El Comandante imperial de
las Fuerzas Multinacionales en Iraq
sí tiene quien le escriba
James Petras
Leo en el Manchester Guardian,
el New York Times, el Wall Street Journal y el Washington
Post que tiene usted impecables credenciales académicas y militares. Bush lo ha nombrado Comandante de las Fuerzas
Multinacionales en Iraq y esto lo capacita para poner
en práctica sus muy publicitadas teorías contrainsurgentes. Es usted casi mi
tocayo: su apellido (Petraeus) es la versión
latinizada de mi apellido griego (Petras). Cuentan que es usted un “guerrero” o
un “intelectual de la contrainsurgencia”. Por mi parte, yo tengo credenciales
de “intelectual de la insurgencia” o, como dice Alex Cockburn,
“cincuenta años de participación en la lucha de clases”. (En la foto: soldados
de Petraeus).
Sus publicistas lo acaban de etiquetar como “la última y mejor esperanza usamericana para la salvación (del imperio) en Iraq”. Tal como era de prever, los demócratas en el
Congreso, liderados por la senadora Clinton, se
deshicieron en elogios ante su profesionalismo y su hoja de servicios en el
norte de Iraq. Así que reconozcamos que parte usted
con ventaja: el apoyo de ambos partidos, de
Empecemos por sus muy alabados éxitos castrenses en el norte de Iraq, en especial en la provincia de Nínive.
El norte de Iraq, particularmente Nínive,
está dominado por jefes milicianos, tribales y del partido kurdo. La relativa
estabilidad de la región tiene poco o nada que ver con su destreza
contrainsurgente y sí mucho con el alto grado de “independencia" o
“separatismo” en la región. Para decirlo con franqueza, el apoyo militar y
económico usamericano e israelí al separatismo kurdo
ha creado un Estado kurdo independiente de facto, tras brutales purgas étnicas
de un gran número de turcos y árabes. General Petraeus,
al dar carta blanca a las irredentas aspiraciones kurdas a un Gran Kurdistán étnicamente puro, que se adentraría en Turquía,
Irán y Siria, se aseguró usted la lealtad de las milicias kurdas y, sobre todo,
de las funestas “fuerzas especiales” de los peshmerga
para eliminar la resistencia a la ocupación usamericana
en Nínive. Además, los peshmerga
han puesto unidades especiales a la disposición de USA para infiltrarlas en los
grupos de la resistencia iraquí y provocar conflictos intracomunales
por medio de incidentes terroristas contra la población civil. En otras
palabras, el “éxito” del general Petreaus en el norte
de Iraq no es reproducible en el resto del país. De
hecho, el éxito que usted ha obtenido de un Iraq
dominado por los kurdos ha agudizado las hostilidades en el resto del país.
Su teoría de “controlar y mantener” territorio presupone una fuerza militar muy
motivada y fiable, capaz de soportar la hostilidad de al menos el ochenta por
ciento de la población colonizada. Pero lo cierto es que la moral de los
soldados usamericanos en Iraq
y de los que están ya a punto de ser enviados allí es muy baja. Las filas de
los que ahora andan buscando una salida rápida del servicio militar incluyen a
oficiales y suboficiales de carrera, que son la columna vertebral de cualquier
ejército (Financial Times, 3-4 de marzo de 2007, pág.
