PNC, 83 años
Juan Jesús Ayala
Dentro
de unos días, concretamente el 30 de enero, se cumplirán 83 años que el Partido Nacionalista Canario (PNC) anda por el mundo de la política. Fue en Cuba, en La Habana, donde se levantó el
acta fundacional del partido y desde que tomó las riendas su primer presidente, José Cabrera Díaz, hasta
hoy, la organización ha estado zarandeada
por diversas vicisitudes, unas con
connotaciones ciertamente desfavorables en la presencia de la vida pública, sin olvidar los tiempos oscuros de la represión política,
y otras con unas vivencias más
acentuadas y tajantes.
Su historia ahí está. No la podemos mover a nuestro antojo, los
que somos nacionalistas la conocemos y poco
a poco sus siglas y lo que
representan han ido incrustándose en la conciencia de nuestra gente; y aunque se ha dicho una y mil veces que el PNC no tenía prisa por llegar, que esperaba su tiempo
para estar presente en el mayor
número posible de instituciones canarias sí que ha nadado contracorriente al estar sometido al contratiempo intencionado por muchos para que no tuviera influencia mediática que es la que manda y conduce voluntades.
Pero hoy no es ayer. El tiempo histórico camina por otros senderos y no muy halagadores para nuestra tierra. Los enemigos que circulaban
en la época de sus fundadores son los mismos de ahora, pero peores, porque se
han hecho más fuertes, se han empinado
poniendo cada vez más dificultades a
la supervivencia de Canarias como
pueblo. De ahí que ahora, quizás sea
el momento que la presencia del PNC
en la política del Archipiélago sea
más necesaria que nunca. Su ideario, su concepción política no podrán orillarse si es que se quiere coger el toro por los cuernos, si
queremos aventar cortinas de humo.
Ya es hora de dejar de ser lacayos serviles porque de seguir así, al final, en vez
de ser ciudadanos nos convertiremos en súbditos
de nosotros mismos, despersonalizados, sin
discurso, sin palabras e imbuidos en
argumentaciones falaces que nos conducen hacia los resabios de un
colonialismo dinámico que no cesa y que está
disfrazado con mil y un ropajes.
La historia es bueno conocerla pero
lo definitivo, lo que abre portillos, lo
que motiva es la esperanza y para construir esta tendremos que
desbrozar algún que otro interrogante que
palpita en la conciencia del canario. ¿Es que la geografía en la que estamos situados no es amenazante? ¿Es que África, tan cerca y a la
vez tan ausente, no influye en nuestra manera de vida y en un más o menos
incierto futuro?
¿Estamos capacitados y armados con las herramientas suficientes para
saber lo que podrá pasar si este futuro no es manejado por nosotros, desde dentro, con políticas fuertes, razonadas y consolidadas? ¿Es que a pesar de la tan traída y llevada globalización no nos
percatamos que se nos está desdibujando, desestructurando como pueblo y poniéndonos en los espacios de la ambigüedad y sin lograr
entendernos porque hasta nuestra manera de hablar no es como era?
Y la historia, la historia de las Islas ¿no es una justificación para que deje de ser un amasijo de leyendas
o un mazacote de incoherencias donde nos
mecemos como una barca perdida en el océano?
¿Es que vamos a continuar con una ceguera paradójica de mirar sin ver hacia donde vamos? ¿Es que no debemos
saber que los pueblos que sobresalen
y tienen dignidad son los que fabrican
por sí mismos su historia por lo que no debemos seguir siendo testigos mudo de esa historia, la
nuestra, la que nos han contado con trampa
y cartón. Rotundamente: No.
El Partido Nacionalista Canario, después de muchos
avatares, desajustes, de persecuciones y hasta de épocas en la clandestinidad junto también, todo hay que decirlo, de
tiempos de silencios es ahora, en estos momentos, muy necesario para esta
tierra; su discurso nacionalista consecuente y directo hace falta que se deje sentir con fuerza y rotundidad, si es que no queremos perder el tren
de la historia. La de atrás nos viene bien
como reflexión pero la que nos debe
importar es la nueva, la que está a la vuelta de la esquina y acechada por miles de aciagos demiurgos cuya pretensión es hacer lo posible para que no se reinscriba otra y que
sean los de siempre, los ajenos y sus
lacayos de aquí los dictadores de la
misma.
Los 83 años del PNC van a ser una
fecha definitiva donde los ambages, los desmayos, se irán al traste y en el
horizonte de la vida política del
Archipiélago aparecerá como un
revulsivo, con una marca diferente que mandará a la porra las modorras de un pueblo a veces adocenado por cantos de sirena y que ponga los puntos sobre
las íes. No se va a llegar con intenciones de modificar, de arrebatar pero sí con la fuerza de un nacionalismo que
nuestra gente está deseando oír, con una palabra seria y que se escape de todo este barullo nacional que
nos han metido desde allá, donde la
política de aquí no se quiere
entender, donde nuestra historia se
ha dejado de lado y donde nuestra
situación geográfica les importa un pimiento, dando la sensación que lo que se pretende hacer con las islas es
acuñarlas como si fueran moneda de cambio de no se sabe qué.