¿“RENTA
DE SITUACIÓN”,
O
“PLUS VALÍAS” DE
Ramón Moreno
¡He aquí, la gran disyuntiva!. La primera, es evidente; y las segundas, del Comité de
los 24 de Naciones Unidas. O sea, que Canarias reclama para si, su envidiable
“renta de situación”, consecuencia lógica de su privilegiada posición
geográfica; o España, seguirá esquilmándonos y “haciendo suyas”, las
sustanciosas “plus valías” que reportan nuestra realidad geopolítica.
¡Así de claro! O los canarios
rentabilizamos, en beneficio propio, nuestros indudables y cuantiosos “activos inmobilizados”, (lo que nos ha supuesto históricamente, una
incalculable “pérdida de renta”); o la metrópoli, seguirá con su depredadora
política colonial, que dura ya más de quinientos años, ¡que se dice pronto!
Un insostenible anacronismo
político-jurídico, en pleno siglo XXI, sin parangón en la historia de la
humanidad, y que la legalidad internacional no ampara hoy en día; cuando los
colonialismos están absolutamente periclitados, ¡que no, concluidos! ¡Y ese, es
el caso paradigmático de Canarias!
Un “enclave nacional” de un
Estado europeo en África, producto de un cruento proceso de conquista y
“evangelización”, por la fuerza de las armas; bajo una “soberanía política”,
subterfugio legal para dar “validez” a la apropiación de territorios, a la que
España se aferra desesperadamente resistiéndose a abandonar “decentemente”, la
primera y última “provincia” de su imperio, más abajo de las “Columnas de
Hércules”, cuyos antecedentes históricos conviene repasar ahora, para situarnos
en el contexto actual.
Iniciada la conquista de las
Islas a comienzos del siglo XV por el normando Jean de Bethencourt y continuada con la posterior ayuda económica,
de personas y de víveres que le fuera otorgada por el rey de Castilla -a quien
el normando prestaría un singular pleito-homenaje en reconocimiento a los
favores recibidos-, muy pronto empezarían a surgir las primeras disputas entre
los reinos de Castilla y Portugal acerca de los “títulos jurídicos de
soberanía” sobre nuestro Archipiélago.
Recuérdese la decisiva
intervención del erudito y político castellano, Alonso de Cartagena (1384-1456), que fue obispo de Burgos, en ese
“contencioso” luso-castellano; cuando en el Concilio de Basilea, planteó en sus
famosas “Alegaciones”, que el Archipiélago canario pertenecía a Castilla porque
estaba más cerca de África (Tingitania Mauritania), que de Europa (litoral
portugués).
Alonso de Cartagena, partía
de la “teoría general de la primacía del continente sobre las Islas, que
consideraba accesorias”, y con estos presupuestos formuló una compleja
argumentación, consistente en combinar los “derechos históricos” de la supuesta
sucesión del rey de Castilla al último rey godo, a quién perteneció en su día
la “provincia” de Tingitania Mauritania, con el de la “proximidad geográfica”.
Paralelamente, continuaron
las “acciones” de los conquistadores “peninsulares”. Por un lado, se
intensifica la intervención de los
portugueses que comercian en las Islas y que mantienen relaciones con
aborígenes de la isla de Gomera, llegando incluso a poseer en concepto de
arrendamiento la isla de Lanzarote por un periodo de dos años. Por otro lado,
los castellanos inician la conquista por cesión de Jean de Bethencourt al conde Niebla y de éste a la familia Peraza.
Sin embargo, la conquista de
las Islas, no se llevaría a cabo de forma definitiva hasta años más tarde, tras
la efectiva intervención de la monarquía española en las llamadas “conquistas
realengas” de las islas principales de Gran Canaria,
Finalizada la controversia
castellano-portuguesa con la firma del Tratado de Alcaçovas
en 1479 y el reconocimiento de la “soberanía” de Castilla sobre el Archipiélago
canario, pronto el descubrimiento del Nuevo Mundo va a hacer girar la
trayectoria de las Islas hacia América. Convertida Canarias en campo de ensayo
de la política colonialista española en América y en obligado puerto de
avituallamiento de navíos que surcan el Atlántico rumbo a las Indias, van ha
ser objeto de una intenso tráfico comercial y poblacional con el continente americano.
Esta especial vinculación
del Archipiélago con América, sustentada hasta nuestros días por una intensa
corriente de comunicación poblacional canaria con América, a través de siglos
de continuo flujo y reflujo de familias (que tiene ahora su “justa reciprocidad”),
propició, sin duda, una gran afluencia de navíos extranjeros hacia sus costas,
convirtiendo a las Islas en un codiciado puerto de piratas y contrabandistas de
origen predominantemente europeo (como no podía ser de otra forma), sobre todo
ingleses y holandeses. Que tiene su réplica ahora, con otras prácticas
deleznables.
Ante esta situación las
islas Canarias, cuyas relaciones con España quedaban en buena medida reducidas a
las conexiones políticas y administrativas de carácter burocrático, se verían
obligadas, por su estratégico enclave geográfico en medio del Atlántico, pero a
solo
Como vemos, ya entonces la
“renta de situación” de Canarias, no solo era reconocida, y monopolizada por
las compañías mercantiles inglesas y holandesas principalmente, sino
“convenientemente rentabilizada” por unos y por otros...
Continuará…
Canarias, junio de 2007