2). Las ausencias sin permiso se han disparado: 14.000 entre 2000 y 2005 (Financial Times, ibid). En marzo,
más de mil soldados en activo, reservistas y marines presentaron una petición
en el Congreso para que USA se retire de Iraq. La
oposición de generales retirados y en servicio activo a la escalada de tropas
de Bush se filtra de manera descendente hasta las
filas de soldados rasos, sobre todo entre reservistas cuyas misiones forzosas
en Iraq han aumentado repetidamente (el denominado
“reclutamiento encubierto”). Las largas y desmoralizadoras estancias o la
rotación acelerada socavan cualquier esfuerzo por “consolidar los lazos” entre
oficiales usamericanos e iraquíes y, sin duda,
imposibilitan que se pueda ganar la confianza de la población local. Si los
soldados de USA están hartos de la guerra en Iraq y
cada vez son más los que optan por la deserción y la desmoralización, todavía
menos fiable es el ejército mercenario iraquí. Los iraquíes que se alistan
porque tienen hambre y no hay trabajo (ambas cosas causadas por la ocupación),
todos ellos con lazos étnicos, nacionales y de parentesco con la lucha por un Iraq libre e independiente, no merecen demasiada confianza.
Cualquier experto serio ha llegado ya a la conclusión de que las divisiones en
la sociedad iraquí son la imagen especular de las lealtades de los soldados.
General Petraeus, pase lista a sus soldados todos los
días, porque algunos más desaparecerán y puede que en el futuro tenga que hacer
frente a un campo de instrucción vacío o, peor aún, a un barracón en rebeldía.
El incesante número de bajas entre los soldados usamericanos
y los civiles iraquíes durante su primer mes en funciones de comandante sugiere
que el hecho de “controlar y mantener” Bagdad no logró alterar la situación en
el país.
Petraeus, su manual de reglamento da prioridad “a la
seguridad y a compartir tareas como medio de otorgar poderes a la población
civil e incitar a la reconciliación nacional”. La seguridad es difícil de
alcanzar, porque lo que el comandante imperial considera seguridad es el libre
movimiento de los soldados de USA y de sus colaboradores sobre la base de la
inseguridad de la mayoría iraquí colonizada, que vive sujeta a registros
arbitrarios de casa en casa, a robos, a búsquedas humillantes y detenciones.
“Compartir tareas” con un general de USA y sus unidades militares es un
eufemismo que en realidad describe la colaboración iraquí para “administrar”
sus órdenes. “Compartir” obliga a una relación muy asimétrica del poder: USA
ordena y los iraquíes obedecen. USA define la “tarea”, que consiste en delatar
a miembros de la resistencia, y supone que la población aceptará proporcionar
“información” sobre sus familias, amigos y compatriotas, es decir, que
traicionará a su propio pueblo. Sobre el papel parece mucho más fácil de lo que
es sobre el terreno.
“Otorgar poderes a la población civil”, como usted dice, supone que
quienes “otorgan poderes” ceden poder a los “otros”. En otras palabras, el
ejército usamericano cede el territorio, la
seguridad, la gestión económica y la distribución de los recursos a un pueblo colonizado.
Pero es precisamente ese pueblo quien protege y respalda a los resistentes y se
opone a la ocupación de USA y a su régimen de marionetas. Por lo demás,
comandante, lo que usted realmente quiere decir es “otorgar poderes” a una
escasa minoría de civiles que son colaboradores voluntarios de un ejército de
ocupación. La minoría civil a la que usted le “otorgue poderes” necesitará la
omnipotente protección militar de USA para evitar las represalias. Hasta ahora
nada de eso ha ocurrido: a ningún colaborador civil del entorno se le ha
otorgado un auténtico poder y, si acaso lo recibió, ahora está muerto,
escondido o fugado.
Petraeus, su objetivo de “reconciliación nacional”
presupone que Iraq existe como nación libre y
soberana. Ésa es una condición previa para toda reconciliación entre
adversarios. Pero la colonización usamericana de Iraq es una negación flagrante de las condiciones para la
reconciliación. Sólo cuando Iraq se libere de usted,
comandante Petraeus, de su ejército y de los mandatos
de
La antigua clintonista Sarah
Sewall (ex subsecretaria de Defensa y “experta en
relaciones internacionales” de
Las recetas de su manual se basan excesivamente en la época de
Petraeus, está usted siguiendo la doctrina de Abrams: bombardeos a gran escala de vecindarios suníes densamente poblados entre los días 5 y 7 marzo
(2007); detenciones masivas de líderes locales sospechosos acompañadas de un
estrecho cerco militar de barrios enteros, mientras que los registros
arbitrarios y abusivos casa a casa convierten Bagdad en un gran campo de
concentración. Al igual que su predecesor el general Creighton
Abrams, usted quiere destruir Bagdad para salvarlo.
