Los pinares y el medio ambiente
Wladimiro Rodríguez Brito
De un tiempo a esta parte los ciudadanos se preguntan si la causa de los numerosos incendios forestales que se producen se debe a la falta de limpieza de los montes. La respuesta es afirmativa, y nadie la discute. Sin embargo, hay otra realidad que tampoco admite dudas, y es que la actividad agraria, que en otros tiempos garantizaba la limpieza de la masa forestal, se ha visto reducida y en la actualidad se encuentra en una profunda crisis: no tenemos campesinos que demanden pinocha.
La presencia de pinocha en el monte no es perjudicial, ya que evita la erosión del suelo y favorece la recarga de los acuíferos durante el invierno. Sin embargo, la misma pinocha se convierte en el verano en un factor que aumenta el riesgo de incendios forestales. Se suele atribuir la culpa de que los pinares no estén limpios a los impedimentos que pone la Administración a los agricultores para recoger pinocha. Esta creencia no se ajusta la realidad, ya que en contadas ocasiones se han instruido procedimientos sancionadores por esta causa, y cuando se ha hecho ha sido por un claro incumplimiento de los requisitos exigidos para ejercer la actividad.
En Tenerife contamos con 50.000 hectáreas de bosque, lo que representa un 25 por 100 de la superficie insular, y cada hectárea produce una media de 15 a 20 toneladas por año de pinocha. Se estima que la producción de pinocha supera las 600.000 toneladas al año. La superficie cultivada asciende a algo más de 20.000 hectáreas, de las que 10.000 son de regadío y el resto de viña, que no suele ser abonada con estiércol. Entre 2.000 y 3.000 hectáreas se dedican al cultivo de papas, en el que se utiliza este nutriente natural procedente del monte verde o de otros restos de ganaderías y de tierras no forestales. Por lo tanto, la superficie cultivada que demanda estiércol se reduce a unas 10.000 ó 12.000 hectáreas, y como cada hectárea consume un máximo de 20 toneladas de abono, podemos hablar, en el mejor de los casos, de poco más de 200.000 toneladas de pinocha que cada año podrían emplearse en la agricultura.
Lo que debe entenderse es que la limpieza de nuestros montes está estrechamente ligada al incremento de la producción agraria y ganadera, que repercutiría en una mejor calidad ambiental. Lo que no se puede hacer (porque el coste sería prohibitivo) es mantener limpios los montes únicamente con una especie de servicio de "barrenderos rurales", pues aunque dispusiéramos de recursos financieros, żdónde íbamos a depositar 600.000 toneladas de pinocha cada año?
El problema de que los montes tengan pinocha (al margen, como ya se dijo, de su papel benefactor en la recarga del acuífero y en la fertilización de la masa forestal) obedece, en primer lugar, a que no hay personas que la recojan. Y esta circunstancia en modo alguno obedece a ninguna actitud malévola de los responsables políticos hacia los campesinos de la Isla. Lo que hay que dejar bien claro es que la pinocha, en un territorio desagrarizado y urbanizado como el nuestro, supone un elevado riesgo de incendios en los veranos, y en ello todos tenemos alguna responsabilidad. No olvidemos que hace 50 años, don Francisco el de Las Lagunetas, el empresario actual más antiguo en la recogida de pinocha, se vio obligado a traer esta materia prima de los pinares de El Hierro para los empaquetados de plátanos, porque los montes tinerfeños estaban limpios de pinocha por la intensa actividad agrícola y ganadera de entonces.
Tenemos que empezar a creer que una isla con menos riesgo de incendios es posible si cada uno de nosotros asume su cuota de responsabilidad.
* Consejero Insular de Medio Ambiente y Paisaje