EL PESO ATROZ DE LA INJUSTICIA*

 

Por Jose Almeida Afonso

 

Algo nuevo está surgiendo en nuestra tierra, y los hechos cotidianos están ahí para confirmárselo a incrédulos y fatalistas. Desde los últimos acontecimientos políticos, que van a hacer posible la formación de un gobierno ¿nacionalista?, hasta el sorprendente y grato resurgir de muchas conciencias que están descubriendo -o redescubriendo- su canariedad.

 

Así, vemos que todos los sucesos apuntan a que, ante la terrible crisis política, económica y social que está atravesando Canarias, no está cundiendo el pánico o el miedo, sino una nueva esperanza, un nuevo rayo de luz para el oscuro horizonte de estos pobres y diezmados Atlánticos peñascos africanos.

 

Y, aunque ya hubo quien nos advirtió que la esperanza es un sentimiento descabellado -ahora, después de diez años, pienso y siento con Víctor Ramírez, que aunque no haya razones para la esperanza siempre habrá razones para la dignidad- es de las pocas cosas que nos queda -junto con los sueños y los ideales- y las que nos aferramos fuertemente para poder soportar el peso atroz de las viles injusticias, de la ciega necedad, de pesadas losas oscurantistas.

 

Nuestro gran poeta Alonso Quesada decía que había que dar un potente grito, un grito cerebral, para acabar con tanta inercia metida hasta la médula de tantos canarios y canarias.

 

Un grito cerebral capaz de despertar tantas conciencias dormidas, anuladas, alineadas, programadas sutilmente para sostén y perpetuidad de la bestial insolidaridad, para mantenimiento y aceptación de la tremenda esclavitud que significa el sistema capitalista.

 

No seremos más felices por tener más. La felicidad sólo crece y fecunda en la tierra abonada de la libertad, la dignidad y la solidaridad.

 

Por otro lado, tengo que decir que me produce una pena terrible, profundamente visceral, el saber que hay muchos canarios, hombres y mujeres que piensan, que creen firmemente, que de nada vale luchar por su Patria, que no se puede hacer nada para arreglar la situación de caos y desconcierto reinante, porque son muchos los oscuros e inconfesables intereses creados, y que querer cambiar el penoso y lamentable estado de cosas es, simplemente, una cuestión de locos que ni siquiera hay que plantearse; así, desde luego, con esta actitud, cualquier posible solución es poco menos que imposible.

 

Sin duda, evidentemente que si todos partiéramos de esa fatal, derrotista creencia, estaríamos arreglados. Esa forma de pensar, totalmente necrófila, pesimista, no es más que el resultado de una eficaz propaganda que durante muchos, muchísimos años -ya van para seiscientos- se ha ejercido sobre la mayoría de la población canaria con el perverso, funesto objetivo de controlar cualquiera atisbo de mínima rebeldía, así llamada por los que ostentan el poder, cuando en realidad lo único que ésta pretende, el fin primigenio y último que persigue, es que toda la población viva en condiciones dignas. Nada más. Y nada menos. (Hace como cosa de un año encontré una cita que dice: "Quizás uno de los mayores errores de las personas es no hacer nada porque creen que solo pueden hacer poco")

 

También, otro mensaje que hemos estado asimilando la mayoría de løs canarios y canarias durante todos estos años de bestial colonización, de salvaje dominación, es que las cuestiones de la política -muy sufridas y peor pagadas, según los mayores implicados para que nadie vaya a meter sus narices y estropearles el negocio- eran para los políticos y que la población en general se debía despreocupar totalmente de todo lo referente a esas "delicadas y sumamente complejas" cuestiones públicas.

 

Por suerte para todos nosotros, esas "verdades establecidas", y hasta poco tiempo inamovibles, están siendo desterradas de los nuevos planteamientos que se están haciendo las gentes ante el tremendo despliegue de prepotencia, arrogancia y desmedida soberbia de parte de la mayoría de los representantes de la "cosa pública".

 

Cada vez está más claro que hay -que tenemos- que implicarnos en las cuestiones de la comunidad, cuestiones que nos afectan directa o indirectamente a todos y a todas, sin excepción, aunque muchos crean, ingenuamente, que no, que con ellos no va la cosa.

 

Hay que implicarnos todos y todas desde cualquier grupo, ONGs, movimiento, foro, colectivo, asociación, frente, tagoror, congreso, e incluso, a título personal.

 

De lo que se trata es de ejercer presión para que los intereses de la comunidad en general, los verdaderos intereses de la población, sean escuchados y tenidos en cuenta. Para que nuestras decisiones sean adoptadas y no queden en papel mojado.

 

El pasado ya se fue y no se puede intervenir, ni variar. El futuro está en nuestras manos, y de nosotros, de todos los canarios y canarias depende, en gran medida, que se transforme dignamente en libertad y progreso para todø o, por el contrario, se continúe perpetuando la miserable esclavitud, la indecible ignorantación, la infame y vil opresión, el peso atroz de la injusticia.

 

Artevirgo. La ALdea. Canarias

 

[* Este artículo fue publicado el lunes 29 de Marzo de 1993 -catorce añitos ya de nada- en el Diario de Las Palmas. Si no seguí publicando en dicho periódico fue porque me lo prohibió -TERMINANTEMENTE- su director, Santiago Betancor Brito, que en pazdescanse].