De hecho, su política está simplemente castigando a la población civil y
haciendo más profunda la hostilidad de los bagdadíes,
mientras que la resistencia se diluye entre la población o en las provincias
circundantes de al-Anbar, Diyala
y Saladín. Petraeus, se
olvida usted de que es posible “mantener como rehén” a un pueblo con vehículos
blindados, pero no gobernarlo por la fuerza de las armas. El fracaso del
general Creighton Abrams no
se debió a la falta de “voluntad política” en USA, como él amargamente
pretendió, sino a que el hecho de “limpiar” una región es sólo un triunfo
pasajero, porque la resistencia se basa en su capacidad de entremezclarse con
el pueblo.
Sus premisas fundamentales (y erróneas) son que el “pueblo” y la “resistencia”
son dos grupos distintos y opuestos, que las fuerzas de ocupación y los
mercenarios iraquíes pueden distinguir y explotar esta divergencia, “limpiar”
la resistencia y “controlar” al pueblo. Los cuatro años de invasión, ocupación
y guerra imperial ofrecen pruebas suficientes de lo contrario. Con 140.000
soldados usamericanos, cerca de 200.000 iraquíes y
más de 50.000 mercenarios extranjeros incapaces de derrotar a la resistencia
durante cuatro años de guerra colonial, todo hace pensar en un apoyo popular
profundo, amplio y sostenido a la resistencia. La desproporción existente entre
el número de personas asesinadas por el ejército usamericano
y los mercenarios entre la población civil y entre los miembros de la
resistencia indica que sus propios soldados, general, no son capaces de
distinguir (ni están interesados en hacerlo) entre población civil y
resistentes. La resistencia suscita un profundo apoyo a través de lazos de
parentesco, de amistades vecinales, de líderes religiosos, nacionalistas y
patriotas: esos lazos primarios, secundarios y terciarios vinculan a la
resistencia con la población de una manera que ni el ejército de USA ni sus
políticos marionetas podrán nunca reproducir.
General, al cabo solamente de un mes en el puesto de comandante ya ha
reconocido usted que su plan de “proteger y salvaguardar a la población civil”
está fracasando. Al mismo tiempo que inunda las calles de Bagdad con carros
blindados, reconoce que “las fuerzas contrarias al gobierno... se están
reagrupando al norte de la capital”. Está usted condenado a repetir eso que el
teniente general Robert Gaid,
con una ausencia total de poesía, denominó “tentetieso”: derribar la
resistencia en una zona sólo para ver que se pone de pie en la zona de al lado.
Es absurdo que piense, general, que la población civil iraquí no está al
corriente de que las fuerzas operativas especiales de la ocupación, con quien
usted está íntimamente conectado, son responsables de gran parte del conflicto
étnico-religioso. El periodista de investigación Max Fuller, en su detallado examen de documentos, hace hincapié
en que la mayor parte de las atrocidades... atribuidas a milicias suníes o chiíes descontroladas en
realidad “son obra de comandos de fuerzas especiales controlados por el
gobierno, entrenados y asesorados por usamericanos y
dirigidos en gran parte por ex agentes de
http://www.truthout.org/docs_2006/021307J.shtml Su intento de jugar al “policía
bueno/ policía malo” para “dividir y vencer” no le ha salido bien y no dará resultado.
