El petróleo y la playa
Waldimiro Rodríguez Brito *
Estos días se renueva constantemente una polémica económica y ambiental que puede afectar al futuro de nuestro Archipiélago. Se trata de la perforación del subsuelo marino de las Islas orientales con el fin de extraer petróleo, el famoso oro negro. El problema de fondo es la posible amenaza para el turismo, a través de los posibles derrames y la contaminación que una instalación de este tipo puede generar. En principio, los expertos sostienen que tiene el mismo riesgo o inferior al tráfico continuo de grandes petroleros por delante de nuestras costas. Por otro lado, todos conocemos que países como Noruega o el Reino Unido extraen esta riqueza del subsuelo sin generar problemas ambientales.
Sin embargo, el debate debe ser más amplio. Esta sociedad debe reflexionar con rigor y seriedad sobre la dirección que lleva y con qué mimbres está construyendo su cesto de futuro. El petróleo constituye un bien precioso y estratégico en este planeta, suministra numerosos elementos, directos e indirectos, para el día a día de un país, desde combustibles hasta medicamentos, sistemas de riego, etc. En las Islas es imprescindible para desalar más de 300 millones de pipas de agua, al año, para abastecer nuestro consumo doméstico. Hay que recordar de nuevo que Canarias es una región que no tiene agua suficiente para abastecer a su población; que hasta hace apenas 40 ó 50 años, hubo que llevar agua en "barcos aljibe" a Lanzarote y Fuerteventura para que sus habitantes pudieran beber. Esta breve mirada a la historia reciente convierte la actual polémica en un auténtico despropósito, comandado por sus respectivos cabildos y el PSOE insular. En una especie de brindis al sol, síntoma indicativo de "nuevos ricos", se permiten el lujo de "renunciar" a esta fuente de riqueza. Evidentemente, la riqueza que genere el petróleo canario debe repercutir en las Islas. No puede ser una explotación petrolífera en las "colonias africanas".
La empresa y el gobierno central deben promover que un porcentaje de los beneficios se quede en nuestro territorio, y se redistribuya bajo el principio de solidaridad. Se puede y se debe exigir a Repsol que cumpla exquisitamente todas las pautas medioambientales de la Unión Europea.
No parece de recibo aludir de repente la reserva de la biosfera y al Medio Ambiente, alas hipotéticas manchas de crudo, pitche o chapapote en las playas para justificar el rechazo a las perforaciones cuando en las costas y en el interior de estas dos islas se han cometido numerosos atentados contra su paisaje y medio ambiente construyendo a mansalva. Por otro lado, esto no quita para continuar potenciando todas las energías que obtenemos de la naturaleza, sea sol o viento. Pero no hay que engañarse, las energías alternativas pueden ser muchas cosas menos eso, precisamente, "alternativas" en Canarias, en el mejor de los casos pueden (y deben) ser complementarias a los combustibles fósiles, con nuestro volumen poblacional y los hábitos de consumo que tenemos. Ésta es la realidad y lo demás es hacer demagogia gratuita o pintar de rosa el futuro. Y esto no lo necesitamos en estos momentos en que vivimos tal vez el principio de una crisis económica severa. De esta manera, quizás los Cabildos de Lanzarote o Fuerteventura puedan mantener coyunturalmente su presupuesto sin recurrir al petróleo de sus costas, pero el resto del Archipiélago sí lo necesita, no para lujos sino para cubrir muchas carencias de una sociedad que no hace más que crecer, tanto en número como en exigencias. Lamentamos que estos gobiernos insulares más el PSOE de estas Islas y algunos grupos ecologistas se hayan a posicionado en contra de este proyecto. Es necesaria una reflexión más profunda sobre la explotación de este recurso natural tan imprescindible en la vida cotidiana de todos los canarios.
La actitud del "no a todo" no es viable en ningún sitio, pero mucho menos en Canarias, donde no tenemos agua para beber y hay que emplear al menos 12 pesetas para desalar 2 pipas de agua (1 m3). Así, tenemos más de 100 desaladoras funcionando a destajo, mejor dicho, con más de 1 millón de barriles de combustible anuales, para dar de beber a nuestra gente.
Ningún territorio del planeta ha renunciado a esta riqueza, ni siquiera los noruegos, que poseen una ética y sensibilidad ecológica reconocida en todo el mundo, dejan de extraerlo en sus aguas. Asimismo, insisto que esto no significa en ningún caso darle un cheque en blanco a la empresa explotadora.
El Gobierno de Canarias y el Gobierno del estado deben exigir a Repsol que cumpla a rajatabla la prevención de posibles vertidos y que revierta una parte de los beneficios en el territorio que acoge esta actividad extractiva. Éstas deben ser condiciones, sine qua non para desarrollar la perforación y comercialización de esta posible fuente de riqueza en Canarias.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo insular de Tenerife