Pinochet burla a
Justo
Fernández Rodríguez
Seis días después de haber sufrido un
infarto, el dictador chileno Augusto Pinochet, de 91
años, falleció tras haberse anunciado una mejoría. El dictador murió sin haber
dado cuenta de sus crímenes, burlando jueces, tribunales, condenas y cárceles.
Ni en sus últimos instantes dio muestras del menor arrepentimiento. La noticia
recorrió el mundo rápidamente. Mientras miles de chilenos salían a la calle,
unos, los más, celebraban la desaparición del dictador, al grito de "Ya
cayó"; otros, minoritarios, lloraban la muerte del dictador y exigían
honores de jefe de Estado. Señoras enjoyadas y alumnos de colegios elitistas
insultaban a los españoles y, especialmente, al juez Garzón, quien ha declarado
que "las víctimas se merecían una sentencia".
Una buena parte de las organizaciones de defensa de los derechos humanos,
demócratas, organizaciones sindicales, luchadores por la democracia y la
libertad, formaciones políticas de izquierda e, incluso, algunos gobiernos
lamentaron que Pinochet hubiera muerto "sin
responder de sus crímenes". Pero, de eso no sólo son culpables los
distintos gobiernos chilenos, vigilados, que siguieron a los 17 años de
dictadura de Pinochet, quien aumentó su patrimonio
personal en más de 28 millones de dólares. Contó con la pasividad de muchos
gobiernos democráticos europeos, la complicidad del Gobierno de EE.UU. y la ayuda de los gobiernos de Gran Bretaña,
encabezado por Margaret Thatcher,
y de España, que presidía José María Aznar, máximo
dirigente del PP, quien utilizó al entonces fiscal general del Estado, Jesús
Cardenal, y al fiscal de
El pasado 11 de septiembre se cumplieron 33 años desde que Pinochet,
18 días después de haber jurado lealtad al presidente Salvador Allende, en
nombre de los socorridos "intereses patrios" lanzó tanques y aviones
contra el Palacio de
El nuevo sátrapa abolió
En las primeras semanas del golpe, convirtió el Estadio Nacional en el símbolo
de la represión, la crueldad y el asesinato. Miles de políticos, sindicalistas,
trabajadores y estudiantes fueron detenidos, mientras los cadáveres de los
militares de la izquierda, fusilados sumariamente, flotaban cada mañana en las
aguas del río Mapocho; otros eran enterrados en fosas
comunes anónimas. Centenares de personas salvaron su vida refugiándose en
embajadas europeas o iberoamericanas. Más de 300.000 chilenos tuvieron que
abandonar su patria para escapar a la sangrienta represión. No todos lo
consiguieron.
En 1973, Pinochet, bajo la éjida
de EE.UU., lideraba un grupo de países (Argentina,
Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay), con el objetivo de eliminar físicamente,
allí donde estuvieran, los focos de oposición política a sus dictaduras.
Secuestros, torturas y asesinatos fueron los métodos utilizados por la llamada
’Operación Cóndor’.
En 1980,
En 1988, un plebiscito rechazó su intención de prolongar la presidencia a
partir de marzo de 1990. Pero, desde su cargo de comandante en jefe del
Ejército continuó controlando al Gobierno surgido de las urnas.
La visita de Pinochet a una lujosa clínica de
Londres, en 1998, fue aprovechada por el juez Baltasar Garzón para dictar una
orden, vía Interpol, de captura y extradición. En
principio, los británicos aceptaron y detuvieron al dictador chileno. Y comenzó
la batalla política para evitar que el dictador fuera juzgado.
La detención de Augusto Pinochet reabrió la polémica
sobre los límites territoriales de
Y ahí comenzaron los problemas de los gobiernos de Thatcher
y Aznar. Les resultaba insoportable que jueces
españoles fueran a juzgar a uno de los discípulos más aventajados de Franco y,
desde un planteamiento económico, banqueros y empresarios, con fuertes
inversiones en América Latina, presionaron para que sus intereses no se vieran
perjudicados. ¿Que fueron más de 4.000 los asesinados y desaparecidos por la
dictadura de Pinochet? Más importante eran los
intereses de los bancos Santander Central Hispano, Bilbao, Endesa o Telefónica.
Aznar utilizó a fondo al fiscal jefe de
Mientras Garzón consideraba a Pinochet culpable de
genocidio, terrorismo internacional, tortura y desaparición de personas, porque
la dictadura "desarrolló planes y consignas, desde la estructura del
poder, que tenían como fin la eliminación física, desaparición y secuestro,
previa práctica generalizada de tortura", para Fungairiño
la matanza o desaparición de 4.000 personas no podía considerarse genocidio,
porque las víctimas no eran de una misma nacionalidad y no existía vínculo
religioso o étnico de unión. Tampoco podían considerarse sus acciones
terrorismo porque "el Ejército chileno no es una banda armada". Una
frase de Pinochet podía haber despejado las dudas de Fungairiño: "Prácticamente limpiamos de marxistas la nacion". (’Revista Hoy’, 23-2-88).
Cuatro meses después de que