De la pobreza rural a la urbana

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Nunca, hasta ahora, el mundo había tenido una mayor capacidad de producción de bienes de consumo. Y jamás había sido tan elevado el número de personas excluidas del disfrute de estos bienes y servicios. La falta de voluntad política y la disminución de la capacidad económica y política, de una buena parte de los gobiernos, para intervenir eficazmente en la política social, ha debilitado los sistemas de prestaciones públicas, dirigidos a los grupos con ingresos más bajos.


Aunque, en los últimos 25 años, se han registrado algunos progresos, incluidos los países más pobres, que han duplicado sus ingresos e incrementado la esperanza de vida en 12 años, aunque, en términos absolutos, ha aumentado el número total de personas pobres o excluidas. El abismo existente entre el 20% de la población mundial que ocupa el último peldaño de la pobreza y el 20% más rico, ha sufrido una importante variación. En 1960, era de 1 a 20, ampliándose, en 1990, de 1 a 60 y en 2005, de 1 a 75.


En los dos últimos decenios, la Europa oriental y los países de la antigua Unión Soviética, han incrementado considerablemente el número de personas en situación de pobreza. Casi la mitad de los 2.800 millones de trabajadores del mundo y sus familias, subsisten con el equivalente a 2 dólares, o menos, por persona y día. Las desigualdades han aumentado en la mayoría de las económicas en transición, especialmente, en una buena parte de los países asiáticos, africanos y latinoamericanos.


La aplicación de salarios mínimos, sistemas de pensiones básicas o prestaciones para niños, con fondos estatales, constituyen un importante método de lucha contra la pobreza extrema, lográndose avances en Brasil, Mauricio, Namibia, Nepal y Sudáfrica. Solo una de cada cinco personas, en el mundo, tiene una adecuada cobertura social.


Las poblaciones mas deprimidas son, en su mayoría, rurales, con un porcentaje de mujeres, cada vez mayor. Victimas del subempleo crónico, están obligadas a realizar actividades de supervivencia y, en general, trabajan muchas horas a cambio de salarios miserables. Hace unos días, el presidente de Brasil, Lula da Silva, dio orden a la policía federal, la liberación de 1.106 trabajadores, en régimen de esclavitud, en una plantación de caña de azúcar. Cálculos moderados, señalan que, en Brasil, existen más cerca de 100.000 trabajadores forzados.


Cada día, diez millones de personas de todo el mundo intentan eludir la pobreza, por el sistema mas sencillo y, al mismo tiempo, mas difícil: ir a trabajar. Sin embargo, en muchos casos, no basta trabajar, para escapar a la trampa de la pobreza. La gente necesita la posibilidad de acceder a un empleo decente. El director General de la OIT, Juan Somavia, dice "la desconexión entre el crecimiento y el trabajo decente amplia las desigualdades de renta, alimenta las tensiones sociales y obstaculiza el esfuerzo global para erradicar la pobreza".


La creciente economía sumergida condiciona a los trabajadores y sus familias a trabajar y vivir en un entorno de riesgo, vulnerables ante numerosos peligros, como las enfermedades, el fallecimiento, la discapacidad o la perdida de la vivienda. La pobreza y la vulnerabilidad se refuerzan mutuamente en una creciente espiral de riesgos.


Entre los síntomas actuales mas preocupantes de desintegración social, figuran: 1) La discriminación étnica y desigualdad de oportunidades entre grupos raciales. 2) La intolerancia religiosa y los conflictos bélicos internos o externos. 3) La migración económica y las solicitudes de asilo político. 3) La ruptura familiar y el aumento del número de divorcios, separaciones y hogares monoparentales. 4) El trabajo infantil y la explotación de los niños. 5) El incremento de la adición a las drogas de la delincuencia.


Las tres cuartas partes de las personas más pobres han vivido en las áreas rurales de los países en desarrollo. Mejorar la productividad, los ingresos y las condiciones de trabajo en la agricultura, para trabajadores y propietarios de pequeñas explotaciones agrarias era vital para el desarrollo y la reducción de la pobreza.


Sin embargo, en los últimos años, la reducción de las ayudas de los países más desarrollados, a los más pobres, lo que significa el incumplimiento de los Objetivos del Milenio, denunciado por la ONU, esta transformando la situación. Proliferan los informes que advierte del aumento de la pobreza urbana, en Asia, África y América Latina y, en menor medida, en Europa.


La ONU advierte que, para 2008, la mitad de la población, 3.300 millones, será urbana. Según las mismas estimaciones, en 2030, llegarán a 5.000 millones, un 60% de la población mundial, lo que significará, inevitablemente, la urbanización de la pobreza, como reconoce el informe Estado de la Población Mundial 2007, afirmando que "los nuevos residentes urbanos serán pobres, en su mayoría", por lo que considera que "la batalla por el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de reducir a la mitad la extrema pobreza para 2015, se ganara o se perderá en las ciudades del mundo en desarrollo".


La humanidad debería prepararse para la duplicación de las poblaciones urbanas de África, Latinoamérica y Asia, que habrán agregado 1.700 millones de personas, los que significa más que las poblaciones de China y EEUU, sumadas. Sin embargo, el Informe, considera que, "Las ciudades concentran la pobreza, pero también encarnan la mejor esperanza de los pobres de escapar de ella".


La ONU pide una rectificación en la política de resistencia agresiva a la inmigración, en base a no dotar de servicios básicos las zonas marginales. Por supuesto, esas decisiones, no han impedido que sigan llegando inmigrantes. Están logrando el aumento de la pobreza urbana. La directora de UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas, rechaza esas políticas: "Debemos abandonar nuestra mentalidad de resistencia a la urbanización e iniciar, sin tardanza, acciones mundiales concertadas que ayuden a las ciudades a liberar su potencial para estimular el crecimiento económico y resolver los problemas sociales"
. "Es preciso aceptar el derecho de los pobres a vivir en las ciudades y que se aproveche su creatividad para abordar potenciales problemas y generar nuevas soluciones".

 

El aumento de la proporción de población que reside en ciudades respecto a la población total es inevitable, según los autores del informe, y podría considerarse "un hecho positivo". En la era industrial, ningún país ha logrado un crecimiento económico considerable sin urbanización.


Los cambios serán demasiado rápidos y demasiados grandes, como para posibilitar que los planificadores y los responsables políticos, sólo se limiten a reaccionar ante el hecho consumado. En África y Asia, cada semana aumenta alrededor de un millón de personas residentes en ciudades. Aunque las grandes ciudades del mundo continuarán creciendo, las poblaciones, en su mayoría, vivirán en ciudades de 500.000 habitantes o menos.