¿“RENTA DE SITUACIÓN”,

O “PLUS VALÍAS” DE LA COLONIZACIÓN?  (II)

 

Ramón Moreno

 

Ya vimos en la entrega anterior, como el encla­ve geoestratégico de nuestro Archipiélago, que representa una va­liosísima renta de si­tuación (que Canarias sigue sin re­clamar para sí), fue conveniente­mente rentabilizada después de la sangrienta conquista de las Islas por los Reyes Católicos; no solo, en la no menos cruenta colonización de América, sino además, por las Cías mercantiles inglesas y holan­desas principalmente, establecidas en nuestro territorio. Convirtiéndo­se Canarias en una importante plataforma tricontínental de un flo­reciente negocio internacional. ¡Eran los prolegómenos de la ac­tual globalización!

 

Ello propició, que la preponde­rancia económica y cultural inglesa en el Archipiélago canario fuera tan acusada; hasta el extremo, de que un todo el siglo XIX y la prime­ra treintena del XX, se hablaba de una britanización de las islas Cana­rias. Pero la historia, que a veces juega malas pasadas, y la derrota del almirante Horacio Nelson en su ataque al puerto de Santa Cruz de Tenerife en 1797, donde perdió el brazo derecho, dieron al traste con las pretensiones de la corona británica, e impidieron, segura­mente, que Canarias fuera en la ac­tualidad un Estado archipélagico, dentro de la Commonwealth, y que los canarios hablásemos ingles de p.m. El mérito hay que atribuírselo, al dichoso general Gutiérrez (hé­roe para unos y villano para otros) que, al frente de las milicias tinerfeñas, fue el artífice de tan sonada y españolísima victoria.

 

Elucubraciones aparte, lo cierto es, que desde sus orígenes, la internacionalización de Canarias, ha si­do una constante en su azarosa his­toria. Las islas Canarias, en medio del Atlántico (de ahí la definición de Canarias, en el nuevo Estatuto de Autonomía, como Archipiélago atlántico), y a caballo entre tres continentes (África, Europa y Amé­rica), han estado siempre navegan­do dentro del marco internacional; desde los problemas jurídicos in­ternacionales surgidos en ocasión de su conquista, las situaciones especiales en el camino oceánico de la colonización americana, hasta su valoración estratégica de base logística de los otros territorios na­cionales en el continente africano. Una codiciada renta de situación, que los canarios no hemos querido, podido, o no nos han dejado rentabilizar en beneficio propio; lo que, nos ha supuesto históricamente -insisto-, una incalculable pérdida de renta. No podemos hablar, obviamente, de lucro cesante, ya que España quiere seguir mamando de la teta.

 

Si como dijera Carlos Marx, "la historia es la gran maestra de la hu­manidad", corresponde, de una vez, a los canarios indagar y pro­fundizar en nuestra historia (no la que nos han contado, sino la verda­dera), para poder valorar la autén­tica dimensión de Canarias, pre­sente, por otra parte, en casi todas las coyunturas internacionales.

 

Repasando en la historia con­temporánea, observamos como, en más de una ocasión, Canarias, y también los otros archipiélagos de la Macaronesia, Azores y Cabo Verde, han estado en el punto de mira de los Estados Unidos y de otros países con los mismos afanes expansionistas: Inglaterra, Francia y Alemania. ¿Por qué, esa indisimulada preferencia por nuestras Islas? Para las citadas potencias, este Archipiélago ha constituido históricamente, una plataforma flotante idónea por varios concep­tos: para el avituallamiento de las tropas, y como cabeza de puente favorables para sus estrategias.

 

Y ciertamente, las islas Cana­rias, se han visto en distintos mo­mentos de su historia -muy a su pe­sar, y casi siempre sin enterarse- en las pretensiones imperialistas de dichas potencias; de manera muy notoria, en las etapas 1895-98 (Guerra entre España y EEUU) y 1939-1945 (II Guerra Mundial).

 

En los años 1895-98, y más con­cretamente durante 1898, Canarias vivió una fase de gran inquietud e incertidumbre, ante el temor de una invasión USA; ya que, insisten­temente, se corría la voz de que tro­pas de marines se dirigían hacia las Islas. A finales de ese año, se cono­ció en Madrid la decisión del presidente norteamericano Mac Kinley, que aseguraba que no permitiría desembarco alguno en Canarias, ni siquiera, para aprovecharlas como base de operaciones contra Espa­ña. No obstante, los temores no desaparecen y el prestigioso diario in­glés The Times, seguía barajando la hipótesis de la pérdida del Archipiélago en el caso de que España se resistiera a aceptar las condiciones que en la Conferencia de Paz que­ría imponerle los Estados Unidos. Lo que más tarde sería el Tratado de París, de 10 de diciembre de 1898, de infausta y triste memoria para los españoles.

 

La comisión española que acu­dió a París a negociar la paz, presi­dida por Montero Ríos, esperaba poder salvar Filipinas; pero EEUU tras negarse a aceptar un arbitraje, exigió a España la renuncia de sus derechos sobre Cuba, Puerto Rico, entre otras Islas, y la evacuación de las tropas acantonadas en éstas; y además, la cesión de Manila, hasta que se decidiera la suerte de Filipi­nas, y sino, reanudarían las hostili­dades.

 

El caso es, que España, que ha­bía encontrado la horma de su za­pato (que no Zapatero de Bush), terminó cediendo, y por la módica cantidad de 20 millones de dólares, y algunas ventajas comerciales, entregó a los americanos, Cuba, Puerto Rico, y las islas de las Indias occidentales, Guam, las Marianas y las Filipinas.

 

A partir de ahí, se apoderó de la población española, el llamado sín­drome del 98, por la pérdida irreparable de las provincias; patología que aún perdura, y que tiene su fiel reflejo en Canarias, que no la quie­ren soltar, ¡ni de coña! ¿Fue tam­bién Canarias, objeto de negocia­ción en París? Eso nunca lo sabremos. Pero nuestro Archipiélago, está claro, que sigue siendo una pieza muy codiciada.

 * ¿"Renta de situación" o "plus valías" de la colonización? (I)

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