¡Ya ha reconocido usted el contexto político más amplio de la guerra!: “No
existe una solución militar para un problema como el de Iraq,
para la resistencia... En Iraq, la acción militar es
necesaria para ayudar a mejorar la seguridad... Pero es insuficiente. Tiene que
haber un aspecto político” (BBC, 8 de marzo de 2007). Pero el “aspecto
político” fundamental, como usted lo llama, es la reducción de los efectivos,
no la escalada, el final de las interminables agresiones en barrios civiles, el
cese de las operaciones especiales y de los asesinatos destinados a fomentar un
conflicto étnico-religioso y, sobre todo, un calendario de retirada de las
tropas y el desmantelamiento de la cadena de bases militares usamericanas.
General Petraeus,
usted no busca desencadenar o establecer el contexto político para terminar el
conflicto ni está en condiciones de hacerlo. Su referencia a la “necesidad de
iniciar conversaciones con algunos grupos de la resistencia” caerá en oídos
sordos o será considerada como una continuación de las tácticas del divide y
vencerás (también denominadas tácticas en “lonchas de salami” en la jerga
militar), que hasta ahora no han seducido a ningún sector de la resistencia.
Contrariamente a sus impecables credenciales académicas en contrainsurgencia en
Princeton/West Point, es usted sobre todo un estratega, ducho en técnica,
pero bastante mediocre a la hora de ponerla en práctica en el marco político de
la “descolonización”.
Comandante Petraeus, ha comprendido usted rápidamente
la dificultad de su misión colonial. Sólo un mes después de tomar el mando, ya
está inmerso en la misma sofistería y el mismo doble discurso de cualquier coronelucho. Con vistas a mantener el flujo de fondos y de
tropas desde Washington habla de “reducción de los asesinatos y del descontento
en Bagdad”, omitiendo así el aumento de las muertes entre la población civil y
las tropas de USA en los demás sitios del país. Menciona “algunas señales
esperanzadoras”, pero también admite que es “demasiado pronto para percibir
tendencias importantes” (Al-Jazeera, 8 de marzo de
2007). ¡En otras palabras, las “señales esperanzadoras” carecen de importancia!
Ya se ha dado a sí mismo una misión sin final preciso al prolongar el tiempo
necesario para imponer sus medidas de seguridad en Bagdad, que de días y
semanas ha pasado a “meses” (¿o quizás a años?). ¿Acaso no se trata de una
tímida manera de preparar a los políticos de USA para una larga guerra... con
pocos resultados positivos? No hay nada malo en que un guerrero filósofo se
cubra el culo en previsión de su fracaso.
General, estoy seguro de que como militar intelectual ha leído 1984, de George Orwell, porque es usted un
experto en doble lenguaje. En un suspiro dice que “no existe una necesidad
inmediata de pedir que se envíen más tropas usamericanas
a Iraq” (aparte de las 21.500 que ya están en camino)
y, en el siguiente, pide 2.200 policías militares adicionales para que se hagan
cargo de los próximos encarcelamientos masivos de sospechosos civiles en
Bagdad.
Mientras habla “con franqueza” en presente de indicativo sobre el número de
soldados en su guerra, prepara el terreno para una escalada más grande en el
futuro: “En este momento no vemos la necesidad de más tropas. Pero eso no
quiere decir que no hagan falta para alguna misión que se presente o alguna
tarea que aparezca y, si es así, las pediremos” (Al-Jazeera,
8 de marzo de 2006, la cursiva es mía). Primero se presentará algo, luego hará
falta una “misión” y, antes de que nos demos cuenta, habrá otros cincuenta mil
soldados sobre el terreno en ese molinillo de carne que es Iraq.
Sí, general, es usted un maestro del doble lenguaje, pero por encima de todo
eso, está condenado a transitar, junto con sus colegas de
Su ambición, general Petraeus, es mayor que su
capacidad. Más le valdría empezar a preparar su adiós a las armas y a otear un
puesto de mayor importancia en Washington. Recuerde que sus oportunidades son
escasas: únicamente los generales vencedores o quienes se escaquean del
servicio militar llegan a presidentes. Aunque siempre habrá un puesto de
profesor en