De la pobreza
rural a la urbana
Justo
Fernández Rodríguez
Nunca, hasta ahora, el mundo había tenido
una mayor capacidad de producción de bienes de consumo. Y jamás había sido tan
elevado el número de personas excluidas del disfrute de estos bienes y
servicios. La falta de voluntad política y la disminución de la capacidad
económica y política, de una buena parte de los gobiernos, para intervenir
eficazmente en la política social, ha debilitado los sistemas de prestaciones
públicas, dirigidos a los grupos con ingresos más bajos.
Aunque, en los últimos 25 años, se han registrado algunos progresos, incluidos
los países más pobres, que han duplicado sus ingresos e incrementado la
esperanza de vida en 12 años, aunque, en términos absolutos, ha aumentado el número
total de personas pobres o excluidas. El abismo existente entre el 20% de la población
mundial que ocupa el último peldaño de la pobreza y el 20% más rico, ha sufrido
una importante variación. En 1960, era de
En los dos últimos decenios,
La aplicación de salarios mínimos, sistemas de pensiones básicas o prestaciones
para niños, con fondos estatales, constituyen un importante método de lucha contra
la pobreza extrema, lográndose avances en Brasil, Mauricio, Namibia, Nepal y
Sudáfrica. Solo una de cada cinco personas, en el mundo, tiene una adecuada
cobertura social.
Las poblaciones mas deprimidas son, en su mayoría, rurales, con un porcentaje
de mujeres, cada vez mayor. Victimas del subempleo crónico, están obligadas a
realizar actividades de supervivencia y, en general, trabajan muchas horas a
cambio de salarios miserables. Hace unos días, el presidente de Brasil, Lula da
Silva, dio orden a la policía federal, la liberación de 1.106 trabajadores, en
régimen de esclavitud, en una plantación de caña de azúcar. Cálculos moderados,
señalan que, en Brasil, existen más cerca de 100.000 trabajadores forzados.
Cada día, diez millones de personas de todo el mundo intentan eludir la
pobreza, por el sistema mas sencillo y, al mismo
tiempo, mas difícil: ir a trabajar. Sin embargo, en muchos casos, no basta
trabajar, para escapar a la trampa de la pobreza. La gente necesita la
posibilidad de acceder a un empleo decente. El director General de
La creciente economía sumergida condiciona a los trabajadores y sus familias a
trabajar y vivir en un entorno de riesgo, vulnerables ante numerosos peligros,
como las enfermedades, el fallecimiento, la discapacidad o la perdida de la
vivienda. La pobreza y la vulnerabilidad se refuerzan mutuamente en una
creciente espiral de riesgos.
Entre los síntomas actuales mas preocupantes de desintegración social, figuran:
1) La discriminación étnica y desigualdad de oportunidades entre grupos
raciales. 2) La intolerancia religiosa y los conflictos bélicos internos o
externos. 3) La migración económica y las solicitudes de asilo político. 3) La
ruptura familiar y el aumento del número de divorcios, separaciones y hogares
monoparentales. 4) El trabajo infantil y la explotación de los niños. 5) El
incremento de la adición a las drogas de la delincuencia.
Las tres cuartas partes de las personas más pobres han vivido en las áreas
rurales de los países en desarrollo. Mejorar la productividad, los ingresos y
las condiciones de trabajo en la agricultura, para trabajadores y propietarios
de pequeñas explotaciones agrarias era vital para el desarrollo y la reducción
de la pobreza.
Sin embargo, en los últimos años, la reducción de las ayudas de los países más
desarrollados, a los más pobres, lo que significa el incumplimiento de los
Objetivos del Milenio, denunciado por
La humanidad debería prepararse para la duplicación de las poblaciones urbanas
de África, Latinoamérica y Asia, que habrán agregado 1.700 millones de
personas, los que significa más que las poblaciones de China y EEUU, sumadas.
Sin embargo, el Informe, considera que, "Las ciudades concentran la
pobreza, pero también encarnan la mejor esperanza de los pobres de escapar de
ella".
El aumento de la proporción de población
que reside en ciudades respecto a la población total es inevitable, según los
autores del informe, y podría considerarse "un hecho positivo". En la
era industrial, ningún país ha logrado un crecimiento económico considerable
sin urbanización.
Los cambios serán demasiado rápidos y demasiados grandes, como para posibilitar
que los planificadores y los responsables políticos, sólo se limiten a
reaccionar ante el hecho consumado. En África y Asia, cada semana aumenta
alrededor de un millón de personas residentes en ciudades. Aunque las grandes
ciudades del mundo continuarán creciendo, las poblaciones, en su mayoría,
vivirán en ciudades de 500.000 habitantes o menos.