POBREBARAS

Teodoro Santana

Nos habían engañado con eso del tiempo y las "isobaras", las líneas de igual presión. Está claro que no todos soportamos la misma presión. Que unos son más iguales que otros. Por eso el colapso de Nueva Orleans no es un desastre natural sino una calamidad social y política. Por eso, hasta para un huracán hay "pobrebaras" y "ricobaras".

La ciudad del jazz es una de las ciudades más pobres de Estados Unidos, con un 67% de población negra y con un 20% de pobres. Muchos de ellos no tenían coche, ni dinero ahorrado, ni ningún sitio adonde ir. Mal pintaba para los sirvientes, jardineros y cocineros de los ricos. La orden de evacuación sólo sirvió para las familias de clase media, con coche, ahorros y contactos. Por eso los efectos de la devastación dependen de la clase social y de la raza.

Las autoridades dieron la orden de evacuar sin ningún plan, sin facilitar transportes, sin asegurar refugios. Lo único que hicieron fue abrir el estadio de fútbol, y allí fue la gente desesperada. Pero nadie había previsto retretes, duchas, comida, agua, medicinas... Y la mayor parte de la Guardia Nacional de Lousiana en Irak, defendiendo los intereses de las multinacionales petroleras.

No todos vamos a ser iguales: cuando sopla el viento no es lo mismo ser pobre que ser rico. Tener políticas adecuadas de infraestructuras públicas y recursos sociales, o capitalismo puro y duro. Capitalismo del de "ahí te pudras", ya saben. De obras públicas innecesarias, ejecutadas con el único criterio de enriquecer a unos pocos.

A todas estas, el cambio climático encima, con un aumento global de las temperaturas de más de 6ºC para este siglo, y una subida del nivel de las aguas de más de 7 metros. Los dioses nos protejan, pero ni siquiera en Canarias estamos ya eternamente a salvo de los fenómenos atmosféricos adversos, ni de los desastres. Quiero decir desastres naturales, que de los otros ya tenemos. Urge librarnos de los "bush" isleños. Salir de las "pobrebaras". Y apostar por otro futuro. Espabilarnos, o sea.