PIM, PAM, PUM
Teodoro Santana
Estaba por contarles que me
iba de vacaciones a Londres, que uno tiene especial fascinación por el British
Museum. Pero en vista de cómo se las gastan por allá, mejor me quedo en casa.
No es que sea para exponerlo en una vitrina pero, qué quieren que les diga, le
he cogido cariño a mi cráneo. Y la pasma británica anda con la orden de tirar a
matar. Precisamente a la cabeza, caramba.
El muchacho brasileño al que le metieron cinco tiros cuando ya lo tenían
reducido en el suelo, tenía una pinta de canario que bien podría ser hasta de
la familia. Como para ir para allá con el aspecto de sospechoso que tiene uno.
Lo peor no es que los policías que cometieron el asesinato sigan libres. En sus
puestos. Y elogiados por las autoridades. Lo peor es que el gobierno británico
mantenga la orden de "disparar a matar" y de "disparar primero,
preguntar después".
Un error, dicen. Mira, mira,
por ahí va un "error": ¡pim! Otro error por allí: ¡pam! Dale a aquel
"error": ¡pum! Pena de muerte preventiva, digamos. Se acabaron las
boberías de derechos civiles, garantías democráticas y otras zarandajas.
Tampoco es que haya más seguridad. Más bien al contrario. En cualquier caso,
estado policial duro y puro. Estado de excepción de facto. Los autores de los
atentados, sean los que sean, pueden dar por conseguidos sus objetivos.
La Europa que viene pinta muy mal. Cualquiera puede ser el
siguiente Jean Charles Menezes. Guerra global por el control del petróleo, por
la hegemonía mundial. Y todos nosotros colocados en primera línea de fuego. Las
bombas de Bagdad explotan en Madrid. En Londres. En cualquier ciudad. Abatidos
por fuego enemigo. O asesinados en la retaguardia por "fuego amigo".
Guerras preventivas,
detenciones preventivas, escuchas preventivas, ejecuciones preventivas,
mentiras preventivas. Control de los medios de comunicación. La verdad
desaparecida en combate. Propaganda de guerra. Fascismo, o sea. God save the
Queen, mis niños, y que el señor nos coja confesados.