Los plátanos y el queso amarillo

Wladimiro Rodríguez Brito

Estos días la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha respondido negativamente a las demandas de los agricultores comunitarios del plátano a la propuesta de un arancel para la fruta importada de 180 euros/tm. y además ha negado el arancel 0 a las algo más de 700.000 Tms. que los países ACP (África, Caribe y Pacífico) exportan a Europa. Se trata, en definitiva, de un nuevo y duro golpe para nuestro cultivo más importante. Sin embargo, aún resultan más indignantes las acusaciones que se nos hacen de pretenciosos o insolidarios, obviando claramente las múltiples varas de medir que Bruselas aplica a lo largo y ancho del territorio comunitario.

Uno de los muchos ejemplos que podemos citar es el referido al queso amarillo. Canarias importa alrededor de 15 millones de kilos al año de este producto que se encuentra subvencionado de forma destacada con dinero del REA (Régimen Especial de Abastecimiento), hasta 1 euro/kilo reciben los importadores por colocar este producto en los supermercados del Archipiélago. Si a estas partidas incorporamos los más de 100 millones de litros de leche, más otras variedades de queso, mantequilla, etc., entenderíamos que el total de subvenciones de estos productos igualan o superan las ayudas que reciben los agricultores plataneros de las islas.

Es decir, que la supuesta "limosna" que reciben los agricultores ultraperiféricos son norma común en muchos sectores de la producción agraria comunitaria. No obstante, no deja de resultar curioso o paradójico que mientras se invierten cuantiosas cantidades de dinero en importar productos lácteos, elaborados más al norte de Cádiz, los ganaderos canarios no tienen derecho a este tipo de ayudas y acumulan un stock de quesos sin vender próximo a los 700.000 kilos. Si esta situación ya es bastante preocupante lo es aún más que con el nuevo Poseican, que entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2006, se perjudica aún más a nuestros ganaderos. En este sentido, la vaca del país o vaca basta que, hasta ahora recibía 45.000 ptas./año de subvención, apoyando la reproducción y mantenimiento de una raza en peligro de desaparición, pasa a no percibir ninguna ayuda a excepción de una ayuda para los terneros. Quedando excluidas todas aquellas vacas que no den cría anualmente. En consecuencia, esta raza que venía fortaleciéndose en islas como La Palma, Tenerife o Gran Canaria volverá a entrar en declive.

Nuestro mundo agrario, agrícola y ganadero se encuentra en grave peligro ante los vientos de liberalización que corren por Bruselas y, próximamente, por Hong Kong (sede de la próxima ronda de negociaciones de la OMC), alentados por la fuerza y la influencia de las grandes multinacionales del ramo. Es cierto que también existen problemas locales que generan pesimismo en estos sectores, tal y como hemos apuntado en artículos precedentes, sin embargo nuestra capacidad de resolverlos es aún importante. No ocurre lo mismo con estas negociaciones supranacionales que resuelven los destinos de miles de campesinos canarios. Es ahí donde tiene que verse la capacidad de los gobiernos nacionales en dar una respuesta y una alternativa de futuro a sus ciudadanos, sean continentales o insulares.

Ante estos graves problemas, la sociedad canaria en su conjunto debe movilizarse y apoyar a nuestro campo. En ningún caso debe entenderse que es un problema sectorial que no afecta a los habitantes de las ciudades, por el contrario nos perjudica a todos y puede comprometer el equilibrio económico, ambiental y social de una comunidad con notables dificultades para generar algo más que turismo y servicios. Depender exclusivamente de un monocultivo económico es un error que en Canarias hemos cometido repetidas veces. El proceso ultraliberalizador que se pretende imponer a escala planetaria no resolverá los problemas de escasez y pobreza del tercer mundo, al contrario, continuará fortaleciendo y enriqueciendo a unos pocos en detrimento no sólo de las poblaciones respectivas sino que también empobrecerá a los productores europeos.

Se habla interesadamente que lo único que se pretende es encarecer el producto a los consumidores europeos. Se olvida con cinismo que se paga por una caja de plátanos de 18 kilos en Ecuador o Centroamérica, entre 1 y 3 dólares, y cuando llega a las grandes superficies su precio se ha multiplicado por más de 10, y desde luego no son los campesinos americanos los beneficiados. En Canarias, el dinero de la subvención lo perciben los agricultores, los mismos que sostienen un paisaje agrario, que fijan población en los entornos rurales, que evitan que dependamos exclusivamente del exterior, es decir, se trata de un colectivo que da equilibrio y armonía a un territorio con tendencia a la inestabilidad. Es por ello que hoy, más que nunca, debemos estar todos con los hombres y mujeres canarios del campo, apoyándoles en estos momentos difíciles.

* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife