Perros o estrellas

Jaime Bethencourt

También en el asunto de la bandera de Canarias, la oficialidad atiende más a absurdos prejuicios y a connotaciones que al hecho de asumir con naturalidad la opinión y el sentir mayoritario de la población canaria.

Si el origen independentista de la enseña estrellada canaria fuese el pretexto gubernamental para descartarla como símbolo del Archipiélago, igual argumento podrían haber argüido en su momento para no asumir el blanco, azul y amarillo en la actual bandera, considerando, por ejemplo, que el franquismo y sus descendientes relacionaban también la unión de los tres colores con similar ideología emancipadora.

Ahora que el Partido de Independientes de Lanzarote ha anunciado la presentación de una meritoria y coherente proposición para que en la prevista reforma del Estatuto de Autonomía, sea sustituida la actual pareja de perros por las siete estrellas verdes, bueno es recordar que junto al PIL, Asamblea Majorera, como organización que también sustenta al actual Gobierno de Canarias, ha hecho suya desde hace años la controvertida bandera.

De aceptarse finalmente la opinión popular, no sería la primera ocasión en que la enseña estrellada ondease en las instituciones públicas del Archipiélago ni que, obligatoriamente, sus precedentes haya que remitirlos al Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario. Tomaremos como referentes históricos, la bandera de fondo azul con siete estrellas blancas popularizada en la primera década del pasado siglo, o más recientemente, la blanca, azul y amarillo con las siete estrellas verdes que, por acuerdo de la corporación municipal, ya ondeó en la fachada del ayuntamiento de La Laguna durante la celebración del Corpus del año 1979, presidiendo la Corporación el socialista, Pedro González.

Esperemos que las actuales referencias históricas colaboren a la pérdida de los complejos y temores, tanto parlamentarios como gubernamentales, para asumir una realidad incontestable como que son mayoría los habitantes de las Islas que han ignorado o dado la espalda a la enseña oficial perruna para hacer suya aquélla que, mediante estrellas, simboliza y reivindica la libertad, igualdad y unidad de las siete Islas.

Ya aparcadas las efímeras reivindicaciones del control de residencia, aguas territoriales o policía autonómica.... la debilidad ideológica del actual Gobierno canario no hace aventurar reformas que incidan sensiblemente en un mayor autogobierno para las Islas, con lo que, por ahora, la iniciativa del PIL, de ser aceptada, colaboraría al menos en mejorar la paupérrima imagen de un timorato partido y gobierno, nacionalista y canario sólo en la denominación.