Diario de Avisos, 5-01-2006-01-06

elcampo

AGROCABILDO SANTA CRUZ

La poda y el injerto en los castaños de Tenerife

Crece el interés entre los agricultores por recuperar los cultivos del castaño y mejorar la oferta. El Cabildo de Tenerife ha editado una guía para recuperar los cultivos.

El castaño en Canarias tiene un origen incierto, algunos autores afirman que fue introducido desde Europa, mientras que otros apuntan a que podría haber llegado del continente americano después de la Conquista. Se trata de la especie Cas tanea sativa Mil y constituyó un valioso sustento económico para la población del campo canario.

Fue un cultivo con numerosos aprovechamientos: la fabricación de barricas, muebles y cestos, materiales para la construcción y formando parte esencial de la dieta diaria en los años de hambre de mediados del siglo pasado.

En la actualidad hay viejos ejemplares supervivientes, de aspecto regio e imponente. Los que se destinan a la producción de madera tienen el tronco recto y están provistos de una pequeña copa. Los que se dedican a la producción de fruto tienen el tronco algo más corto y copa más amplia. Su habitat se circunscribe a zonas en franco abandono, recogiéndose por ello una mínima parte de su producción. Por ese motivo se ha convertido en un cultivo sin importancia, aunque en el paisaje constituye un elemento imprescindible de gran belleza.

Considerado de clima templado frío y exigente en humedad, lo podemos ubicar especialmente en la vertiente norte, comprendida por el Valle de La Orotava, además de los municipios de La Matanza, La Victoria y Santa Úrsula dentro de la comarca de Acentejo, y también en los municipios situados en el Valle de Güímar en la vertiente Sur.

Se trata de una planta cultiva de crecimiento rápido. En los árboles viejos se puede encontrar el tronco ahuecado producido en muchas ocasiones por la actividad de hongos parásitos; otras veces es causado por la utilización de prácticas incorrectas a la hora de podarlos.

Posee un sistema radicular desarrollado y extendido, pero superficial, características que hay que tener en cuenta a la hora de realizar podas serias o simplemente al efectuar labores del suelo.

En las nuevas plantaciones hay que tener en cuenta la competencia por el aire y la luz que se produce entre castaños cercanos. Por eso el marco de plantación debe ser mayor para evitar esa competencia y favorecer las labores culturales, sobre todo de la poda que además influye en la forma que va a tener la planta.

De igual forma que las raíces, las ramas poseen un crecimiento de dominancia apical, en donde la yema terminal produce el alargamiento de las ramas durante el período vegetativo, al final del cual se forma una cicatriz característica que marca el final del crecimiento.

Las hojas tienen un peciolo corto, pero son grandes, alternas y caducas. Su forma es lanceolada con los bordes en forma de sierra. El haz es de color verde intenso y el envés verde grisáceo, de distintas tonalidades según la variedad a la que pertenezcan.

Es una planta monoica, que florece entre los meses de mayo a julio. Las flores masculinas se ubican en las zonas terminales de las ramas con una forma de largos amentos amarillos, mientras que las femeninas aparecen agrupadas en la base de las inflorescencias masculinas. Durante el proceso de crecimiento se forman los erizos, de estructura característica, a partir de la envuelta externa de las flores femeninas.

Cuando maduran durante los meses de septiembre a noviembre, la superficie de los erizos se agrieta para liberar las castañas formadas en su interior. Según la variedad el fruto posee una coloración con tonalidades diferentes pero normalmente es pardo rojiza y brillante.

Todos estos aspectos fisiológicos, botánicos, históricos, etc, permiten concluir que estamos ante un valioso elemento patrimonial de nuestros montes.

Habitualmente los castaños desarrollan una estructura característica en condiciones de crecimiento libre, pero en los cultivados hay que planificar las labores necesarias para darle la forma más conveniente y manejable.

La poda.-

La poda tiene por objetivo obtener un árbol de porte manejable que favorezca las condiciones de iluminación y aireación que mejore la producción de frutos o madera sin poner en peligro el estado de equilibrio del árbol.

Cuando planteamos una actuación como esta, debemos tener claro el objetivo que se pretende conseguir a partir de la estructura que presenta el ejemplar.

Podemos practicar varios tipos de poda:

Deformación: Es aquella realizada por lo general en vivero sobre árboles jóvenes, con la finalidad de ir dando forma a la copa y delimitando la altura

De conducción: Para darle una forma determinada que favorezca las labores culturales que hay que aplicarle posteriormente; sirve también para reconducir plantas que están deformadas a causa de una intervención mal realizada

De limpieza: Una buena poda sanitaria permite la eliminación de ramas afectadas por parásitos, deterioradas o simplemente muertas. Este tipo de acciones deben formar parte de los trabajos de mantenimiento que todo ejemplar debe recibir, si se desea mejorar su estado. En algunos casos se recurre a este tipo de poda con el fin de eliminar chupones, retoños de raíz o ramas muy próximas al tronco o simplemente con una mala orientación.