida, de errores militares, lo que eleva a 170 la cifra de periodistas y colaboradores fallecidos desde la invasión ilegal estadounidense de abril de 2003. En segundo lugar, en el escalafón de países más peligrosos para el periodismo activo, figura Filipinas, donde 13 periodistas murieron en 2006.


En Rusia han matado a tres periodistas en el curso del año (21 desde la llegada al poder de Vladimir Putin, en 2002). El pasado mes de octubre fue asesinada Anna Politkovskaya, especialmente crítica con el Gobierno ruso y su política represiva en Chechenia. Nadie cree en la investigación en marcha. Ni siquiera los periodistas más famosos se libran de la violencia desatada desde el poder criticado. La situación de la libertad de prensa en Turquía no ha cesado de empeorar durante 2006. El pasado mes de septiembre, la familia de la corresponsal de Radio Free Europe, Ogoulsapar Mouradova, denunció que éste había muerto en la cárcel. A pesar de las peticiones de la Unión Europea, las autoridades turcas no han abierto ninguna investigación para aclarar las circunstancias de su muerte.


En Latinoamérica la violencia se cobró las vidas de 37 periodistas. México continúa siendo el país más peligroso, con la muerte de 10 reporteros que, en su mayor parte, investigaban crímenes y casos de corrupción.


En el 90% de los casos de asesinato las autoridades no han tenido intenciones reales de que las investigaciones llegaran hasta el final. Muy pocos asesinos de periodistas han llegado a comparecer ante la justicia. La extraña combinación entre la corrupción de las fuerzas policiales, la incompetencia de los jueces y la indiferencia de los gobiernos y los políticos ha creado una cultura de negligencia e impunidad inadmisibles, que no pueden seguir siendo ignoradas por las instituciones internacionales.


El número de casos de censura ha descendido algo, pero Reporteros sin Fronteras considera que resulta imposible cuantificar la censura en China, Corea del Norte o Birmania, donde se han adoptado medidas globales contra el conjunto de la profesión periodística que, de un solo golpe, afectaron a varias decenas e incluso centenares de medios de comunicación.


El pasado mes de noviembre, Reporteros sin Fronteras publicó una lista de países que censuran Internet: Arabia Saudí, Bielorrusia, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Irán, Uzbekistán, Siria, Túnez, Turkmenistán y Vietnam. Centenares de bloggers y ciberdisidentes han sido encarcelados.


56 periodistas han sido secuestrados en una decena de países. Las dos zonas con mayor riesgo son Irak, donde han secuestrado a 17 profesionales de la prensa en 2006, y la franja de Gaza, en la que los afectados han sido seis.


En 2006 se registraron 1.472 casos de agresiones o amenazas en todo el mundo. En la mayoría de ellos las agresiones han sido protagonizadas por las fuerzas del orden, militantes de partidos cercanos al poder o miembros de grupos disidentes armados.


Lamentablemente, existen pocos hechos prácticos que puedan hacernos creer que la violencia contra los periodistas vaya a disminuir. Sin embargo, el pasado 23 de diciembre, Naciones Unidas, por primera vez, aprobó una declaración condenando los ataques contra los periodistas e hizo un llamamiento para llevar ante la justicia a los asesinos de los trabajadores de los medios de comunicación social.


El secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, Aidan White, ha considerado la declaración, como "la única luz en este año oscuro"
. "Por primera vez Naciones Unidas trató la crisis que se profundiza para los medios de comunicación. Ya era hora. Requerimos de acciones contra países que permitan la impunidad en casos de periodistas asesinados". Así sea.